Festival Distritofónico 2014, diez años del colectivo La Distritofónica – Primera parte

Por Oscar Adad / Fotos: Jesús Cornejo

Con mucho cariño para Mange, Luis Daniel y Julián.

Cuando vi el calendario de conciertos me resultó sorprendente y atractivo. Un festival en Bogotá en el que podían convivir desde músicas tradicionales colombianas hasta estilos como el jazz, el rock, la música contemporánea, e incluso la electrónica, en tan sólo cinco días. Vaya, no era tan común ver una noche a John Medeski en un elegante teatro con su música de improvisación y jazz contemporáneo a piano solo, y la siguiente sudar la gota gorda en un atestado foro callejero con el fulminante vallenato de Don Carmelo Torres y Los Toscos. Una idea nada usual entre los festivales de música independiente, al menos aquí en México. Había que estar ahí. Había que atestiguar los diez años del colectivo La Distritofónica.

Bogotá es una ciudad contrastante. Es la capital de un país que divide a sus pobladores en seis niveles de acuerdo a sus ingresos y que deja ver una Colombia con un alto grado de desigualdad social. Hordas de automóviles salvajes, altos decibeles y advertencias continuas de la delincuencia que se regocija impunemente por las calles, mezcladas con la musicalidad del acento bogotano, es parte de la pintura multicolor de la ciudad. Pero Bogotá es también el lugar de las montañas, el cielo azul y las nubes. El lugar perfecto para echar a volar los cometas e imaginar nuevos horizontes. Y es precisamente entre el caos urbano y los cometas en el cielo donde, desde hace diez años, un grupo de jóvenes artistas decidió empezar a componer nueva música para la banda sonora de la ciudad.

Plaza Bolívar / Foto: Jesús Cornejo

Plaza Bolívar / Foto: Jesús Cornejo

La Distritofónica es un pequeño colectivo de músicos bogotanos que desde sus inicios en 2004 apostó por sacudirse los convencionalismos, tanto en la manera de producir su música como en la música misma. En la Distritofónica toda sonoridad es bienvenida y por esa razón pueden mezclarse estilos tradicionales de su país como la champeta y la cumbia con géneros contemporáneos como el rock, el jazz, e incluso la música electrónica. El resultado en estos diez años es la edición de treinta y siete discos por el colectivo que dan cuenta de la efervescencia y creatividad de la música independiente en Colombia. Motivo más que suficiente para estar de fiesta. Así las cosas, y por cuarta ocasión, echaron a andar el Festival Distritofónico. Para este año, el cartel se dividió en cinco días e incluyó a reconocidos artistas internacionales, ensambles del colectivo y de música tradicional, además de talleres y actividades académicas.

Día uno – Eric Friedlander y Nicolás Ospina Trío

El primer concierto fue en el Planetario de la ciudad. Era mi primer día en Bogotá y fui guiado por Luis Daniel Vega, periodista y fundador del sello disquero Festina Lente, excelente trabajo que merece un texto aparte; y por Julián Cotes, fotógrafo. Subimos al Transmilenio mientras me hablaban de algunos barrios emblemáticos para la música bogotana. Una calle especial es la 33, en el barrio de Teusaquillo. Justo de esa calle tomó su nombre la famosa banda de salsa La 33. La razón es muy simple: ahí estaba su lugar de ensayo. Luego paramos en el Centro a Inter Discos, tienda de viniles en su mayoría dedicados a lo tropical con más de 45 mil títulos. Una locura para cualquier coleccionista. Nada mal el camino previo al primer concierto del Distritofónico.

Finalmente llegamos a la apertura del festival en el Planetario de Bogotá. La sala era pequeña y con buena acústica. Lugar muy adecuado para escuchar el trabajo del chelista Eric Friedlander en solitario. Está de más hacer una biografía de Friedlander, quizá sólo baste decir que al escuchar su nombre uno piensa de inmediato en música hecha a la perfección y desafiante al oído. Friedlander es de los músicos más representativos de la escena “Downtown” de Nueva York y su nombre se asocia mucho con el del compositor John Zorn. De hecho, el concierto que presentó el chelista fue la interpretación de Volac, octavo volumen de Book of Angels, precisamente de Zorn. Friedlander es un tipo de personalidad sobria, pero tremendamente expresivo cuando aborda su instrumento. No permitió interrupciones de ningún tipo y pidió a los fotógrafos dejar de disparar sus cámaras a mitad de la sesión por el casi imperceptible ruido de los obturadores. El set de Friedlander se reduce de una manera muy simple: dio un juego perfecto.

Eric Friedlander / Foto: Jesús Cornejo

Eric Friedlander / Foto: Jesús Cornejo

Luego vino el primer descubrimiento local: Nicolás Ospina Trío. Tanto la personalidad como la música que ofreció fue contrastante con lo sucedido previamente con Friedlander. Si el turno del chelista se acercó más a un concierto de música contemporánea, el compositor bogotano llevó a nuestros oídos los colores de la música popular, el jazz y la canción de autor. Ospina hizo una música muy cercana al pop, pero apoyado en instrumentos acústicos, tradicionales y de músicos invitados, lo que dio gran riqueza tímbrica a sus composiciones. Además, su personalidad como carismático contador de historias llenó de mucha calidez la sala del Planetario.

