Ruido Vudú 007: Un día con A Love Electric

¿Cómo es la vida de A Love Electric, un grupo con intensas giras durante el año? Ruido Vudú se subió a la camioneta con la banda para conocerla más de cerca.

Conducción: Oscar Adad
Diseño de audio: Daniel Sánchez

Ruido Vudú 004: El sonido binaural de Chocolate Smoke Gang

La convicción por hacer buena música del contrabajista y compositor Carlos Maldonado dio lugar a Chocolate Smoke Gang, uno de los ensambles más propositivos de la escena independiente, y a su posterior grabación con tecnología binaural.

Conducción: Oscar Adad
Diseño de audio: Amed Cossío

Sun Ra Arkestra, llamando al planeta tierra.*

Sun Ra
Sun Ra

Por Oscar Adad @oadad

“I always say it’s not my Arkestra, it belongs to some other force which wants certain things, to reach people”. Sun Ra

La verdad es que ya había perdido la esperanza, si es que alguna vez la tuve, de ver en vivo a la Sun Ra Arkestra. La leyenda de Herman “Sonny” Blount (1914 -1993), ese hombre que en la época de la postguerra decidió, o más bien recordó, que venía unas veces de Saturno, y otras tantas de la estrella Sirio, parecía ser sólo un buen recuerdo en las charlas de quienes pudieron vivir semejantes experiencias en México en décadas anteriores. La Sun Ra Arkestra ha tenido una fuerte relación con nuestro país, pero existen datos borrosos de lugares y fechas de presentaciones: algunos dicen que se presentaron en el Palacio de Bellas Artes, otros que en el Teatro Hidalgo, otros más que en Ciudad Universitaria, y es común la historia de sus apariciones en el programa Siempre en Domingo, cosa que en palabras de Elson Nascimento, percusionista de la Arkestra, ocurrió no en una, sino en tres ocasiones.

La Sun Ra Arkestra es definitivamente uno de esos casos sui generis en la historia de la música. Una gran orquesta surgida a fines de los años cincuenta con la convicción de venir del espacio, ataviada con luminosos trajes y una estética que oscila entre la cultura egipcia y la africana. Todo ello retratado dentro de una cinta de ciencia ficción espacial contada con bailarines. La Arkestra toca desde temas de blues y danzas africanas, hasta las improvisaciones más abstractas y transforma -junto con el público- la experiencia de un concierto en un “Ritual Espacial”, como ellos mismos lo llaman.

Sun Ra, músico persistente y disciplinado, es fundamental en la historia. A él se le adjudica el comprender, primero que nadie, el balance entre la composición y las improvisaciones de vanguardia en el contexto de una pequeña orquesta, además de ser un pionero en la utilización de los sintetizadores mucho antes del nacimiento del jazz rock, como lo apunta el crítico Neil Tesser. Asimismo, el poeta y activista Amiri Baraka considera que la música de Sun Ra es “la expresión más precisa de la antiquísima existencia negra en nuestros días”.

Por otra parte, en el documental realizado por la BBC de Londres: Brother from another planet,  se resalta la importancia del concepto que tenía el pianista para poder conformar su ensamble. “Era muy complicado mantener una gran orquesta: Duke Ellington lo logró mediante el pago de regalías de sus grandes éxitos, Dizzy Gillespie gracias a los apoyos estatales, Benny Goodman era un hombre rico y podía pagar de su bolsillo a los músicos. Sun Ra no tenía nada de eso…pero tenía una idea”, apunta el historiador John Schaap. Y es a partir de esa idea cósmica  que conjunta a una gran cantidad de músicos ya legendarios como los saxofonistas Marshall Allen (actual director), y a los ya fallecidos John Gilmore y Pat Patrick, entre muchísimos otros.

