Otaola a través de Fripp, Zappa, Miles y Ribot: sesión de discos con Alex Otaola

Alex Otaola

Alex Otaola

Por Oscar Adad

Una sesión de escucha con Alex Otaola es algo que siempre me había llamado la atención llevar a cabo. Alex es un tipo que siempre tiene buenas historias sobre los discos y la música que lo ha acompañado a lo largo de su carrera. El concierto que dará esta noche junto a Patricio Iglesias y Aarón Cruz en Alterna Jazz, sirve de pretexto para una larga charla sobre discos y músicos.

Cabe decir que lo que menos me interesa es poner a prueba los conocimientos de Alex en cuanto a datos, fechas y nombres. Lo que realmente me interesa es que la música, con la que creo está relacionado, sea el catalizador para conocer más a fondo sus motivaciones musicales y, entre líneas, saber poco más de sus ideas en torno a su trabajo.

Su estudio de grabación es el lugar de la cita y esto es lo que sucedió:

The_Grand_WazooThe Grand Wazoo – Frank Zappa (1973)

Desde que conozco a Alex Otaola siempre lo relaciono con Frank Zappa por el culto que le profesa. En lo personal, llegué a Zappa, no por el rock, sino por el jazz. En el libro El Jazz, del alemán Joachim Berendt, aparece el Grand Wazoo como uno de los discos claves del jazz-rock. De ahí, que al conocer también el acercamiento que tiene Otaola con el jazz, y sobre todo a su sonido en la guitarra, que escogiera el Grand Wazoo para la sesión. Dicen que no existe nadie en el mundo que tenga absolutamente todo de Zappa por la cantidad de bootlegs que circulan en el mercado clandestino, entonces, no nos perdamos, esto no se trata de hacer una feria de datos, ni ver qué tan kilométrica es una colección de discos.

Doy PLAY al disco y Otaola asiente con la cabeza al reconocer a uno de sus héroes musicales.

“Para mí el Grand Wazoo fue mi entrada al jazz-rock. Yo era un clavadazo de Zappa, y gracias a que leí que en este disco y en el Waka/Jawaka había hecho lo que Miles (Davis) en Bitches Brew y esas épocas, fue que busqué esos discos de Miles y que me estalló la cabeza al escuchar todo eso.

“Me empecé a clavar en Zappa, pero tiene tantos discos, que yo tenía una especie de guía de Rolling Stone o algo así, donde venían muchos artistas y las clasificaciones de cada uno de sus álbumes y alguna semblanza. Y el Grand Wazoo era de los mejor calificados; de los mejores que había hecho Zappa en su vida, y evidentemente yo me iba hacia esos. Entonces cuando llegue a este disco esperando oír algo increíble, lo primero que oí fue esta rola, y dije: “no mames. Esto es más como un performance o happening”. El resto del disco sí es una especie de jazz-rock diseñado para big band que me encanta y es de lo que más disfruto de Zappa, pero esta canción tiene el detalle de que fue la primer rola que escuché del Grand Wazoo y que hasta yo dije: “¿En serio? Entonces por qué decían que esto estaba tan cabrón”. Pero ya que oí todo el disco, me di cuenta y lo entendí. Porque esta es la única rola cantada, todo el disco es instrumental”.

In the courtKing Crimson – In the Court of the Crimson King (1969)

El siguiente disco para esta sesión es el primero de King Crimson. Quién ponga atención al sonido y las ideas musicales que busca desarrollar Otaola, no me dejará mentir que se percibe un aura de Robert Fripp en su manera de abordar la música. Además, es el disco más respetable y de los poquísimos que tengo de Crimson y Fripp. En realidad, no me acerqué profundamente a su trabajo, pero es un hecho que Alex, sí.

Desde los primeros segundos sonríe y ya sabe de qué disco estamos hablando.

“Me habían recomendado mucho a King Crimson y a Robert Fripp que porque me iban a encantar. Conseguí al mismo tiempo este disco y el Beat (1982), que es ya la época en que estaba (Adrian) Belew y (Bill) Bruford tocaba batería electrónica. De entrada yo no sentía que fueran discos de la misma banda, eran cosas totalmente distintas y quizá por eso le agarré cierta aversión al Beat, yo decía que estaba espantoso. En cambio, el In the Court…¡estaba increíble!

“Es más, recuerdo que cuando iba a visitar a mi abuela que vivía por Paseos de Taxqueña, allá estaba la Ibero, y en la barda, una de las cosas que tenía dibujada era la portada de este disco. Y cuando vi la portada del álbum, pensé: “!ah, que loco!”, es como lo que está pintado en la barda de la Ibero”, entonces ya la ubicaba, y cuando lo escuché me voló la cabeza.

