Voodoo Jazz – 10 años de Ibero 90.9

Voodoo Logo

Diseño: Diego Álvarez

El siete de marzo de 2013 se cumplieron 10 años de Ibero 90.9 y Voodoo Jazz fue invitado a participar en la programación especial de ese día. El programa dio inicio en diciembre de 2002 y finalizó en diciembre de 2009.

Voodoo Jazz es: Oscar Adad, Amed Cossío, Iván Estrada, Carlos Ávila, Daniela Beltrán, Andrea Santoyo, Renata Gutiérrez, Teresa Zerón, Memo Márquez y Alonso Ortíz.

Aquí el playlist: Artista, álbum track y sello.

Charles Mingus – Mingus, Mingus, Mingus, Mingus, Mingus – II BS – Impulse!

Robert Wyatt – Comicopera – Be serious – Domino

Mike Ladd & Vijay Iyer – Still Life With Commentator – Riding on the graphics to cable news – Savoy Jazz

Chocolate Smoke Gang – Chocolate Smoke Gang – Black Panther – Intolerancia (Les dejamos Cometas, porque Black Panther no está disponible en video).


Karen Mantler – Karen Mantler´s Pet Project – My cat Arnold is dead – Watt

Sixto Rodríguez – Comin’ From Reality – Cause – Virgin Classics

La libertad creativa, cuestionada. Dialect Fluorescent, nuevo disco de Steve Lehman*

Steve Lehman

Steve Lehman

Ante Demian as a Posthuman (2005), Dialect Flurorescent, la incursión más reciente de Steve Lehman en el jazz, palidece. Y, sin embargo, es una estimulante reflexión sobre la naturaleza de la improvisación.

Por Oscar Adad

Steve Lehman, uno de los músicos más sólidos y propositivos de la escena actual, se inscribe en una generación de jazzistas provenientes de la academia. Coleccionista de grados universitarios, al autor le interesan las posibilidades de la composición contemporánea, por lo que utiliza lo mismo instrumentos reales que recursos digitales. Así, cuando explora un territorio tan complejo como el jazz lo hace a través del homenaje: lo comprende como una entidad que cambia permanentemente y no tiene una forma establecida. En Dialect Fluorescent (Pi Recordings), su entrega más reciente, el saxofonista se hace acompañar de Matt Brewer en el contrabajo y Damion Reid en la batería. Juntos forman un ensamble que, sin embargo, está lejos de alcanzar la calidad de aquel maravilloso trabajo con ambientes electrónicos y hip hop oscuro que Lehman logró junto a Vijay Iyer (piano), Jahi Lake (tornamesas), Eric McPherson (batería), Tyshawn Sorey (batería) y Meshell Ndegocello (bajo eléctrico) en Demian as a Posthuman (2005).

Aunque Demian as a Posthuman es el disco que aseguró a Lehman un lugar en la historia del jazz, Dialect Fluorescent desarrolla un plano acústico formidable. Mucho se ha hablado de la sobretecnificación que ha sufrido el género desde finales del siglo pasado; también de la proliferación de escuelas y la obsesión por los grados académicos. Quizá los puristas puedan reprocharle eso a Lehman, pero su caso es diferente: trabaja con conceptos propios de composición, improvisación e investigación. Su última producción ofrece un sonido imperfecto, es decir, el proceso musical que la estimula es el resultado de una búsqueda incesante que intenta liberarse de su bagaje formal. El músico nacido en Nueva York en 1978 no reproduce el estilo de sus entregas anteriores sino que intenta construir nuevos lenguajes.

El jazz es convulso por naturaleza y Dialect Fluorescent lo refleja a través de un cuestionamiento: ¿se necesita ser libre para improvisar o se logra la libertad a partir de la improvisación? El disco exhibe otro conflicto, donde el autor juega con elementos sonoros opuestos. Lehman muestra sus dotes técnicos y académicos, pero los utiliza para entablar un diálogo sobre la libertad creativa. Una tarea nada sencilla, pero sumamente estimulante para el escucha.