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Nicolás Ospina Trío / Foto: Jesús Cornejo

Día 2 – Trip Trip Trip e Invader Ace

Lo primero que hizo Luis Daniel esta mañana fue hablarme de un tal Pink Tomate. Me cuenta que es  el gato de la novela Opio en las nubes del escritor bogotano Rafael Chaparro Madiedo, quien murió de lupus a los 31 años de edad, y que con esta única novela publicada se convirtió en un escritor de culto en Colombia. Luis Daniel y Mange (coordinadora del festival) viven en el barrio donde se desarrolla la historia, salimos a la calle y Luis me muestra la avenida donde Chaparro Madiedo describe y dibuja el mar en Bogotá. Miro la avenida, imagino el mar entre los autos y el asfalto, y la voz de Pink Tomate, acompasada y traviesa, me susurra al oído:

“Soy Pink Tomate el gato de Amarilla. A veces no sé si soy tomate o gato. En todo caso a veces me parece que soy un gato al que le gustan los tomates o más bien un tomate con cara de gato. O algo así. Me gusta el olor del vodka con las flores. Me gusta ese olor en las mañanas cuando Amarilla llega de una fiesta llena de sudores y humos y me dice hola Pink y yo me digo mierda,  esta Amarilla es cosa seria, nunca duerme, nunca come, nunca descansa, qué vaina, qué cosa tan seria. Claro a veces me desespera cuando llega con las noches entre sus manos, con la desesperación en su boca y entonces se sienta en el sofá, me riega un poco de ceniza en el pelo, qué cosa tan seria, y empieza a cantar alguna canción triste, algo así como I want a trip trip trip como para poder resistir la mañana o para terminar de joderla trip trip trip”.

Ya para la noche estamos en Matik-Matik, sitio emblemático para la nueva música que se hace en Bogotá. El lugar, además de foro, es también un espacio en el que se apoya la producción de discos y se ofrece difusión y promoción a nuevos proyectos. Aquí es el punto de encuentro de la comunidad de música independiente de la ciudad. El lugar es pequeño, como para 100 personas. Una serie de diseños con el rostro de  Mao Tse Tung adorna una de las paredes. La barra, además, tiene un toque especial porque ofrece sus propios rones “arreglados” con frutas y especias.

Matik estaba casi lleno para el segundo día de festival. Esa noche se presentaron Trip, trip, trip (sí, la onomatopeya de Pink Tomate) e Invader Ace.

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Trip trip trip / Foto: Jesús Cornejo

Trip Trip Trip es un ensamble acústico de guitarras que interpreta música contemporánea original y de otros compositores. Lo interesante aquí, además de la gran calidad de la música que ofreció el ensamble, es que el espacio no era propiamente una sala de concierto, sino un foro de corte más subterráneo. La mitad del público sentada en sillas plegables y la otra mitad de pie  junto a la barra escuchaba con atención todas las sutilezas que puede ofrecer un ensamble de estas características. La gente vino a escuchar la música y eso se agradece.

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Invader Ace / Foto: Jesús Cornejo

Después subió al escenario el dueto escandinavo de techno Invader Ace. Ya mi amigo Santiago Botero, bajista de MULA y Los Toscos, me había puesto al tanto de estos tipos. Las sillas ya no estaban y olía a una descarga de baile desenfrenado. Y en efecto. Estos caballeros con guitarra, tuba, botones, pedales análogos y radios viejos, se encargaron de reventar el voltaje de Matik-Matik. En plena era digital Invader Ace opta por hacer todo su trabajo con tecnología análoga, y el resultado es alucinante. Lo de Invader Ace fue el grado de temperatura que faltaba para hacer volar la olla express de los tres conciertos previos del Distritofónico. Ahora sí, el festival había iniciado.

FAS Trío. Chimeco*.

FAS Trío. Chimeco. Discos Intolerancia. 2011*

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Remi Álvarez / Foto: Marco A. Fierro

Hablar de free jazz  en México es hablar de un terreno inhóspito. Una especie de ciudad perdida en medio de calles sin nombre,  asfalto a medio terminar y sin alumbrado público. Un gueto, para acabar pronto. Ahí es donde un puñado de músicos se ha establecido por decisión propia a sabiendas de que, si no se tienen las suficientes agallas, se puede perecer fácilmente víctima de la indiferencia.

Sin embargo, esta estirpe de músicos es correosa. No se amedrenta.  Desde la periferia enciende la llama de ese tipo de jazz donde prevalecen la improvisación y las diferencias. Esa clase de jazz en la que la libertad es una búsqueda incesante. Y es precisamente ahí, en la marginalidad del free, donde el saxofonista Remi Álvarez ha soplado cerca de veinte años.

Con distintos acercamientos al free jazz y a la música de improvisación, Remi Álvarez es uno de los pocos músicos que, a diferencia de la gran mayoría de los jazzistas en nuestro país, dedican el 100% de su tiempo a la música creativa. De ahí que sus proyectos sean consistentes y cada disco firmado bajo su nombre demande una escucha atenta.

Después de grabar múltiples álbumes con distintas formaciones y músicos como Cráneo de Jade, Mark Dresser, Pere Soto, y compartir escenario con artistas de la importancia de William Parker, Hamid Drake y Joe Morris, en 2011 Remi edita Chimeco, su trabajo con FAS Trío.