“Como que es un (Robert) Fripp que se daba chance de ser melódico, folkie, como beatlero, por así decirlo, y como que todavía no acababa de definir exactamente qué era lo que hacía en la guitarra. Entonces ese disco tiene una cosa muy especial, muy de su época que yo siento que lo separa de otros grupos de progre, porque las bandas de progre buscaban o hacer música virtuosa, o música conectada con el clásico, o mostrar que era gente que había estudiado en un conservatorio y por lo tanto habían estudiado composiciones de los grandes, y este disco no. Este disco amalgamaba muy bien el pop de la época, la composición, cierta accesibilidad del folk…como que fue un King Crimson que sólo existió en ese disco y ya nunca regresó. Además me da la impresión de que en ese disco la banda funcionaba como un equipo y ya después se volvieron el vehículo para los conceptos de Fripp”.

A+Tribute+to+Jack+Johnson+jack+johnsonMiles Davis – Tribute to Jack Johnson (1970)

Definitivamente uno de los discos más potentes y de mis favoritos de Miles Davis. De hecho, Otaola es uno de sus grandes seguidores; tan es así, que su guitarra tiene una pegatina del legendario trompetista. Sin embargo, hay algo que hace más profunda la relación Miles, Otaola y yo, y que me hizo escoger este disco para la sesión: hace unos meses se me ocurrió realizar un homenaje a la música eléctrica de Miles Davis, y el guitarrista elegido para tomar el puesto en aquella banda fue, precisamente, Alejandro Otaola.

PLAY

“¡No bueno! Es John McLaughlin haciéndose estrella en un disco de Miles: el Jack Johnson. De los discos que había hecho Miles hasta la época que bautizaron como “jazz-rock”, como que había más jazz que rock; y en este disco había más rock. En este disco es casi cincuenta cincuenta la ecuación entre los dos elementos.

“Es curioso porque en esas épocas creo que Miles decía que no podía tener a Jimi Hendrix en su banda, pero que lo más cercano que existía en el mundo a Hendrix, era John Mclaughlin. Y además McLaughlin armónicamente manejaba más cosas que Hendrix. Miles siempre quiso que McLauhlin tocara en su banda pero él tenía sus propios proyectos. Entonces hubo varios discos en los que lo jaló para que grabara en el estudio y nunca lo tuvo en vivo. En el Live Evil estuvo porque cayó a palomear. Pero es chida esta sensación de que Miles en esa época necesitaba la inyección de rock que le podía proveer McLaughlin para lograr lo que estaba buscando. En este disco, por ejemplo, se tarda tres minutos en entrar Miles y esos tres minutos son así de: aquí está John McLaughlin”.

Party IntellectualsMarc Ribot´s Ceramic Dog – Party Intellectuals(2008)

Sólo he visto una vez a Ribot en directo. Fue en un pequeño lugar en el Centro de la ciudad. Había sobrecupo y faltaba el oxígeno. Ribot hacía un set fantasmal a guitarra sola; y de pronto: ¡TRAS!, un tipo en el suelo con el cráneo agrietado mientras Ribot no paraba de atacar su guitarra. Ese fue el saldo.

Podría parecer una obviedad llevar un disco de Marc Ribot a sabiendas de que Otaola compartiría escenario con el neoyorkino. Hay algo de eso. Sin embargo, unas semanas antes, ambos habían charlado vía telefónica por cerca de una hora: he ahí el elemento que modificaba las situación.

“Conocí a Ribot por los Lounge Lizards porque en las épocas de Santa Sabina, Patricio Iglesias, era muy fan de la banda y le gustaba mucho John Lurie. Entonces cuando escuché a los Lounge Lizards y Shrek fue así de ¡ahuevo!, una vez más la sensación de un músico de punk atrapado en un ensamble de jazz, o al revés, un músico de jazz pero que está tocando a través de la actitud de un punk, que obviamente me encanta.

“Y fue lo chido de platicar con él, constatar que mucha de su actitud ante la vida y ante la música es la de un punk y hay muchas cosas que le valen madres. No sé si ya viste el final de la entrevista donde dice: “¡si quieren legalizar las drogas en México, llámenme, yo toco!”. Y es chingón ver a alguien que a punto de cumplir sesenta años sigue teniendo esa actitud y sigue haciendo música de muchos estilos y buscando aprender de muchas personas.