Pero la idea de la Arkestra iba más allá del escenario, la Sun Ra Arkestra era una forma de vida. Vaya, un planeta aparte. No en vano, en la década de los sesenta, vivían todos juntos bajo el mismo techo en Nueva York, punto esencial para que se formase el peculiar estilo del combo y terreno fértil para poder trabajar día y noche en los conceptos espaciales del pianista. Amiri Baraka y Elson Nascimento concuerdan en ello. “Para él lo más importante era la música, no el dinero que iban a pagar en los conciertos”. Para rematar, el propio Ra declararía: “De las cosas que más me interesan de un músico son su disciplina y precisión”. No se puede ser más contundente.

Sin embargo, detrás de ese férreo carácter, Sun Ra estaba muy interesado en viajar y llevar su música a la gente, así como buscar hacer nuevas amistades en cada lugar que visitaba. “Le encantaba hacer amigos en cualquier lugar – señala Nascimento-. En los cinco años que estuve con él viajamos a todos lados, por tren, por tierra, por aire. Fuimos todos a California en tren, nos tomó tres días; o de Nueva York a Birmingham en una Van. También estuvimos en Moscú, él nunca había estado ahí”.

Elson Nascimento, está sentado en su cuarto de hotel y continúa evocando recuerdos e historias de los años que convivió con Sun Ra. Me cuenta sobre la muerte de John Gilmore en la casa donde todos vivían, me cuenta también que el propio Gilmore fue baby sitter de Tyler Mitchell, contrabajista de la Arkestra y quien también vivió en México en años recientes; también me dice sobre la fuerte conexión que existía con Sun Ra y que no había necesidad de hablar mucho para poder entenderse.

– ¿Cuál ha sido tu mayor enseñanza con la Sun Ra Arkestra? – Le pregunto.

Me mira y no lo duda.

– Hacerlo todo juntos, siempre.

*Artículo publicado originalmente en Afterpop.tv

La libertad creativa, cuestionada. Dialect Fluorescent, nuevo disco de Steve Lehman*

Steve Lehman
Steve Lehman

Ante Demian as a Posthuman (2005), Dialect Flurorescent, la incursión más reciente de Steve Lehman en el jazz, palidece. Y, sin embargo, es una estimulante reflexión sobre la naturaleza de la improvisación.

Por Oscar Adad

Steve Lehman, uno de los músicos más sólidos y propositivos de la escena actual, se inscribe en una generación de jazzistas provenientes de la academia. Coleccionista de grados universitarios, al autor le interesan las posibilidades de la composición contemporánea, por lo que utiliza lo mismo instrumentos reales que recursos digitales. Así, cuando explora un territorio tan complejo como el jazz lo hace a través del homenaje: lo comprende como una entidad que cambia permanentemente y no tiene una forma establecida. En Dialect Fluorescent (Pi Recordings), su entrega más reciente, el saxofonista se hace acompañar de Matt Brewer en el contrabajo y Damion Reid en la batería. Juntos forman un ensamble que, sin embargo, está lejos de alcanzar la calidad de aquel maravilloso trabajo con ambientes electrónicos y hip hop oscuro que Lehman logró junto a Vijay Iyer (piano), Jahi Lake (tornamesas), Eric McPherson (batería), Tyshawn Sorey (batería) y Meshell Ndegocello (bajo eléctrico) en Demian as a Posthuman (2005).

Aunque Demian as a Posthuman es el disco que aseguró a Lehman un lugar en la historia del jazz, Dialect Fluorescent desarrolla un plano acústico formidable. Mucho se ha hablado de la sobretecnificación que ha sufrido el género desde finales del siglo pasado; también de la proliferación de escuelas y la obsesión por los grados académicos. Quizá los puristas puedan reprocharle eso a Lehman, pero su caso es diferente: trabaja con conceptos propios de composición, improvisación e investigación. Su última producción ofrece un sonido imperfecto, es decir, el proceso musical que la estimula es el resultado de una búsqueda incesante que intenta liberarse de su bagaje formal. El músico nacido en Nueva York en 1978 no reproduce el estilo de sus entregas anteriores sino que intenta construir nuevos lenguajes.

El jazz es convulso por naturaleza y Dialect Fluorescent lo refleja a través de un cuestionamiento: ¿se necesita ser libre para improvisar o se logra la libertad a partir de la improvisación? El disco exhibe otro conflicto, donde el autor juega con elementos sonoros opuestos. Lehman muestra sus dotes técnicos y académicos, pero los utiliza para entablar un diálogo sobre la libertad creativa. Una tarea nada sencilla, pero sumamente estimulante para el escucha.