*Reseña publicada en el No. 88 de la revista La Tempestad. Febrero 2013

“Suena como tú mismo. Después de todo, nadie más puede hacerlo”: Ben Allison.*

Por Oscar Adad y Ariadna Reyes

Ben Allison / Foto: Ricardo Vargas

Ben Allison / Foto: Ricardo Vargas

Con cuarenta y seis años de edad, el contrabajista Ben Allison es ya una referencia obligada dentro del jazz contemporáneo. Su sonido apunta hacia ese tipo de jazz que no conoce restricciones sonoras ni fronteras estilísticas: lo mismo trabaja con ensambles cercanos a la música de cámara, que sobre temas de compositores como PJ Harvey o Neil Young. Creativo y aventurado, Allison es también un artista políticamente muy activo; se le conoce por defender y pugnar, entre otras cosas, a favor de la propiedad intelectual de sus colegas, así como por ser un propulsor en su desarrollo musical. “Como los científicos, los músicos estamos siempre interesados en encontrar y explorar el límite entre lo que conocemos y no”, señala el contrabajista quien se presenta este jueves 14 en el ciclo Alterna Jazz en el Centro Cultural Roberto Cantoral.

Más de diez grabaciones como líder y una decena más como colaborador de diversos artistas, además de su laureada carrera por parte del público y la crítica, es el saldo que ha dejado Allison a lo largo de su tránsito por las grandes ligas del jazz. Pero los premios y reconocimientos son tan sólo una parte de su valioso legado como artista, que si bien pueden ser lo más llamativo, no es lo único relevante en su carrera como compositor.

En 1992, en la ciudad de Nueva York, da origen a The Jazz Composers Collective, asociación civil dirigida por músicos dedicada a promover la música creativa de sus integrantes. “JCC se enfocaba en apoyar y presentar nueva música y construir audiencias para el jazz. Nuestro ciclo de conciertos se realizó por trece años e incluyó obras de más de 50 compositores, la participación de más de 250 músicos y el estreno de más de 300 composiciones inéditas”.

– La idea de trabajar en colectivo es una característica que sobresale bastante en tu trabajo.

A lo largo de mi carrera siempre he buscado maneras de colaborar, musical y profesionalmente hablando. Trabajar con mis colegas en JCC realmente me ayudó a encontrar mi voz musical y muchos de los músicos que estuvieron involucrados llegaron al mismo punto. Hemos tratado de que la gente voltee hacia músicos creativos de la escena neoyorkina y eso inspire a los propios músicos a crear obra nueva con el apoyo de becas y un ambiente propicio para que tomen riesgos y concreten nuevos proyectos.

– ¿De qué forma el trabajar en colectivo estimula la imaginación y la creatividad musical?

Trabajar con otros músicos que están abiertos a tus ideas es realmente importante. En mi opinión, la mejor música viene de tomar riesgos y experimentar. Sólo así un músico puede desarrollar su estilo personal. El colectivo nos dotó de una gran plataforma para probar cosas. Todos nos beneficiamos de ese entorno.

– ¿Definirías a The Ben Allison Band como colectivo? Hemos visto que en ocasiones la alineación para algunos conciertos, varía.

En cierto modo. De hecho, mi parte favorita de escribir una nueva pieza es cuando la toco en una gira y veo lo que los músicos le aportan. Sus ideas son, a menudo, mucho mejores de lo que tenía originalmente en la cabeza. Pero también trato de hacer música que sea cercana a mí y transmita mi propia estética. Además, en el proceso de escribir una nueva pieza, trato de guiar el sonido de la banda mientras le damos forma. Respecto al cambio de los miembros es producto de que me gusta probar nuevos sonidos e ideas. Tan sólo un músico diferente en la banda hace que el sonido cambie por completo.

– Declaraste a Jazztimes que no te sentías identificado con los Young Lions y la escena Downtown, los dos movimientos más grandes en el jazz desde la década de los ochenta, y por esa razón empezaste el JCC. ¿Ha sido más difícil obtener la atención de los medios y la audiencia?