Conformado por Jorge Fernández, en batería; David Sánchez, en contrabajo; y Remi Álvarez en saxofones, Chimeco es el disco que cristaliza el trabajo de casi cinco años con este ensamble. Ocho composiciones-improvisaciones conforman el álbum donde la terna explora las posibilidades del free jazz más ligado a la vena norteamericana. Sin embargo, dentro del mismo, y de acuerdo a la naturaleza del estilo, pueden escucharse muy diversas sonoridades.

El disco presenta cortes como “Mirando a Oriente” tema lento e introductorio que recuerda a todos aquellos músicos afroamericanos que buscaban en el Islam respuestas a sus orígenes; “Black Energy”, tributo más que elocuente del ensamble al poderío negro, es una salvaje improvisación donde la terna se enfrasca en un diálogo visceral y aguerrido. Por su parte, “Chimeco”, pieza que da nombre al disco, y cuyas características son las melodías juguetonas por parte de Álvarez, es un homenaje al saxofonista y a quien es considerado (con sus matices históricos, claro está) el iniciador del free jazz: Ornette Coleman.

El trío abre aún más la baraja y pone sobre la mesa otras cartas que llaman la atención del oído. “Macuilxochtl”, una bella balada improvisada donde el fantasma de Ornette reaparece para recordarnos que la belleza es una cosa extraña; “Laudes”, obscuro tema donde batería y contrabajo emprenden una inmersión tímbrica y a la crudeza del sonido acompañados por las fantasmales improvisaciones del saxofón. Finalmente aparece “Supercluster”, corte que sirve de escape a las inquietudes bop del trío y el cual cierra de gran forma el disco.

Definitivamente Chimeco es oxígeno puro. Sus ocho piezas no tienen desperdicio. Un obra que confirma, desde la periferia, lo correoso y creativo del free jazz en nuestro país. Altamente recomendable. Cómo no.

– Oscar Adad

*Texto publicado originalmente en Afterpop.tv

Rafael Toral, el retorno de los circuitos vivientes*

Por Oscar Adad

Basta ver al portugués Rafael Toral en acción para darse cuenta de que la música existe en cualquier resquicio posible: desde en un instrumento convencional hasta en lo más polvoso de un, en apariencia inerte,  circuito electrónico.

Rafael Toral / Foto: www.vimeo.com/rtoral

Rafael Toral / Foto: http://www.vimeo.com/rtoral

Oriundo de la ciudad de Lisboa, Rafael Toral es, en primera instancia, un guitarrista que por varios años trabajó con el instrumento apoyado en software. Sin embargo, al llegar a la cima de esta etapa creativa  con el bellísimo Violence of Discover and Calm of Acceptance (Touch, 2001), el portugués temía entrar en una zona de confort si continuaba dentro de ese sendero. Es en este punto cuando decide torcer la tuerca y generar Space Program, trabajo que el propio autor describe como “melódico pero sin notas; rítmico pero sin beat; familiar pero extraño y; meticuloso pero radicalmente libre”.

Space Program ha llevado a Toral a terrenos por demás inestables y de descubrimiento contínuo, tanto para él como para quien se acerca a este trabajo. Space Program es un cuestionamiento al origen académico que dio a luz a la música electrónica experimental. Por ello, Toral se interesa en ser un artista venido de dicha estética pero tratando de situarse en la cultura del jazz, cultura eminentemente popular…BUM.

Rafael Toral / Foto: Nuno Martins

Rafael Toral / Foto: Nuno Martins

Si, es un golpe, porque a partir de esta idea Toral aprovecha y contrapone las posibilidades de ambas tradiciones para generar un nuevo lenguaje. El portugués está convencido de que si la música electrónica hubiera surgido de la cultura popular del jazz y no de las academias y la tradición de la música clásica, los resultados serían totalmente distintos. Es precisamente por esta razón que Space Program es un proyecto por demás atractivo. De hecho, Toral plantea que la música generada por Space Program podría llamársele jazz contemporáneo si se sigue la línea evolutiva y natural del género sin contar la regresión que sufrió en la década de los 80.

Sin embargo, y más allá de situarse en un plano imaginario en la historia de la música, Rafael Toral visualiza Space Program como una contribución a la musicalidad. La música electrónica, en su mayoría,  ha puesto especial importancia a la obra terminada y a las fuentes sonoras que la generan dejando de lado al  individuo/músico como tal. Por ello, el portugués pone el acento precisamente en este tema. Para él es fundamental la intuición, la gestualidad y la fisicalidad de la música en el proceso interpretativo.

Rafael Toral / Foto: Vera Marmelo

Por lo anterior, ha intervenido y creado sus propios instrumentos electrónicos, los cuales, carecen de un vocabulario y técnica previas para tocarlos. Los instrumentos de Toral tienen un comportamiento poco predecible y aceptan parcialmente el control del intérprete. El resultado es una tensión permanente entre las decisiones musicales específicas del músico y las probabilidades de respuesta del instrumento.

De este modo, Space Program se convierte en una innovadora teoría que cuestiona y enriquece distintas culturas que, si bien tienen puntos de contacto, jamás se había generado una hibridación como la que plantea Rafael Toral. El portugués, a partir de las diferencias, encuentra puntos en común para mantener el cambio constante en la música y, sobre todo, para acercarnos como seres humanos.

