Acuerdo de Música Libre / Festival de música improvisada EU/México

Acuerdo de Música Libre / Free Music Agreement

Festival de música improvisada E.U. / México

Foto: Acuerdo de Música Libre

Durante la primera década del siglo XXI, diversas manifestaciones artísticas han ido encontrando lugar en el imaginario común de un proceso cultural que a pasos forzados advierte una urgente necesidad de re-invención y traducción. Un referente actual de dicha transición es el Arte Sonoro y las diversas vertientes que entraña su compleja estructura, a saber, las llamadas músicas experimentales, o bien el diálogo constante que dicha instancia comparte con las artes visuales y la música aún ahora  llamada contemporánea. Bajo este contexto multidisciplinario, el quehacer musical actual en México sugiere prácticas circunscritas dentro de un ámbito creativo y reflexivo, cuyo desarrollo y ejercicio han permeado poco a poco la muralla que la  tradición académica impone (en el mayor de los casos) a la perspectiva formativa de muchos músicos; tal es el caso de la música improvisada, conocida genéricamente como libre improvisación o improvisación libre, corriente que alberga a creadores sonoros provenientes de múltiples universos artísticos y en la cual, la trama sonora se articula a través del diálogo intuitivo suscitado en el instante mismo de su creación y escucha, ofreciendo una exploración constante y extensa de recursos instrumentales poco convencionales que derivan  a la vez en un amplio espectro  de gestos y expresiones corporales que bien podrían sugerir una suerte de teatro sonoro.

Si bien, a lo largo de estos 10 años  diversas instancias, foros y festivales han logrado difundir y promover la práctica de la improvisación libre a travé­s de conciertos, sesiones y talleres, destaca el hecho de albergar en una instancia académica como la Escuela Nacional de Música de la UNAM el proyecto Acuerdo de Música Libre / Free Music Agreement, festival de música improvisada que realiza en colaboración con la organización cultural  estadounidense Namelesssound.

Dicho proyecto plantea un intercambio cultural entre músicos mexicanos y norteamericanos, representantes activos de la escena de improvisación libre que tiene lugar en ambas naciones.

Participan los músicos Dave Dove, Remi Álvarez, Chris Cogburn, Juan Pablo Villa, Jawwaad Taylor, Lucas Gorham, Fernando Vigueras, Milo Taméz y Juan García.

Las actividades que contempla este proyecto en México son 2 conciertos (10 de Septiembre, 19hrs. en la Sala Xochipilli de la ENM y 11 de Septiembre, 13hrs. en el Museo Experimental el ECO, entrada libre) y un taller (10 de  Septiembre, 12pm, ENM). Posteriormente se realizarán actividades paralelas en Houston, Texas con los mismos participantes.

Acuerdo de Música Libre / Free Music Agreement, es una iniciativa de la organización cultural Namelesssound con sede en la ciudad de Houston, Texas y ocurre en parte gracias al apoyo de Ford Foundation a través de NALAC Transnational Cultural Remittances Grant Program.

Texto: Fernando Vigueras

Foto: Acuerdo de Música Libre

Acuerdo de Música Libre / Free Music Agreement

Festival de música improvisada E.U. / México

participan:

Dave Dove (trombón) | E.U.

Lucas Gorheim (steel guitar) | E.U.

Jawwaad Taylor (voz MC, trompeta y electónica) | E.U.

Chris Cogburn (percusiones) | E.U.

Remi Álvarez (saxofón) | México

Juan Pablo Villa (voz y electrónica) | México

Milo Taméz (percusiones) | México

Juan J. García (contrabajo) | México

Fernando Vigueras (guitarra y electrónica) | México

Conciertos

Viernes 10 de Septiembre | Sala Xochipilli – Escuela Nacional de Música / UNAM | 19hrs | Entrada Libre

Xicoténcatl No. 126, Col. Del Carmen, Coyoacán, D.F., C.P. 04100

Sábado 11 de Septiembre | Museo Experimental el ECO | 13hrs | Entrada libre

Sullivan 43 Colonia San Rafael, Del. Cuauhtémoc, México D.F. CP 06470
(Frente al parque del Monumento a la Madre)

Talleres

Viernes 10 de Septiembre | Escuela Nacional de Música | 12pm

Previo registro en el Departamento de Superación Académica

Enlaces

www.namelesssound.org

http://www.remialvarez.com/
http://www.myspace.com/juanpablovilla
http://www.myspace.com/mulocololo
http://www.rasbliutto.net/artists/chriscogburn.html
http://elcangrejito.org/artists/david-dove/
http://www.fernandovigueras.com/
http://www.myspace.com/jawwaadsbm
http://elcangrejito.org/concerts/

Contacto: Fernando Vigueras | fernandovigueras@hotmail.com | cel. 04455 39350623

El Son Jarocho de Los Utrera en el Teatro de la Ciudad

Por Oscar Adad

Desde muy pequeña Wendy Cao se involucró en el son jarocho, tenía un año de edad y su padre,  originario de Oaxaca pero radicado en Veracruz, les inculcó la música de todo tipo. Llevaba a un maestro a casa para que les enseñara el zapateado a sus hermanas y a un grupo de amigas, además de clases de arpa. De este modo, Wendy empezó a relacionarse con la música que, a la postre, sería su forma de vida. “El mayor recuerdo que tengo de esta música es ver a mi padre bailando La Bamba siempre con nosotras. Él es de Oaxaca pero quiso mucho a Veracruz y lo tomó como su tierra. Además, escuchar a mi hermana Adriana tocar el arpa fue lo que abrió mis oídos al son”, recuerda al otro lado de la línea telefónica.