Mientras tocaba en muchas escenas nunca quise jurar lealtad a una u otra. Me gustan demasiados tipos de música como para estar conectado sólo con un grupo de músicos. Sin embargo, estábamos preocupados en que la atención del público pudiera enfocarse en la historia de la música y no en su estado actual. En ese tiempo entidades como Jazz at Lincoln Center y los aclamados filmes Ken Burn’s Jazz, estaban enfocados casi exclusivamente en la historia de la música. Nos resistimos a la idea de que el jazz es la “America’s Classical Music”; eso suena como a un repertorio de formas artísticas y no a la forma de arte viva y en constante evolución que nosotros sabíamos que era. JCC se originó como una manera de dirigir la luz hacia la música nueva en términos de jazz. Nuestra definición de jazz era tan amplia como la propia música, y continúa expandiéndose cuando los músicos de hoy definen la música día a día sólo por hacer lo que hacen.

Finalmente, Ben ¿El JCC tiene algún manifiesto para crear música?

Si hubiera un principio que podríamos haber declarado como parte de nuestra misión, habría sido: “Suena como tú mismo. Después de todo, nadie más puede hacerlo”.

*Entrevista publicada en el número 86 de La Semana de FRENTE

Otaola a través de Fripp, Zappa, Miles y Ribot: sesión de discos con Alex Otaola

Alex Otaola

Alex Otaola

Por Oscar Adad

Una sesión de escucha con Alex Otaola es algo que siempre me había llamado la atención llevar a cabo. Alex es un tipo que siempre tiene buenas historias sobre los discos y la música que lo ha acompañado a lo largo de su carrera. El concierto que dará esta noche junto a Patricio Iglesias y Aarón Cruz en Alterna Jazz, sirve de pretexto para una larga charla sobre discos y músicos.

Cabe decir que lo que menos me interesa es poner a prueba los conocimientos de Alex en cuanto a datos, fechas y nombres. Lo que realmente me interesa es que la música, con la que creo está relacionado, sea el catalizador para conocer más a fondo sus motivaciones musicales y, entre líneas, saber poco más de sus ideas en torno a su trabajo.

Su estudio de grabación es el lugar de la cita y esto es lo que sucedió:

The_Grand_WazooThe Grand Wazoo – Frank Zappa (1973)

Desde que conozco a Alex Otaola siempre lo relaciono con Frank Zappa por el culto que le profesa. En lo personal, llegué a Zappa, no por el rock, sino por el jazz. En el libro El Jazz, del alemán Joachim Berendt, aparece el Grand Wazoo como uno de los discos claves del jazz-rock. De ahí, que al conocer también el acercamiento que tiene Otaola con el jazz, y sobre todo a su sonido en la guitarra, que escogiera el Grand Wazoo para la sesión. Dicen que no existe nadie en el mundo que tenga absolutamente todo de Zappa por la cantidad de bootlegs que circulan en el mercado clandestino, entonces, no nos perdamos, esto no se trata de hacer una feria de datos, ni ver qué tan kilométrica es una colección de discos.

Doy PLAY al disco y Otaola asiente con la cabeza al reconocer a uno de sus héroes musicales.

“Para mí el Grand Wazoo fue mi entrada al jazz-rock. Yo era un clavadazo de Zappa, y gracias a que leí que en este disco y en el Waka/Jawaka había hecho lo que Miles (Davis) en Bitches Brew y esas épocas, fue que busqué esos discos de Miles y que me estalló la cabeza al escuchar todo eso.

“Me empecé a clavar en Zappa, pero tiene tantos discos, que yo tenía una especie de guía de Rolling Stone o algo así, donde venían muchos artistas y las clasificaciones de cada uno de sus álbumes y alguna semblanza. Y el Grand Wazoo era de los mejor calificados; de los mejores que había hecho Zappa en su vida, y evidentemente yo me iba hacia esos. Entonces cuando llegue a este disco esperando oír algo increíble, lo primero que oí fue esta rola, y dije: “no mames. Esto es más como un performance o happening”. El resto del disco sí es una especie de jazz-rock diseñado para big band que me encanta y es de lo que más disfruto de Zappa, pero esta canción tiene el detalle de que fue la primer rola que escuché del Grand Wazoo y que hasta yo dije: “¿En serio? Entonces por qué decían que esto estaba tan cabrón”. Pero ya que oí todo el disco, me di cuenta y lo entendí. Porque esta es la única rola cantada, todo el disco es instrumental”.