*Reseña publicada en el No. 88 de la revista La Tempestad. Febrero 2013

“Suena como tú mismo. Después de todo, nadie más puede hacerlo”: Ben Allison.*

Por Oscar Adad y Ariadna Reyes

Ben Allison / Foto: Ricardo Vargas
Ben Allison / Foto: Ricardo Vargas

Con cuarenta y seis años de edad, el contrabajista Ben Allison es ya una referencia obligada dentro del jazz contemporáneo. Su sonido apunta hacia ese tipo de jazz que no conoce restricciones sonoras ni fronteras estilísticas: lo mismo trabaja con ensambles cercanos a la música de cámara, que sobre temas de compositores como PJ Harvey o Neil Young. Creativo y aventurado, Allison es también un artista políticamente muy activo; se le conoce por defender y pugnar, entre otras cosas, a favor de la propiedad intelectual de sus colegas, así como por ser un propulsor en su desarrollo musical. “Como los científicos, los músicos estamos siempre interesados en encontrar y explorar el límite entre lo que conocemos y no”, señala el contrabajista quien se presenta este jueves 14 en el ciclo Alterna Jazz en el Centro Cultural Roberto Cantoral.

Más de diez grabaciones como líder y una decena más como colaborador de diversos artistas, además de su laureada carrera por parte del público y la crítica, es el saldo que ha dejado Allison a lo largo de su tránsito por las grandes ligas del jazz. Pero los premios y reconocimientos son tan sólo una parte de su valioso legado como artista, que si bien pueden ser lo más llamativo, no es lo único relevante en su carrera como compositor.

En 1992, en la ciudad de Nueva York, da origen a The Jazz Composers Collective, asociación civil dirigida por músicos dedicada a promover la música creativa de sus integrantes. “JCC se enfocaba en apoyar y presentar nueva música y construir audiencias para el jazz. Nuestro ciclo de conciertos se realizó por trece años e incluyó obras de más de 50 compositores, la participación de más de 250 músicos y el estreno de más de 300 composiciones inéditas”.

– La idea de trabajar en colectivo es una característica que sobresale bastante en tu trabajo.

A lo largo de mi carrera siempre he buscado maneras de colaborar, musical y profesionalmente hablando. Trabajar con mis colegas en JCC realmente me ayudó a encontrar mi voz musical y muchos de los músicos que estuvieron involucrados llegaron al mismo punto. Hemos tratado de que la gente voltee hacia músicos creativos de la escena neoyorkina y eso inspire a los propios músicos a crear obra nueva con el apoyo de becas y un ambiente propicio para que tomen riesgos y concreten nuevos proyectos.

– ¿De qué forma el trabajar en colectivo estimula la imaginación y la creatividad musical?

Trabajar con otros músicos que están abiertos a tus ideas es realmente importante. En mi opinión, la mejor música viene de tomar riesgos y experimentar. Sólo así un músico puede desarrollar su estilo personal. El colectivo nos dotó de una gran plataforma para probar cosas. Todos nos beneficiamos de ese entorno.

– ¿Definirías a The Ben Allison Band como colectivo? Hemos visto que en ocasiones la alineación para algunos conciertos, varía.

En cierto modo. De hecho, mi parte favorita de escribir una nueva pieza es cuando la toco en una gira y veo lo que los músicos le aportan. Sus ideas son, a menudo, mucho mejores de lo que tenía originalmente en la cabeza. Pero también trato de hacer música que sea cercana a mí y transmita mi propia estética. Además, en el proceso de escribir una nueva pieza, trato de guiar el sonido de la banda mientras le damos forma. Respecto al cambio de los miembros es producto de que me gusta probar nuevos sonidos e ideas. Tan sólo un músico diferente en la banda hace que el sonido cambie por completo.