*Texto basado en Space Program, editado en el disco Space (Staubgold, 2006)

Rafael Toral se presenta el sábado 19 de marzo en La Terraza del Centro Cultural España. 19:00 horas.

Evan Parker e invitados en México / 16.03.2011 @Festival Aural*

Por Oscar Adad

La década de los sesenta fue un parteaguas para el desarrollo de la música de improvisación en Europa. Si bien los músicos del viejo continente que se dedicaban al jazz básicamente “copiaban” las formas del género norteamericano, a la llegada del free jazz fue que encontraron una voz propia. Por paradójico que parezca, los músicos europeos de jazz al intentar “imitar” las salvajes y rupturistas expresiones del free jazz descubrieron, de golpe,  terreno fértil para tomar un camino con personalidad e identidad.

Por lo anterior, surgió en aquella década –sobre todo en la Gran Bretaña- una camada de músicos y proyectos que definieron gran parte de la música de improvisación de la segunda mitad del siglo XX: Spontaeous Music Ensemble, AMM, el guitarrista Derek Bailey, el batería Tony Oxley, el contrabajista Barry Guy, el saxofonista Lol Coxhill, el percusionista Paul Lytton y nuestro hombre a seguir: el saxofonista Evan Parker.

Evan Parker / Foto: Linda Nylind

Actualmente considerado como piedra angular y figura obligada dentro de la escena de la música de improvisación en el mundo, Evan Parker es de esos poquísimos artistas que han labrado su sonido de forma muy detallada, incorporando no sólo recursos tradicionales, sino también técnicas extendidas y, lo más importante, trabajando fuertemente en la relación de la idea con la técnica, es decir, la interacción de la mente con el cuerpo.

La técnica del saxofonista nacido en Bristol un 5 de abril de 1944 presenta distintos referentes. Por un lado, es muy palpable la influencia del período tardío del saxofonista John Coltrane (sobre todo en el saxofón soprano), asimismo la escucha y estudio minucioso de la música de Charlie Parker, Pharaoah Sanders, Roland Kirk y Steve Lacy, así como la polirritmia de músicas de diversas regiones de África,  han llevado a Evan Parker a construir las características que lo distinguen claramente de sus contemporáneos: la respiración circular y la falsa digitación.

Pero la música del también fudador del importante sello disquero Incus no se limita a su depurada técnica. El trabajo constante en este rubro es porque, para él, hay ocasiones en que ésta predomina sobre la idea, y viceversa. De hecho, ha declarado que su instrumento es una especie de “modelador de la imaginación”, e incluso, “limitador” de la misma. La técnica es parte fundamental de su expresión como artista, si, pero también sus capacidades de improvisador y, sobre todo, de detonador de la imaginación, es lo que hacen de este hombre un creador único. Por ello, se le ve en diversas situaciones que van del free jazz, la electrónica, la libre improvisación, hasta llegar al noise.

Evan Parker / Foto: http://www.jazzfm.com

Por otro lado, el escucha es también un pilar en la música de nuestro artista en cuestión. Sin embargo, no cualquier tipo de escucha. Parker, en primera instancia, toca consigo y para sí mismo. Si la música funciona en esos términos, funcionará para los demás. El saxofonista ha dicho que jamás caerá en la indulgencia porque lleva a la más absurda generalización sobre los seres humanos. Por ello, la apuesta es hacia la inteligencia y la imaginación de quien lo escucha, es decir, busca escuchas activos que participen directamente en el proceso y que tomen decisiones de manera independiente.

Así las cosas, lo que presenciarán esta noche es a un hombre al frente de una banda donde lo esencial es provocar la imaginación del espectador a través del sonido. Para Parker es de suma importancia mantenerla afilada y atenta a lo que sucede en el mundo. Porque es ahi, en la imaginación, donde no sólo se encuentra realmente la música del porvenir sino -como plantea el filósofo Charles Muses- la memoria del futuro.

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Evan Parker: En definitiva la música de improvisación tiene un antes y un después ante la llegada de este hombre. Parker ha desarrollado como nadie el estilo. De él se pueder hablar en términos compositivos, como improvisador, y como pensador de la música.  Sus cientos de grabaciones están documentadas en los más importantes sellos discográficos de música experimental: Leo, Emanem, ECM, Incus, Paratactile, FMP, Okka, Victo, Smalltown Superjazz, Tzadik, Cleen Feed, entre otros.

Chris Corsano: Sin duda uno de los baterías jóvenes más sobresalientes en la actualidad. Corsano es poseedor de un sólido estilo que lo ha llevado no sólo a destacar dentro de la escena de la improvisación, el free jazz y el rock extremo, sino también en el terreno del pop experimental siendo batería de planta de la cantante Björk. Y es que Corsano es un baterista poco común, su estilo tiene más que ver con la melodía que con el ritmo, además de contar con un sinfín de recursos sonoros que hacen de su set de percusión un colorido generador de sonidos.