In the courtKing Crimson – In the Court of the Crimson King (1969)

El siguiente disco para esta sesión es el primero de King Crimson. Quién ponga atención al sonido y las ideas musicales que busca desarrollar Otaola, no me dejará mentir que se percibe un aura de Robert Fripp en su manera de abordar la música. Además, es el disco más respetable y de los poquísimos que tengo de Crimson y Fripp. En realidad, no me acerqué profundamente a su trabajo, pero es un hecho que Alex, sí.

Desde los primeros segundos sonríe y ya sabe de qué disco estamos hablando.

“Me habían recomendado mucho a King Crimson y a Robert Fripp que porque me iban a encantar. Conseguí al mismo tiempo este disco y el Beat (1982), que es ya la época en que estaba (Adrian) Belew y (Bill) Bruford tocaba batería electrónica. De entrada yo no sentía que fueran discos de la misma banda, eran cosas totalmente distintas y quizá por eso le agarré cierta aversión al Beat, yo decía que estaba espantoso. En cambio, el In the Court…¡estaba increíble!

“Es más, recuerdo que cuando iba a visitar a mi abuela que vivía por Paseos de Taxqueña, allá estaba la Ibero, y en la barda, una de las cosas que tenía dibujada era la portada de este disco. Y cuando vi la portada del álbum, pensé: “!ah, que loco!”, es como lo que está pintado en la barda de la Ibero”, entonces ya la ubicaba, y cuando lo escuché me voló la cabeza.

“Como que es un (Robert) Fripp que se daba chance de ser melódico, folkie, como beatlero, por así decirlo, y como que todavía no acababa de definir exactamente qué era lo que hacía en la guitarra. Entonces ese disco tiene una cosa muy especial, muy de su época que yo siento que lo separa de otros grupos de progre, porque las bandas de progre buscaban o hacer música virtuosa, o música conectada con el clásico, o mostrar que era gente que había estudiado en un conservatorio y por lo tanto habían estudiado composiciones de los grandes, y este disco no. Este disco amalgamaba muy bien el pop de la época, la composición, cierta accesibilidad del folk…como que fue un King Crimson que sólo existió en ese disco y ya nunca regresó. Además me da la impresión de que en ese disco la banda funcionaba como un equipo y ya después se volvieron el vehículo para los conceptos de Fripp”.

A+Tribute+to+Jack+Johnson+jack+johnsonMiles Davis – Tribute to Jack Johnson (1970)

Definitivamente uno de los discos más potentes y de mis favoritos de Miles Davis. De hecho, Otaola es uno de sus grandes seguidores; tan es así, que su guitarra tiene una pegatina del legendario trompetista. Sin embargo, hay algo que hace más profunda la relación Miles, Otaola y yo, y que me hizo escoger este disco para la sesión: hace unos meses se me ocurrió realizar un homenaje a la música eléctrica de Miles Davis, y el guitarrista elegido para tomar el puesto en aquella banda fue, precisamente, Alejandro Otaola.

PLAY

“¡No bueno! Es John McLaughlin haciéndose estrella en un disco de Miles: el Jack Johnson. De los discos que había hecho Miles hasta la época que bautizaron como “jazz-rock”, como que había más jazz que rock; y en este disco había más rock. En este disco es casi cincuenta cincuenta la ecuación entre los dos elementos.

“Es curioso porque en esas épocas creo que Miles decía que no podía tener a Jimi Hendrix en su banda, pero que lo más cercano que existía en el mundo a Hendrix, era John Mclaughlin. Y además McLaughlin armónicamente manejaba más cosas que Hendrix. Miles siempre quiso que McLauhlin tocara en su banda pero él tenía sus propios proyectos. Entonces hubo varios discos en los que lo jaló para que grabara en el estudio y nunca lo tuvo en vivo. En el Live Evil estuvo porque cayó a palomear. Pero es chida esta sensación de que Miles en esa época necesitaba la inyección de rock que le podía proveer McLaughlin para lograr lo que estaba buscando. En este disco, por ejemplo, se tarda tres minutos en entrar Miles y esos tres minutos son así de: aquí está John McLaughlin”.