Después de aprender más a fondo los diferentes estilos de son y de participar en agrupaciones como Mono Blanco y Zakamandú, Wendy se da a la tarea de promover el trabajo de la familia Utrera invitándolos a la fiesta de los jaraneros de Tlacotalpan en 1992, año en que el grupo inicia de manera formal. “Llego a la comunidad de El Hato después de haber participado en Mono Blanco, donde conocí a Tacho Utrera; les ofrezco ir a Tlacotalpan y, a partir de ahí, me aboco a difundir el estilo de la familia, porque dentro del son jarocho no nada más hay estilos por regiones, sino también por familias, por comunidades”, subraya.

Los Utrera tiene ya 18 años de vida a través de los cuales ha difundido el son en México y en diferentes escenarios del extranjero; además, cuenta ya con cinco grabaciones que dan testimonio de su ardua labor de difusión. Para Curar Un Dolor es el nombre de su última entrega, material en el que se acercan también al son huasteco y que presentan este sábado en el Teatro de la Ciudad a las 19:00 horas. “Hicimos un juego respetuoso entre la región jarocha y la región huasteca, son géneros distintos pero muy similares en versada, en música y en algunas cuerdas. Se incluye el violín, que en Veracruz prácticamente está perdiéndose, pero en la huasteca es el instrumento principal”, afirma.

¿Dentro de las familias qué tanto varía el estilo? ¿Se han mantenido estas diferencias?

Si varía porque las esencias son distintas. Por ejemplo, en Santiago Tuxtla hay una población mayormente indígena y en El Hato -de donde es la familia Utrera-, a pesar de ser parte de Santiago Tuxtla, hay una influencia mayor de raza negra, entonces, la música es más rápida, más brava a la hora del fandango. En cambio, en San Andrés Tuxtla, hay más indígenas y la música es más cadenciosa. Y así nos podemos ir al sur hasta Playa Vicente donde cada región ofrece también su gama de instrumentos: en los tuxtlas las jaranas son de muchos tamaños; en el sur, la leona –que es un bajo o guitarra de gran tamaño-, es la que prevalece y uno de los riesgos que se corren ahora con la globalización es que en los fandangos se toquen los mismos instrumentos en todos los grupos y no debería ser así.

¿Cuál ha sido el interés de las generaciones más jóvenes en aprender el son?

Hubo un bache donde el son se dejaba de tocar en algunas comunidades, prácticamente los señores colgaron sus instrumentos por la cuestión de la religión que les prohíbe tocar si se quieren recuperar de un alcoholismo, en otras situaciones porque los viejos se mueren y ya no dejaron herederos y otras porque los jóvenes se van de las comunidades al norte a trabajar, entonces ha habido una recuperación en ese sentido, en las mismas comunidades acercándonos a los viejos que quedan para recuperar las formas tradicionales de tocar y eso es muy importante. Sin embargo, también hay un riesgo de que se desvirtúe porque la inquietud de los jóvenes es mayor queriendo proponer un son jarocho con reggae, con otras músicas, con otras influencias y olvidándose un poco de las bases tradicionales.

¿Cuál es tu postura en torno a enriquecer el son jarocho con otras músicas?

Me parece que si debe funcionar, que si debe ser, pero para que uno pueda tocar otras cosas hay que conocerlas, yo me declaro incompetente para tocar reggae si no lo conozco, entonces, para que yo pueda hacer algo necesito investigar, estudiar y es cuando se acepta que haya esos cambios, cuando es inaceptable es cuando hay desconocimiento.

¿Cómo fue el trabajo de recuperación de la música?

Los fandangos son muy importantes, es nuestra fiesta popular y se hace en las comunidades o en cualquier lugar donde se reúne la gente alrededor de una tarima. Los fandangos tienen que estar siempre presentes, no hay que olvidarlos, los músicos de las comunidades no son músicos de escenario, son músicos de fandango. En muchas comunidades, afortunadamente, todavía existe y en otras se les ha ido a dar un impulso con instrumentos, con pláticas, llevando a otro viejo para que el de la comunidad se anime a tocar o a sacar su instrumento. En algunos lugares ha funcionado perfectamente y en otros les hemos dado la alegría nada más de que vuelvan a vivir el fandango.

¿Han encontrado casos donde los viejos ya no quieran enseñar?

Normalmente los viejos son muy generosos, pero a lo largo de los años ha habido una serie de desafortunadas coincidencias: algunos los van a grabar, y no nada más en la parte jarocha, sino en general en la música popular de México, los van a grabar y se sienten un poco saqueados porque no les retribuyen por lo que grabaron o porque no los vuelven a visitar. Pero generalmente ellos son muy generosos, y salvo que cambien de religión o de plano que estén muy deprimidos es cuando no tocan, nos hemos topado con músicos que han dejado de tocar veinte o treinta años y vuelven a hacerlo.