John Russell: Originario de Inglaterra, Russell es de la camada de improvisadores surgidos en la década de los sesenta en la Gran Bretaña. Aunque es el que ha tenido menos impacto mediático, Russell es un guitarrista que conoce a la perfección los senderos de la improvisación, estilo donde se siente más cómodo porque  puede desarrollar de igual manera su capacidad intelectual e intuitiva. A Russell se le puede escuchar tanto en grabaciones como líder, así como en asociaciones con músicos del talante de John Butcher, Roger Turner y Phil Minton, entre los más destacados.

John Edwards: Es uno de los contrabajistas más activos dentro de la escena de improvisación londinense. Edwards es un artista que ofrece entre 150 y 200 conciertos al año con diferentes agrupaciones. Actualmente forma parte de varios proyectos con el saxofonista Evan Parker y la lista de sellos discográficos donde aparece su nombre es amplia y de gran reputación: FMP, Emanem, GROB, Bo´Weavil, Cleen Feed y Tzadik, entre muchos otros.

*Programa de mano realizado para el concierto del 16 de marzo de 2011 en el Teatro de la Ciudad dentro del Festival Aural

Remi Álvarez / Mark Dresser @Festival Aural 16/03/2011*

Por Oscar Adad

“Structured or free?” fue la pregunta lanzada por el contrabajista Mark Dresser (Los Ángeles, CA. 1952) al saxofonista Remi Álvarez segundos antes de iniciar la grabación que documentaría el primer encuentro de estos dos músicos, y que se vería reflejado en el disco Soul to Soul (Discos Intolerancia) grabado en noviembre de 2008.

La respuesta no se dejó esperar: “free”, respondió tranquilamente el saxofonista originario de la Ciudad de México. A partir de ese momento las cosas estaban claras y la sesión estaría marcada por el estilo que ambos músicos disfrutan, desarrollan y retroalimentan constantemente: la libre improvisación.

La historia de este encuentro tiene sus antecedentes en 2004 cuando Remi Álvarez viaja a la ciudad de Vancouver, Canadá, y conoce de forma personal al contrabajista. Años después, Álvarez invita a Dresser y al pianista Denman Maroney a formar parte de la programación del lamentablemente extinto Festival de Jazz de Tlalpan, en 2008. Y es precisamente ahí cuando se da la oportunidad de compartir ideas, ahora sí, en una sala de grabación.

El choque de ambos artistas es muy llamativo. Por un lado, la carrera de Mark Dresser es impecable e implacable. Es un contrabajista que lleva al instrumento a descubrir nuevas posibilidades cada vez que pasa por sus manos. Dresser es un músico que trabaja en todos los resquicios de la composición e improvisación. Además, su interés en la interdisciplina y las nuevas tecnologías lo convierte en un artista fuera de serie.

Mark Dresser

Por su parte, Remi Álvarez es de los contados músicos de la escena local que realmente dedican el 100% de su tiempo al estudio y desarrollo de la música creativa. Remi, sin duda, es de los pilares de la música de improvisación y el free jazz en nuestro país. No en vano, además de sus propios proyectos, ya ha tenido los tamaños para tocar con creadores del calibre de William Parker, Cooper Moore, Joe Morris y Hamid Drake, entre otros.

Es la segunda vez que estos artistas se ven las caras. Sin embargo, es la primera que se presentan en público, y es cuando las cosas cambian. En la grabación, el tiempo generalmente juega a favor y las decisiones posteriores son parte esencial. En vivo, el tiempo es un factor determinante en el rumbo que tomará el sonido desde su inicio y las decisiones posteriores se trasladan al tiempo real, decisiones en el momento que definen las cambiantes situaciones que la música experimenta.

Remi Álvarez / Foto: http://www.remialvarez.com

Por otra parte, el escucha se convierte en una variable más de la ecuación y estimula, todavía más, el proceso musical. Es decir, al existir la figura del escucha se tienden puentes de diálogo entre la música creada por la improvisación y la biografía musical del espectador obligándolo a construir nuevas formas y estructuras de percepción, en otras palabras, a generar nuevo conocimiento.

De este modo, la asociación Dresser – Álvarez tiene mucho que decir en el entarimado. El hecho de que sea la primera ocasión que se vean en un escenario aumenta las posibilidades de descubrimiento tanto de los creadores como del espectador. La improvisación se alimenta precisamente de la búsqueda incesante y de los encuentros casuales. Dresser y Álvarez lo saben, y han llegado hasta aquí tras una vida de arduo trabajo y con el espíritu de aventura más que fortalecido.

En cuanto al espectador, sólo queda invitarlo a escuchar. Si, a realizar esa actividad de la que mucho se habla, pero que en realidad, se sabe muy poco.

*Programa de mano para el concierto del 16 de marzo de 2011 en el Teatro de la Ciudad dentro del Festival Aural

El Taller de Música del Manicomio Nacional de Colombia, presenta: Meridian Brothers

Por Oscar Adad

A veces se pierde la esperanza de escuchar agrupaciones que sorprendan, que tomen riesgos, que se metan a nuestros oídos y arranquen esa sonrisa que significa que serán entrañables y recordadas de por vida. Sin embargo, la música generalmente ocurre en el sitio menos pensado. El Festival Poesía en Voz Alta, en su edición de 2010, presentó –entre otras cosas- a los colombianos Meridian Brothers, banda que se acerca más a un taller de música de algún manicomio que a un grupo convencional.