– Declaraste a Jazztimes que no te sentías identificado con los Young Lions y la escena Downtown, los dos movimientos más grandes en el jazz desde la década de los ochenta, y por esa razón empezaste el JCC. ¿Ha sido más difícil obtener la atención de los medios y la audiencia?

Mientras tocaba en muchas escenas nunca quise jurar lealtad a una u otra. Me gustan demasiados tipos de música como para estar conectado sólo con un grupo de músicos. Sin embargo, estábamos preocupados en que la atención del público pudiera enfocarse en la historia de la música y no en su estado actual. En ese tiempo entidades como Jazz at Lincoln Center y los aclamados filmes Ken Burn’s Jazz, estaban enfocados casi exclusivamente en la historia de la música. Nos resistimos a la idea de que el jazz es la “America’s Classical Music”; eso suena como a un repertorio de formas artísticas y no a la forma de arte viva y en constante evolución que nosotros sabíamos que era. JCC se originó como una manera de dirigir la luz hacia la música nueva en términos de jazz. Nuestra definición de jazz era tan amplia como la propia música, y continúa expandiéndose cuando los músicos de hoy definen la música día a día sólo por hacer lo que hacen.

Finalmente, Ben ¿El JCC tiene algún manifiesto para crear música?

Si hubiera un principio que podríamos haber declarado como parte de nuestra misión, habría sido: “Suena como tú mismo. Después de todo, nadie más puede hacerlo”.

*Entrevista publicada en el número 86 de La Semana de FRENTE

Vehicle of Ascension, la geometría del alma. Entrevista con Pete Drungle.

Por Oscar Adad

Música que va más allá de los estilos y los sonidos. Vaya, no es algo tan común en estos días. Sobre todo si tomamos en cuenta que los géneros estandarizados son los que predominan al encender la radio. Incluso a algunos les podría parecer algo fuera del lugar. Una locura, pues. Si la vida puede ser tan fácil con la música genérica ¿por qué ocuparse en buscar música creativa? Bueno, el ensamble audiovisual Vehicle of Ascension conformado por el reconocido pianista Peter Drungle (Ornette Coleman, Yoko Ono); el saxofonista Jay Rodríguez (Groove Collective); el batería Victor Jones (Stan Getz); y el diseñador sonoro Maxim Bogdanov (Moby, Philip Glass), le plantea ese cuestionamiento al público a través de imágenes intervenidas en tiempo real que dialogan con sonidos que en ocasiones surgen de la música clásica, transitan por la electrónica experimental y se reflejan en la tradición americana del blues.

Peter Drungle / Foto: Sitio Oficial
Peter Drungle / Foto: Sitio Oficial

Así es, en la quinta sesión del ciclo Alterna Jazz, música sin categorías, llevado a cabo mes a mes en el Centro Cultural Roberto Cantoral, y programado por la promotora Sara Valenzuela, se presenta el próximo 13 de diciembre este atractivo ensamble interdisciplinario que en palabras de su pianista y fundador, Pete Drungle: “busca mostrar que un lenguaje sonoro puede basarse en algo más que en un estilo de música preexistente o un cliché. Por ello, nuestra música puede dirigirse a lugares donde el jazz suele dirigirse y hacer lo que el jazz suele hacer, pero sin ser formalmente jazz”.

El proyecto ha tenido diversas mutaciones desde que vio la luz a principios de año hasta llegar a la formación con la que actualmente se presenta, la cual salta a la vista por su carácter multicultural: por un lado, el saxofonista Jay Rodríguez es originario de Barranquilla, Colombia, pero criado en NY; el batería Víctor Jones,  músico afroaomericano que se inscribe dentro de la tradición del blues y el jazz; y finalmente el pianista Peter Drungle, proveniente de la música clásica. “Vehicle of Ascension es una fraternidad entre el sonido, la música y el espíritu -señala Drungle-. Encontramos una gran fuerza al explorar diversos aspectos creativos de nosotros mismos y usamos la música para ello”.