Party IntellectualsMarc Ribot´s Ceramic Dog – Party Intellectuals(2008)

Sólo he visto una vez a Ribot en directo. Fue en un pequeño lugar en el Centro de la ciudad. Había sobrecupo y faltaba el oxígeno. Ribot hacía un set fantasmal a guitarra sola; y de pronto: ¡TRAS!, un tipo en el suelo con el cráneo agrietado mientras Ribot no paraba de atacar su guitarra. Ese fue el saldo.

Podría parecer una obviedad llevar un disco de Marc Ribot a sabiendas de que Otaola compartiría escenario con el neoyorkino. Hay algo de eso. Sin embargo, unas semanas antes, ambos habían charlado vía telefónica por cerca de una hora: he ahí el elemento que modificaba las situación.

“Conocí a Ribot por los Lounge Lizards porque en las épocas de Santa Sabina, Patricio Iglesias, era muy fan de la banda y le gustaba mucho John Lurie. Entonces cuando escuché a los Lounge Lizards y Shrek fue así de ¡ahuevo!, una vez más la sensación de un músico de punk atrapado en un ensamble de jazz, o al revés, un músico de jazz pero que está tocando a través de la actitud de un punk, que obviamente me encanta.

“Y fue lo chido de platicar con él, constatar que mucha de su actitud ante la vida y ante la música es la de un punk y hay muchas cosas que le valen madres. No sé si ya viste el final de la entrevista donde dice: “¡si quieren legalizar las drogas en México, llámenme, yo toco!”. Y es chingón ver a alguien que a punto de cumplir sesenta años sigue teniendo esa actitud y sigue haciendo música de muchos estilos y buscando aprender de muchas personas.

“Ribot tiene la onda de…y creo que él mismo lo describe…los músicos de NY tienen algo en particular…como que ahí confluyen muchísimas etnias…y como él lo decía: hay música que está basada en la identidad. Y tiene la ventaja de que es un lugar tan cosmopolita que puedes entrar en contacto con personas, sonoridades y músicas de muchos lados. Entonces eso permite que la música que se hace allá sea la que conjunte una mayor cantidad de propuestas estilísticas al mismo tiempo, a diferencia de los improvisadores ingleses como Fred Frith y Derek Bailey que se nota que son europeos. Pero, claramente en NY, aunque no quieras, en tu banda hay un baterista que es italiano, un bajista judío, y un trompetista que es oriental; entonces eso significa que la música que hagan juntos se vuelva música cosmopolita en el sentido de que hay muchos lenguajes que están confluyendo en esa propuesta. Entonces en NY existe ese plus de poder conectarte con muchos otros elementos geográficos desde ese lugar. Y sí siento que muchas propuestas sumamente interesantes provienen de ahí por eso”.

Vehicle of Ascension, la geometría del alma. Entrevista con Pete Drungle.

Por Oscar Adad

Música que va más allá de los estilos y los sonidos. Vaya, no es algo tan común en estos días. Sobre todo si tomamos en cuenta que los géneros estandarizados son los que predominan al encender la radio. Incluso a algunos les podría parecer algo fuera del lugar. Una locura, pues. Si la vida puede ser tan fácil con la música genérica ¿por qué ocuparse en buscar música creativa? Bueno, el ensamble audiovisual Vehicle of Ascension conformado por el reconocido pianista Peter Drungle (Ornette Coleman, Yoko Ono); el saxofonista Jay Rodríguez (Groove Collective); el batería Victor Jones (Stan Getz); y el diseñador sonoro Maxim Bogdanov (Moby, Philip Glass), le plantea ese cuestionamiento al público a través de imágenes intervenidas en tiempo real que dialogan con sonidos que en ocasiones surgen de la música clásica, transitan por la electrónica experimental y se reflejan en la tradición americana del blues.