“Ribot tiene la onda de…y creo que él mismo lo describe…los músicos de NY tienen algo en particular…como que ahí confluyen muchísimas etnias…y como él lo decía: hay música que está basada en la identidad. Y tiene la ventaja de que es un lugar tan cosmopolita que puedes entrar en contacto con personas, sonoridades y músicas de muchos lados. Entonces eso permite que la música que se hace allá sea la que conjunte una mayor cantidad de propuestas estilísticas al mismo tiempo, a diferencia de los improvisadores ingleses como Fred Frith y Derek Bailey que se nota que son europeos. Pero, claramente en NY, aunque no quieras, en tu banda hay un baterista que es italiano, un bajista judío, y un trompetista que es oriental; entonces eso significa que la música que hagan juntos se vuelva música cosmopolita en el sentido de que hay muchos lenguajes que están confluyendo en esa propuesta. Entonces en NY existe ese plus de poder conectarte con muchos otros elementos geográficos desde ese lugar. Y sí siento que muchas propuestas sumamente interesantes provienen de ahí por eso”.

Rafael Toral, el retorno de los circuitos vivientes*

Por Oscar Adad

Basta ver al portugués Rafael Toral en acción para darse cuenta de que la música existe en cualquier resquicio posible: desde en un instrumento convencional hasta en lo más polvoso de un, en apariencia inerte,  circuito electrónico.

Rafael Toral / Foto: www.vimeo.com/rtoral

Rafael Toral / Foto: http://www.vimeo.com/rtoral

Oriundo de la ciudad de Lisboa, Rafael Toral es, en primera instancia, un guitarrista que por varios años trabajó con el instrumento apoyado en software. Sin embargo, al llegar a la cima de esta etapa creativa  con el bellísimo Violence of Discover and Calm of Acceptance (Touch, 2001), el portugués temía entrar en una zona de confort si continuaba dentro de ese sendero. Es en este punto cuando decide torcer la tuerca y generar Space Program, trabajo que el propio autor describe como “melódico pero sin notas; rítmico pero sin beat; familiar pero extraño y; meticuloso pero radicalmente libre”.

Space Program ha llevado a Toral a terrenos por demás inestables y de descubrimiento contínuo, tanto para él como para quien se acerca a este trabajo. Space Program es un cuestionamiento al origen académico que dio a luz a la música electrónica experimental. Por ello, Toral se interesa en ser un artista venido de dicha estética pero tratando de situarse en la cultura del jazz, cultura eminentemente popular…BUM.

Rafael Toral / Foto: Nuno Martins

Rafael Toral / Foto: Nuno Martins

Si, es un golpe, porque a partir de esta idea Toral aprovecha y contrapone las posibilidades de ambas tradiciones para generar un nuevo lenguaje. El portugués está convencido de que si la música electrónica hubiera surgido de la cultura popular del jazz y no de las academias y la tradición de la música clásica, los resultados serían totalmente distintos. Es precisamente por esta razón que Space Program es un proyecto por demás atractivo. De hecho, Toral plantea que la música generada por Space Program podría llamársele jazz contemporáneo si se sigue la línea evolutiva y natural del género sin contar la regresión que sufrió en la década de los 80.

Sin embargo, y más allá de situarse en un plano imaginario en la historia de la música, Rafael Toral visualiza Space Program como una contribución a la musicalidad. La música electrónica, en su mayoría,  ha puesto especial importancia a la obra terminada y a las fuentes sonoras que la generan dejando de lado al  individuo/músico como tal. Por ello, el portugués pone el acento precisamente en este tema. Para él es fundamental la intuición, la gestualidad y la fisicalidad de la música en el proceso interpretativo.

Rafael Toral / Foto: Vera Marmelo

Por lo anterior, ha intervenido y creado sus propios instrumentos electrónicos, los cuales, carecen de un vocabulario y técnica previas para tocarlos. Los instrumentos de Toral tienen un comportamiento poco predecible y aceptan parcialmente el control del intérprete. El resultado es una tensión permanente entre las decisiones musicales específicas del músico y las probabilidades de respuesta del instrumento.

De este modo, Space Program se convierte en una innovadora teoría que cuestiona y enriquece distintas culturas que, si bien tienen puntos de contacto, jamás se había generado una hibridación como la que plantea Rafael Toral. El portugués, a partir de las diferencias, encuentra puntos en común para mantener el cambio constante en la música y, sobre todo, para acercarnos como seres humanos.

*Texto basado en Space Program, editado en el disco Space (Staubgold, 2006)

Rafael Toral se presenta el sábado 19 de marzo en La Terraza del Centro Cultural España. 19:00 horas.