Peter Drungle / Foto: Sitio Oficial
Peter Drungle / Foto: Sitio Oficial

Aunque cada uno de los integrantes de Vehicle of Ascension está empapado de música clásica, electrónica, músicas del mundo y la tradición del jazz, el sonido del ensamble sobrepasa cualquier formalismo y categorización. Pete Drungle lo tiene muy claro: “Nuestro concepto es crear nueva música, interesante y libre de clichés. Y al mismo tiempo, tratar temas que encarnen sentimientos universales. O si lo quieres ver de una forma más poética, nuestro objetivo es trasladar la geometría del alma a mandalas de sonido”.

Asimismo, el pianista tiene una visión muy crítica de los estilos y las etiquetas. Y no es casualidad. Pete lo mismo trabaja de manera interdisciplinaria con pintores, coreógrafos y científicos, que en el campo de la música, como con el legendario compositor Ornette Coleman; montando conciertos de Brahms, o bien, yéndose al extremo al presentar piezas de música improvisada a piano solo de 24 horas de duración. “Como compositores e improvisadores crecimos cansados de imitar una imitación que, a su vez, ha sido imitada demasiadas veces en la historia. Algunos de nosotros estamos en la búsqueda por llevar a las audiencias fuera de las limitantes del que llamaría ‘Jazz Caricatura’”.

Sí, Pete y su Vehicle of Ascension parecen no tener límites. El ensamble se complementa con visuales que son intervenidos en tiempo real y que narran la convulsa situación del mundo en el que vivimos. “Mucha de la inspiración musical ha surgido de las matemáticas, la numerología, la biología, la física y todo lo que sucede en la naturaleza. Ahí tienes a los compositores espectralistas o a Béla Bártok y su trabajo con el Golden Ratio. Por ello nuestro interés en la interdisciplina. El punto es que un lenguaje musical puede estar basado en algo más que en un estilo preestablecido o un cliché”, finaliza.

Vehicle of Ascension se presente el jueves 13 de diciembre en el Ciclo Alterna Jazz, música sin categorías, en el Centro Cultural Roberto Cantoral. Boletos en taquillas.

Richard Bona, sin miedo a las diferencias*

Por Oscar Adad

31 de julio. Lunario del Auditorio Nacional. 18:00 horas

La prueba de sonido no marcha bien. Problemas en el equipo técnico de Richard Bona hacen que el camerunés se moleste cada vez más. Indicaciones al ingeniero de audio y cambio de equipo en repetidas ocasiones sin éxito alguno, ponen en jaque el segundo concierto de la banda en tarima mexicana dentro del ciclo NY@MX.

Finalmente, y con la terquedad de la falla técnica, Bona da por terminada la prueba y con voz incómoda se dirige a sus músicos: “ya me las arreglaré en el concierto”.

Parece ser el peor momento para concretar la entrevista pactada para esa tarde, y el jefe de prensa corrobora la sospecha. Así las cosas, tengo que esperar al final del concierto para charlar con el bajista.

Foto: Akwa Betote

22:15 horas

El Lunario luce abarrotado. Mi asiento se encuentra en el último rincón de la parte trasera del recinto, casi junto a la salida de emergencia, lo cual, en vez de molestarme, me tranquiliza. No así a una conductora de televisión quien, al percatarse que su asiento se localiza en la misma zona, decide infructuosamente buscar acomodo en otro sitio olvidándose de que los demás lugares han sido pagados de antemano. Tiene que volver. Las luces se apagan y automáticamente la mecha que hará detonar la música se enciende.

El Richard Bona Group sube al escenario; sus integrantes toman los instrumentos y la música se abre brecha hacia los oídos de los presentes para cumplir una vez más su cometido. Desde las primeras notas se percibe un cambio de actitud radical por parte de los músicos con respecto a la prueba de sonido que tuvo lugar horas antes. Pareciera que los problemas técnicos dentro del escenario se diluyen ante la contundencia de la música de la banda y, con la entrega del público desde el inicio, el Richard Bona Group se sitúa rápidamente en la cresta de la ola.