Si, Meridian Brothers es un colectivo que funciona bajo la premisa de la intersección de los estilos y la desfachatez sonora. No tiene reparo en conjuntar -y es aquí la médula de su trabajo- la escuela de la música contemporánea y electroacústica con músicas populares y de tradición oral, como el vallenato y la cumbia de su país, además de incorporar a la fiesta otros estilos como el rock y el pop.

Con una sólida formación en diferentes áreas del sonido, estos colombianos llevan al escucha por la cuerda floja. Lo saben bien y gozan con ello. Esta música se va descubriendo como una realidad paralela donde todo es terreno inestable y, al mismo tiempo, con referentes muy claros de donde asirse. Pero no canten victoria, esa sensación de perder el equilibrio y caer al vacío es la constante.

Conformado por Eblis Álvarez (dirección, voz, guitarra y electrónica), Alejandro Forero (electrónica), Damián Ponce de León (batería y electrónica), María Angélica Valencia (clarinete, glokenspiel, y sintetizador), César Quevedo (bajo) y Mauricio Alexander Báez (ingeniero de audio), Merdian Brothers está en la Ciudad de México para ofrecer su último concierto este viernes a las 22:00 en Casa Hilvana.

Foto: Carolina Pardo

Eblis, Meridian Brothers me llama mucho la atención, sobre todo, por el juego entre el mundo de la música contemporánea con el de la música popular. ¿Cómo surge la idea de crear un grupo con estas características tomando en cuenta tu formación dentro de la música clásica, contemporánea y electroacústica?

La banda nace por un cuestionamiento a lo que pasa dentro de la música en la que fui educado. Hace 100 o 150 años, esta música era para la gente, los compositores trabajaban para el pueblo y la sociedad. Pero he percibido que se ha ido encajonando en las academias, se ha vuelto música universitaria y de gente especializada. Mi teoría de ser músico es comunicarme y pasar un conocimiento a la gente que no lo tiene, y estas técnicas (en Meridian Brothers) están aplicadas a la música para comunicarse con la gente.

¿Has percibido el mismo caso del lado de los músicos de estilos populares?

Puede ser. Que se encajonen en una especie de academia de ellos mismos y su público, y no traten de transgedir estas barreras.

¿Qué tan complejo ha sido el proceso de trabajar con estos tipos de música?

En apariencia es bastante difícil pero realmente no lo es, ya que muchas de las músicas que utilizamos, folclóricas y populares, poseen unos ritmos que son muy interesantes y pueden atraer a un músico académico desde su punto de vista. Nosotros no lo hacemos, nosotros utilizamos los clichés y los incorporamos a toda esta cantidad de timbres que probablemente vienen de la música electroacústica, pero que al final resulta una mezcla muy interesante. No es tan difícil, pero requiere de cierto tacto.

En Colombia tienen una gran diversidad de músicas: cumbia, vallenato, champeta, bullerengue, etc ¿Qué importancia ha tenido en tu desarrollo como músico el estar cerca de las músicas tradicionales de tu país?

Para mí es lo más importante, de hecho. Cuando estás en otros lugares, que no son tu país, te das cuenta de la identidad que tienes. Pero si a esta identidad se le ve como una cuestión de museo no funciona porque ahora la música es muy universal, y lo que tratamos de hacer es universalizar esas músicas (tradicionales) con lenguajes globales.

Foto: Carolina Pardo

¿En Colombia qué tanta difusión tiene la música tradicional?

Si la hay. Lo que no hay es difusión para trabajos como el de nosotros donde mezclamos esto (música tradicional) con otras cosas. La gente es muy conservadora y tienen dificultad en aceptarnos. Para la música folclórica tradicional hay medios de difusión, a la gente le gusta, baila, hace fiestas, pero lo que hacemos nosotros es un poco más difícil de difundir.

Incluso podría parecer difícil de difundir para todos los públicos: al de la música contemporánea y electroacústica podría parecerle muy “popular”; a los del rock, muy “experimental”, y la lista podría seguir…

Exactamente. Es un poco nuestro reto. Queremos utilizar estas técnicas complejas de la música electroacústica y aplicarlas en la música popular y muchas veces nos sale el tiro por la culata, no nos acepta ni uno ni otro. El reto es crear un canal de comunicación propio para nuestra música, de gente que tiene un trasfondo teórico y académico pero sin querer utilizarlo del todo, sino querer comunicarse desde el punto de vista popular.

Finalmente, Eblis, en México muchas bandas se olvidan de las músicas locales y siguen las tendencias de Europa o EU…

Pues funciona bien dentro de un mercado local, pero dentro de un mercado global ya no porque ya está la gente que hace la música original.

Más información en http://www.meridianbrothers.com http://www.myspace.com/meridianbrothers

Neumonía

Neumonía
Por el Sr. González.

Me meterían una sonda para obtener algunas muestras internas del pulmón y así generar cultivos que explicaran esta repentina neumonía. Podrían ser hongos o algún virus oportunista dado a que mis defensas están por los suelos después del transplante de médula espinal. También presento un cuadro severo de anemia. Apenas tengo tiempo de poner un par de mensajes por internet pidiendo sangre y plaquetas. Vaya panorama.

Ya en el quirófano me pusieron la mascarilla y supongo que me suministraron alguna sustancia vía intravenosa. Al segundo suspiro me desconecté.