Peter Drungle / Foto: Sitio Oficial

Peter Drungle / Foto: Sitio Oficial

Así es, en la quinta sesión del ciclo Alterna Jazz, música sin categorías, llevado a cabo mes a mes en el Centro Cultural Roberto Cantoral, y programado por la promotora Sara Valenzuela, se presenta el próximo 13 de diciembre este atractivo ensamble interdisciplinario que en palabras de su pianista y fundador, Pete Drungle: “busca mostrar que un lenguaje sonoro puede basarse en algo más que en un estilo de música preexistente o un cliché. Por ello, nuestra música puede dirigirse a lugares donde el jazz suele dirigirse y hacer lo que el jazz suele hacer, pero sin ser formalmente jazz”.

El proyecto ha tenido diversas mutaciones desde que vio la luz a principios de año hasta llegar a la formación con la que actualmente se presenta, la cual salta a la vista por su carácter multicultural: por un lado, el saxofonista Jay Rodríguez es originario de Barranquilla, Colombia, pero criado en NY; el batería Víctor Jones,  músico afroaomericano que se inscribe dentro de la tradición del blues y el jazz; y finalmente el pianista Peter Drungle, proveniente de la música clásica. “Vehicle of Ascension es una fraternidad entre el sonido, la música y el espíritu -señala Drungle-. Encontramos una gran fuerza al explorar diversos aspectos creativos de nosotros mismos y usamos la música para ello”.

Peter Drungle / Foto: Sitio Oficial

Peter Drungle / Foto: Sitio Oficial

Aunque cada uno de los integrantes de Vehicle of Ascension está empapado de música clásica, electrónica, músicas del mundo y la tradición del jazz, el sonido del ensamble sobrepasa cualquier formalismo y categorización. Pete Drungle lo tiene muy claro: “Nuestro concepto es crear nueva música, interesante y libre de clichés. Y al mismo tiempo, tratar temas que encarnen sentimientos universales. O si lo quieres ver de una forma más poética, nuestro objetivo es trasladar la geometría del alma a mandalas de sonido”.

Asimismo, el pianista tiene una visión muy crítica de los estilos y las etiquetas. Y no es casualidad. Pete lo mismo trabaja de manera interdisciplinaria con pintores, coreógrafos y científicos, que en el campo de la música, como con el legendario compositor Ornette Coleman; montando conciertos de Brahms, o bien, yéndose al extremo al presentar piezas de música improvisada a piano solo de 24 horas de duración. “Como compositores e improvisadores crecimos cansados de imitar una imitación que, a su vez, ha sido imitada demasiadas veces en la historia. Algunos de nosotros estamos en la búsqueda por llevar a las audiencias fuera de las limitantes del que llamaría ‘Jazz Caricatura’”.

Sí, Pete y su Vehicle of Ascension parecen no tener límites. El ensamble se complementa con visuales que son intervenidos en tiempo real y que narran la convulsa situación del mundo en el que vivimos. “Mucha de la inspiración musical ha surgido de las matemáticas, la numerología, la biología, la física y todo lo que sucede en la naturaleza. Ahí tienes a los compositores espectralistas o a Béla Bártok y su trabajo con el Golden Ratio. Por ello nuestro interés en la interdisciplina. El punto es que un lenguaje musical puede estar basado en algo más que en un estilo preestablecido o un cliché”, finaliza.

Vehicle of Ascension se presente el jueves 13 de diciembre en el Ciclo Alterna Jazz, música sin categorías, en el Centro Cultural Roberto Cantoral. Boletos en taquillas.

Alterna Jazz presenta: Vehicle of Ascension || Agustín Bernal Cuarteto.

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El ciclo Alterna Jazz, música sin categorías presenta: Vehicle of Ascension

– Una experiencia donde la música y los visuales intervenidos en tiempo real dialogan con la audiencia y crean una atmósfera única.

– Colores del jazz, la música clásica contemporánea y las improvisaciones más vanguardistas componen el proyecto.