El camerunés aprovecha al máximo sus dotes como instrumentista y compositor, no en vano es uno de los bajistas más solicitados del mundo. Por si fuera poco, está apoyado por una banda que, más allá de tener un altísimo nivel técnico, permite entrar en juego a un factor fundamental para el desarrollo de la música: la multiculturalidad. El Richard Bona Group es una especie de comunidad mundial donde los integrantes provienen de diferentes partes de la tierra, y en la que crean una paleta de colores sonoros con gran diversidad de matices.

Después de casi dos horas de concierto donde se desplegaron temas de la discografía de Richard Bona, juegos con el público, muestras de la capacidad técnica y creativa de sus músicos, así como un pequeño tributo a Jaco Pastorius y Joe Zawinul al tocar Liberty City y Birdland, respectivamente, se da por finalizado el show. La banda abandona el escenario entre aplausos y gritos del público que empieza a hacer una larga fila para obtener un autógrafo del también bajista del Pat Meteheny Group. Es momento de preparar la grabadora.

Foto: http://www.themusicnetwork.com

01:10 horas

La fila parece no tener fin, y lo que me temía…el jefe de prensa me informa que la entrevista tendrá que llevarse a cabo al día siguiente. Me presenta con el bajista, pactamos la hora y Bona se despide de un servidor con un una petición: “¡llévame unos tacos!”

1 de agosto. 12:00 horas. Lobby del hotel

Bona es, ante todo, puntual. Marco a su habitación y, en tono tranquilo y pausado, me dice que bajará enseguida. Así lo hace. El camerunés es alto, aproximadamente 1.80; sus trenzas acarician levemente sus hombros. Me recibe con una franca sonrisa, un fuerte apretón de manos y me invita a tomar asiento. Lleva una camisa blanca tradicional la cual despierta mi curiosidad. Richard me descubre, y me dice que se hizo de ella en Perú durante la gira. La grabadora ya está encendida así que la charla continúa su flujo natural.

¿Cómo fue que te hiciste músico?

Nací rodeado de músicos: mis tíos, mi madre, mi abuelo, fue fácil estar en ello, así que no me hice músico, nací músico.

Además no necesitaste ir a la escuela de música…

No creo en enseñar música a la gente en las escuelas. Tienes que ser un músico primero. Es como enviar a los niños a las escuelas de fútbol o cosas por el estilo. Si no tienes los fundamentos, las bases, lo cual es un don natural, nunca vas a convertirte en un buen músico.

Eres un caso especial porque además de no ir a la escuela de música, construías tus propios instrumentos cuando eras niño…

Es otra de las cosas naturales cuando eres un ser humano. Por ejemplo: cuando tienes hambre, comes. Y cuando naces en un lugar donde no hay tiendas de música y quieres tocar debes construir tus propios instrumentos. Tienes que ser creativo y hacer las cosas por tí mismo. Fue así que me fabriqué mis propias percusiones, guitarras, flautas, cualquier instrumento, no todos sonaban bien pero…(risas).

Al parecer eras un niño bastante inquieto… Si, (ríe) era un niño muy curioso en general. Además me sentía atraído por música en la que no estaba involucrado, música fuera de mi mundo.

Curiosamente gran cantidad de músicos sólo se interesan en la música en la que están involucrados…

¿Sabes? Mi concepción es no tener miedo a las diferencias ya que aprendo más de ellas. Por ejemplo: con mi abuelo, comíamos la misma comida, hablábamos el mismo idioma, tocábamos la misma música, dormíamos a la misma hora y llegó el punto en que aprendí todo con él. Pero si alguien que vive en Japón me enseña, aprendo más de ello ya que son otras ideas y formas de ver la vida, y la música es una forma  de vida.

Eres un músico que toca con gente de varios estilos ¿hay alguna razón especial para ello?

Porque me da inspiración. No me gusta tocar la misma música por mucho tiempo, ni siquiera mi propia música. Me gusta tocar otras cosas y es lo que me da más inspiración. Odio estar siempre en el mismo lugar. El día que sienta que estoy en el mismo lugar ese día será cuando deje de tocar música.