No percibo nada…

El camino está bordeado por unas imágenes semejantes a unos engranajes que giran ínteractuando entre si, con un aspecto muy a lo “Pop Art” aunque sin el colorido propio del estilo artístico, son más bien tonos grises y cafés. De hecho es muy tranquilizante. Yo avanzó lentamente entre estas animaciones dando por hecho que así debe ser. Hay un momento en el que llego al límite del camino y con la misma naturalidad con la que llegué, tomo el camino de vuelta. En lo profundo de mi entendimiento la experiencia es placentera.

No percibo nada…

Estoy confundido. Creo haber despertado, aunque estoy viviendo todo como una serie de fragmentos de realidad. Los doctores me dicen que mi situación es delicada y que debo cambiar mis expectativas, que definitivamente no saldré pronto, a lo que yo respondo casi con un berrinche. Tengo un disco a medias, mis hijas me requieren, no puedo ser un padre ausente, hay presentaciones pactadas, tengo que cancelarlas, y el dinero, no podré recuperar lo invertido, me angustio. “Rafael. Estás grave. Tu pulmón izquierdo está totalmente inflamado. Te tenemos que entubar porque estás a un paso de un paro respiratorio” ¿Qué es esto? ¿Sigo anestesiado? Me falta el aire ¿Y mi familia donde está? Calma. Confío en mis doctores, haré lo que sea necesario.

Mientras me llevaban por el trillado pasillo del hospital con destino a una sala de operaciones donde me insertarán un catéter en el pecho, recordé la plática con Alex Otaola apenas unos días antes sobre lo trillado – más que nada en el cine- de ir por los pasillos de hospital, mismos que él recorrió unas semanas antes en circunstancias igual de alarmantes. Pierdo la conciencia de nuevo.

No percibo nada…

No he abierto los ojos aun, pero escucho las máquinas trabajando. Seguramente están haciendo alguna remodelación en otro piso del hospital… qué molesto. Oigo un tronido al que interpreto como una señal interna que me avisa cuando vuelvo a la conciencia, o al menos lo que estoy interpretando como conciencia. Nadie más lo puede oír.

Se abren mis párpados y estoy en otro cuarto. Apenas me puedo mover. Estoy amarrado, literalmente amarrado. No solo son los tubos que salen de mi boca, ni la mascarilla de oxigeno, ni las sondas que me alimentan o me despojan de todo tipo de sustancias. Tengo mis brazos amarrados a las esquinas de la cama. Estoy aturdido. En mi interior, una orden profunda me indica que no debo dejar de respirar y sobre todo, no me puedo dormir.

Entran y salen personas. Me sacan sangre, me bañan en la cama, me toman placas de rayos x y electrocardiogramas. Hay monitores con mis signos vitales sobre mi cabecera. Desfilan enfermeros y doctores que por momentos se vuelven en una especie de híbridos entre pájaro y humano. De pronto entra mi familia acompañada de la madre de mis hijas, pegados a la pared del fondo como si estuvieran en el borde de un desfiladero y tienen miedo a caer. Me sonríen y contesto la sonrisa. Se retiran con el mismo cuidado. Y continúan entrando y saliendo personas y me sacan más sangre y me vuelven a bañar y me hacen más estudios. ¿Esto tendrá un fin? ¿Cuándo me liberarán de esto? Debo respirar, no me debo dormir.

Pasan las horas y esto se vuelve interminable, extraño. ¿Y si lo que pasa es que ya estoy muerto? Pero todo es tan real. Como agnóstico siempre he pensado que al morir me integraría a la energía del universo pero ¿Si en realidad existe un cielo y un infierno? Debo estar en el purgatorio ¿Pero por qué yo? ¿Soy tan arrogante de pensar que siempre fui una buena persona? ¿Quien juzga eso?

Estoy agotado. Los ojos se me cierran. No me debo dormir, no puedo dejar de respirar. Los párpados me pesan. Por suerte el tronido, esa señal interna siempre me regresa a la realidad… o irrealidad, no lo sé.

El hombre pájaro entra y me revisa. Me dice: “¡tose! ¡tose! No dejes de toser, te hace bien. Deja que salgan las flemas”. Noto como estas se acumulan en mi segunda boca, la de abajo. Pronto me doy cuenta de la sabiduría del hombre pájaro. Ahí está el arma con la que me defenderé de los demonios. Una sustancia tan destructiva que ya me está desgastando los dientes.

¿Y si el tiempo es más lento para mí? Por eso se me hace eterno todo esto, no acaba. Los párpados me pesan y a veces no puedo evitar cerrarlos. Se ve todo morado ¡el tronido! No me debo dormir.

Entran unas enfermeras y por alguna razón que desconozco me desatan de las manos haciéndome prometerles que no me arrancaría nada. Quiero hablarles pero no puedo así que afirmo con un gesto de la cabeza. A lo único que atino es a pedir con mímica que me dejen escribir algo. Entre mayúsculas y minúsculas puse: “QuítEnMe los TuboS PorquE El Tiempo PasA más Lento PaRa mi” La respuesta es negativa, era de esperarse. Salieron y me dejaron solo con mis pensamientos. ¿Estaré muerto? Esto no acaba nunca. La próxima vez les preguntaré si estoy en el infierno. Aunque el riesgo de hacerlo es que al descararlos se mostrarán como los horribles demonios que son ¿O no?