– Jay Rodríguez (Groove Collective); Peter Drungle (Ornette Coleman); y Victor Jones (Stan Getz), conforman Vehicle of Ascension.

– El cuarteto del reconocido contrabajista mexicano Agustín Bernal será el encargado de alternar escenario con Vehicle of Ascension.

Conformado por tres de los músicos más importantes de la escena neoyorkina actual, y provenientes de diferentes culturas musicales y generaciones, Vehicle of Ascension es el proyecto audiovisual donde convergen los talentos y perspectivas estéticas del saxofonista Jay Rodriguez, fundador de la reconocida banda de acid jazz, Groove Collective; el pianista de formación clásica y diseñador sonoro, Peter Drungle (Ornette Coleman, Sean Lennon); y el legendario batería especialista en ritmos afroamericanos, Victor Jones (Stan Getz, Dizzy Gillespie).

Vehicle of Ascension busca ser el reflejo del mundo en que vivimos, por ello el uso de las imágenes. En ellas podrán verse diversos aspectos “tanto buenos como malos de lo que sucede actualmente, además de buscar que sean la música y las imágenes las que vean también al público”, comenta el saxofonista Jay Rodríguez.

El sonido de Vehicle of Ascension está influido por una amplia gama de estilos que van del jazz a  la música clásica y contemporánea, pero su sonido tiene que ver más con tonos y colores que con géneros en particular. “Escucharás música clásica pero también la experiencia americana del blues, todo fusionado. Escucharás cosas que te hagan sentir. Como cuando vas a ver una película y te quedas con una gran impresión”.

El ensamble -que se presenta el próximo 13 de diciembre en el Centro Cultural Roberto Cantoral dentro del ciclo Alterna Jazz–  está compuesto por tres músicos que provienen de distintas culturas musicales. Sin embargo, su perspectiva sonora va más allá de estilos. Victor Jones es un batería con un bagaje muy amplio en el jazz y la música afroamericana, pero “es un artista muy preocupado por el sonido y sus colores. Lo escuchas tocar un solo y nada de lo que hace es aburrido. Sus solos son muy musicales y melódicos. Necesitamos eso porque no tenemos bajista”.

Por su parte, el pianista Peter Drungle está formado en la escuela clásica, pero su capacidad y  distintos intereses lo han llevado a montar, desde conciertos de Brahms, hasta trabajar con compositores como Ornette Coleman, Sean Lennon y Yoko Ono, además de involucrarse en la relación de la música con la ciencia, específicamente con la física.

Asimismo, el saxofonista Jay Rodriguez, conocido por su trabajo con la banda de latin funk Groove Collective, y nominado en dos ocasiones al Grammy, es también un elástico artista que ha trabajado en muy diversos contextos tanto de latin jazz a lado de Paquito de Rivera, como de hip hop, con la legendaria banda The Roots, pasando por el soul de James Brown, por mencionar sólo algunos.

Vehicle of Ascension cuenta además con un cuarto elemento que detrás de la consola de audio y video es parte fundamental de la experiencia audiovisual. Se trata del ingeniero Maxim Bogdanov, quien ha trabajado con artistas como Moby, Lou Reed y Philip Glass. “Max es un ingeniero que entiende muy bien los sonidos electrónicos y al disparar las imágenes hace sonar todo más moderno”, apunta Rodriguez.

En esta ocasión, Vehicle of Ascension comparte escenario con el cuarteto del reconocido bajista mexicano Agustín Bernal quien representa una de las figuras más importantes dentro del jazz mexicano. Se ha presentado en los festivales de jazz más importantes de México asi como en festivales internacionales en Colombia, República Checa, Japón, Canadá, Alemania, España, Francia, Inglaterra y Portugal.

Actualmente dirige el Agustín Bernal Cuarteto con el saxofonista Diego Franco, el guitarrista Tom Kessler y el baterista chileno Gabriel Puentes.