Sin embargo, no deja de sorprender tu flexibilidad en situaciones musicales específicas…

Aplico la música al contexto; ponme a improvisar con alguien y lo hago, a tocar groove y lo hago también. O en el caso de los cantantes como Bobby McFerrin con quien toqué hace un par de meses. Hicimos un dueto donde no toqué el bajo sino que hice trabajo vocal. Fue algo más cercano a la poesía; no fueron solo canciones ya que no se trata tan sólo de notas, sino de tomarlas y hacerlas sonar en la poesía.

Foto: http://lavitrolademarcelo.blogspot.com

En términos de improvisación y técnica ¿cómo trabajas?

Baso mi improvisación en mayor medida en el tiempo, en el momento, y a partir de ahí ser espontáneo, pero no es sólo algo que toco. He trabajado por muchos años mi técnica y la he desarrollado para poder hacer sonar mi bajo como lo que sea, escuchar un sonido y hacerlo con el instrumento. Toco el bajo no sólo para tocar el bajo, toco el bajo para crear sonido.

En ese sentido, ¿qué tipo de músicos buscas para tus proyectos?

Busco músicos que tengan conocimientos de jazz pero que no sólo toquen jazz, sino también músicas diferentes. Que no toquen jazz de forma sistemática, que sean capaces de saltar de un género a otro, es el tipo de músicos que busco para mis bandas.

Para finalizar ¿cuál es la importancia del contenido espiritual en tu música?

La música es espiritual, no puedes hacer música sin tener en cuenta el lado espiritual. ¿Qué es el espíritu? Es algo que no podemos ver, no lo podemos tocar pero si lo podemos sentir, y eso es lo más hermoso. Y en la música es lo mismo, ¿acaso alguien puede decir de qué color es la música? O ¿qué forma tiene? La música es algo que escuchas y sientes. La misma música que escuchas puede hacer ver a alguien el cielo, a otra persona el mar. Es como el espíritu: conecta a la gente con algo.

*Entrevista publicada en la revista Music:Life en diciembre de 2008

Groove Collective / Festival Barroquísimo Puebla (I)

El cartel concerniente a la música durante ese fin de semana no se veía nada mal. El Festival Barroquísimo Puebla, entre sus numerosas actividades, mostró una curaduría muy cuidada y abrió un espacio para sonoridades poco convencionales de gran nivel: el jazz-latin-funk de Groove Collective; el beat vox de la neozelandesa Mihirangi, y el impresionante throat singing de la inuit Tanya Tagaq.

Foto: Renata Gutiérrez / Festival Barroquísimo

El primer acto presenciado fue Groove Collective, banda multicultural que ya ha visitado la Ciudad de México en par de ocasiones pero que se encontraba por primera vez en Puebla. El funk, el groove, los ritmos afrolatinos y callejeros que conforman su pegajoso estilo arroparon rápidamente a la audiencia que se notaba satisfecha en el zócalo de la ciudad. Ahí, Jay Rodríguez y sus cómplices, se salieron con la suya y ofrecieron un concierto dirigido hacia el soul y algunos covers de Prince y Eddie Harris. Al finalizar el show, cruzo la valla de seguridad y Jay Rodríguez, saxofonista y líder de Groove Collective, suelta algunas palabras sobre diversos temas.

Improvisación

La improvisación tiene que ver con la expresión de la vida. Cuando tienes vida puedes improvisar, sea en música clásica o en formato de jazz.

Nuevos lenguajes

En lo personal estudio mucha música clásica y jazz, pero lo más importante es tocar juntos y tratar de crear nuevos lenguajes.

Su visión del jazz

Aquí en México los mariachis, la música ranchera, son expresiones del espíritu, y de él vienen también el jazz y la improvisación, pero si la música solamente tiene la parte académica no tiene nada que ver con el jazz.

Sobre tocar música de los años setenta

No tiene nada que ver con un retroceso: la música es música ayer y hoy. El punto es la mentalidad y la perspectiva de tocar sin pensar en estilos determinados

Música y nuevas tecnologías

Me encanta porque hay gente que no es músico que hace buena música; es la prueba de que la música se lleva en el espíritu. Hay gente que estudia, obtiene muchos grados y es doctor, pero no hace música.