Debo ser valiente y enfrentar cualquier revelación. No aguanto el sueño. Por un instante veo todo blanco. Es como la ceguera que describe José Saramago en Ensayo Sobre la Ceguera. Un blanco envolvente, una gran pantalla luminosa frente a mí. El tronido me regresa una vez más. No debo dejar de respirar, no me debo dormir.

Entra el hombre pájaro ahora acompañado de otro hombre pájaro un poco mas alto que él. Me revisan y discuten entre ellos. Me simpatizan. El bajito sabio me pide que respire profundo y no puedo evitar toser. “¡Eso! ¡Eso! ¡Tose! Eso es lo mejor” Me repetía una y otra vez. “Tose, tose” decía mientras se retiraban. Que loco está, pero me cae bien.

Más muestras de sangre, más baños y mis piernas se mueven solas. O más bien hay algo que las mueve pero no estoy seguro de qué. Siguen remodelado otro piso del hospital, las máquinas no dejan de sonar. Deben estar ampliando el edificio. Que molesto. Todo es verde otra vez. Tronido.

Mi padre está frente a mí. Le sonrío y parece gustarle esa mueca detrás de la mascarilla. No entiendo lo que me dice. Cierro los ojos. Ahora todo es verde. Suena el tronido y vuelvo. Es mi mamá la que está a un lado de mi cama. Pobres, que malos momentos les estoy dando. Me dice que no me preocupe por el dinero y que mi papá está viendo lo del seguro, que ya pago mi predial “¿El predial?” pienso. Suena el tronido y mi mamá voltea ¡Ella también lo oye! Debe ser una condición especial por ser madre e hijo. Algún tipo de percepción que compartimos de forma natural. Cierro los ojos. Hay un paisaje en el cual se ve una caravana en la lejanía, me gusta. Suena el tronido y vuelvo.

Me están acomodando en la cama un enfermero y una enfermera. Como antes, con mímica les pido que me dejen escribirles. Me armo de valor y anoto: “¿EstOy eN el infierno O eN el PurgAtorio? Si es así ¿PoRqué Yo?” Espero su reacción y me invade el miedo, casi pavor. Ellos se ven entre si, se ven confundidos. Tras unos segundos el enfermero me contesta: “No, tranquilo. Estas enfermo y debes ser paciente”. Me veían con compasión. No hubo transformación, ni infierno, ni demonios. Desconfío igual. Esto no es normal. No es un sueño y la realidad es tan extraña. Cierro los párpados y solo veo morado otra vez. Debo respirar, no me puedo dormir.

El tronido me regresa. “¿Rafael cómo estás?” me pregunta la doctora Elizabeth. Asiento con la cabeza. “Que susto nos has dado” continúa. Ahora le pido a ella que me deje escribirle algo. “TeNgO miedo de dormir eSta noChe”. Me sonrió y me dijo: “No te preocupes. No va a pasar nada. Te estamos cuidando y estas mejorando”. No puedo más. Estoy agotado. Que día tan largo. Cierro los ojos.

Me despierto porque me están quitando el tubo. Vuelve el miedo. ¿Y si no puedo respirar? Es un alivio ver que el aire entra directamente por mi boca sin ninguna consecuencia fatal. Me preguntan si estoy bien y afirmo. Ahora me ponen una mascarilla diferente, un poco asfixiante pero mejor que el tubo y la mascarilla anterior. Mi segunda boca ha desaparecido. Debo respirar, puedo respirar. No muero aun.

Descanso.

No percibo nada…

“Buenos días ¿Cómo te sientes?¿Sabes que llevas una semana sedado? Estás en terapia intensiva” Me dice mi papá. “No sé, no me acuerdo. ¿Una semana?” contesto sin entender qué pasa. Tengo una laguna mental de varios días. Qué manera de perder el control. Me siento más vulnerable de lo que ya me sentía de por sí. “¿Estuve inconsciente?” Pregunté. Mi papá me explica que no exactamente, que hubo momentos en que me disminuían el sedante y tenía momentos de semiconciencia. Ahora suena el tronido y como si fuera un balde de agua fría que cae sobre mí, inclemente, recuerdo todo. He vivido con mis sentidos alterados una semana, como si fuera un largo y tormentoso día. No fue una pesadilla, ni estuve muerto, fue algo bastante terrenal. Simplemente percibí todo bajo la influencia de sustancias que alteraron mis sentidos. El tronido es producido por una pequeña bomba que infla unas botas hidráulicas especiales que me pusieron en las piernas para evitar trombosis. Otro aparato a mi lado suena inocentemente como las máquinas que suponía eran sierras de una obra de ampliación del hospital. Los doctores dejaron su aspecto de pájaro. Una enfermera me saluda con mucha familiaridad pero no la recuerdo. Me explican que estuve a un paso de la muerte. Entenderlo de pronto no es muy fácil.

Estaré tres semanas más en el hospital ya que la anemia aun no está controlada. Me pasarán a terapia intermedia en donde compartiré el piso con Echeverría, hay nanita. Después a un cuarto normal.

Al salir de terapia intensiva veo sobre la pared unas flores que se mueven. Cuando quiero confirmar mi visión… ya no están. He bajado 10 kilos.