Alterna Jazz es el ciclo de jazz y música sin categorías que desde agosto y con una presentación mensual (hasta julio de 2013) cobija el Centro Cultural Roberto Cantoral. La curaduría, bajo la batuta de la cantante y promotora de la música, Sara Valenzuela, apuesta por las resonancias lúdicas y propositivas. Así, los ensambles programados, conformados por  los más reconocidos músicos de la escena tanto nacional como internacional, se rigen por el género improvisatorio y el diálogo con otros estilos como la música contemporánea, el rock, la música electrónica, la música jamaicana y el hip hop, entre otros.

Vehicle of Ascension y el Agustín Bernal Cuarteto se presentan el 13 de diciembre dentro del ciclo Alterna Jazz en el Centro Cultural Roberto Cantoral. 20:30 hrs.

FAS Trío. Chimeco*.

FAS Trío. Chimeco. Discos Intolerancia. 2011*

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Remi Álvarez / Foto: Marco A. Fierro

Hablar de free jazz  en México es hablar de un terreno inhóspito. Una especie de ciudad perdida en medio de calles sin nombre,  asfalto a medio terminar y sin alumbrado público. Un gueto, para acabar pronto. Ahí es donde un puñado de músicos se ha establecido por decisión propia a sabiendas de que, si no se tienen las suficientes agallas, se puede perecer fácilmente víctima de la indiferencia.

Sin embargo, esta estirpe de músicos es correosa. No se amedrenta.  Desde la periferia enciende la llama de ese tipo de jazz donde prevalecen la improvisación y las diferencias. Esa clase de jazz en la que la libertad es una búsqueda incesante. Y es precisamente ahí, en la marginalidad del free, donde el saxofonista Remi Álvarez ha soplado cerca de veinte años.

Con distintos acercamientos al free jazz y a la música de improvisación, Remi Álvarez es uno de los pocos músicos que, a diferencia de la gran mayoría de los jazzistas en nuestro país, dedican el 100% de su tiempo a la música creativa. De ahí que sus proyectos sean consistentes y cada disco firmado bajo su nombre demande una escucha atenta.

Después de grabar múltiples álbumes con distintas formaciones y músicos como Cráneo de Jade, Mark Dresser, Pere Soto, y compartir escenario con artistas de la importancia de William Parker, Hamid Drake y Joe Morris, en 2011 Remi edita Chimeco, su trabajo con FAS Trío.

Conformado por Jorge Fernández, en batería; David Sánchez, en contrabajo; y Remi Álvarez en saxofones, Chimeco es el disco que cristaliza el trabajo de casi cinco años con este ensamble. Ocho composiciones-improvisaciones conforman el álbum donde la terna explora las posibilidades del free jazz más ligado a la vena norteamericana. Sin embargo, dentro del mismo, y de acuerdo a la naturaleza del estilo, pueden escucharse muy diversas sonoridades.

El disco presenta cortes como “Mirando a Oriente” tema lento e introductorio que recuerda a todos aquellos músicos afroamericanos que buscaban en el Islam respuestas a sus orígenes; “Black Energy”, tributo más que elocuente del ensamble al poderío negro, es una salvaje improvisación donde la terna se enfrasca en un diálogo visceral y aguerrido. Por su parte, “Chimeco”, pieza que da nombre al disco, y cuyas características son las melodías juguetonas por parte de Álvarez, es un homenaje al saxofonista y a quien es considerado (con sus matices históricos, claro está) el iniciador del free jazz: Ornette Coleman.

El trío abre aún más la baraja y pone sobre la mesa otras cartas que llaman la atención del oído. “Macuilxochtl”, una bella balada improvisada donde el fantasma de Ornette reaparece para recordarnos que la belleza es una cosa extraña; “Laudes”, obscuro tema donde batería y contrabajo emprenden una inmersión tímbrica y a la crudeza del sonido acompañados por las fantasmales improvisaciones del saxofón. Finalmente aparece “Supercluster”, corte que sirve de escape a las inquietudes bop del trío y el cual cierra de gran forma el disco.

Definitivamente Chimeco es oxígeno puro. Sus ocho piezas no tienen desperdicio. Un obra que confirma, desde la periferia, lo correoso y creativo del free jazz en nuestro país. Altamente recomendable. Cómo no.

– Oscar Adad

*Texto publicado originalmente en Afterpop.tv