¿Cuál es el estado actual del son jarocho?

Es un género vivo, va a tener mucho futuro porque los niños lo están tocando con mucha fuerza. Nuestra misión solamente es decirles que hay que tener cuidado, que hay distintas maneras de tocarlo, regiones, hay instrumentos que se tocan en ciertos lugares y no hay que hacerlo general, de una sola línea, hay que fijarse cómo son sus personajes y cómo es la manera de tocarlo.

Finalmente, el son jarocho es una música que conecta fácilmente con la audiencia ¿a qué lo atribuyes?

Siento que el son jarocho, además de ser un ritmo muy contagioso, es muy abierto para recibir a todo aquél que llega al fandango. Es verdad que se ha difundido mucho y traspasado las barreras, pero yo te voy a decir mi experiencia: cuando fui a una comunidad y vi un fandango supe que no quería dejarlo, quería seguir conociendo a esa gente y esa fiesta, supe que me daba algo que no tenía: identidad.

*Los Utrera presentan Para Curar Un Dolor este sábado a las 19:00 en el Teatro de la Ciudad. Tenemos un boleto sencillo a los 3 primeros replies que lleguen al blog


Mihirangi (Beat Vox) / Festival Barroquísimo Puebla (II)

Por Oscar Adad

Foto: Renata Gutiérrez / Festival Barroquísimo

El Zócalo de la Ciudad de Puebla está lleno y un concierto más del Festival Barroquísimo ha dado inicio. Desde que me acerco al lugar la incertidumbre crece y mis oídos se aclaran poco a poco. Mientras tanto, Mihirangi, aborigen maorí, ya está en el escenario echándose a la bolsa a cada uno de los presentes.

El nombre de Mihirangi no me decía demasiado en primera instancia, y jamás hay que confiarse de ese espejismo llamado myspace. Ni modo, hay que arriesgarse y asumir las consecuencias de las decisiones musicales. Sin embargo, con su actuación, la neozelandesa despejó todas mis dudas con un set en solitario basado principalmente en instrumentos y cantos tradicionales maoríes, beat vox y la interacción con nuevas tecnologías. No es gratuito que esta mujer haya actuado con artistas como Public Enemy, Arrested Development, Lee “Scratch” Perry y Michael Franti.

¿Cómo fue que te iniciaste en la música?

Mis padres son músicos profesionales, mi madre es cantante y mi padre es baterista. En Nueva Zelanda todos tocan la guitarra y cantan, es una tradición reunirnos en torno a una fogata a cantar y bailar danzas tradicionales.

Tienes una formación musical tanto académica como familiar, ¿cuáles son las diferencias entre ambas?

Es totalmente distinto. Cuando aprendes con tu familia, en tu propio ambiente, te sientes más seguro para empezar, es natural, tiene que ver con tu alma y con tu camino en la vida; cuando vas a la escuela es como aprender matemáticas, aprendes el lenguaje, escalas y todo eso, y cuando tocas con otros músicos ya tienes un lenguaje para hablar con ellos sobre música.

¿Cuándo empezaste a escuchar más música moderna?

Probablemente a los 16 años cuando me mudé a Australia que empecé a cantar en diferentes bandas.

¿Qué tipo de bandas?

¡Wow! Bandas de blues, de rock, de pop, heavy metal, de todo.

Es interesante la interacción entre los instrumentos tradicionales y la electrónica que utilizas.

Si, los instrumentos tradicionales normalmente están en el pasado, pero si los traes a la música electrónica adquieren relevancia, sobre todo para la gente joven que necesita más cultura de la que tiene, especialmente de culturas antiguas o que no son comerciales. Es una gran oportunidad para los jóvenes escuchar instrumentos y música tradicional a través del puente de la tecnología.

¿Cómo trabajas la improvisación en tus actos en vivo?

Definitivamente la utilizo. Esta noche hice un par de temas totalmente improvisados. Para mí, es una oportunidad de no ir al pasado ni al futuro, sino estar en el presente liberando algo que la consciencia de la gente y la tuya están creando en conjunto.

Finalmente ¿cuál es tu mayor inspiración en la música?

El silencio. Tú sabes, tu mente y tu cerebro están todo el tiempo hablando, pero cuando logras acallarlos y estar en silencio, puedes realmente escuchar a tu corazón.

Groove Collective / Festival Barroquísimo Puebla (I)

El cartel concerniente a la música durante ese fin de semana no se veía nada mal. El Festival Barroquísimo Puebla, entre sus numerosas actividades, mostró una curaduría muy cuidada y abrió un espacio para sonoridades poco convencionales de gran nivel: el jazz-latin-funk de Groove Collective; el beat vox de la neozelandesa Mihirangi, y el impresionante throat singing de la inuit Tanya Tagaq.

Foto: Renata Gutiérrez / Festival Barroquísimo

El primer acto presenciado fue Groove Collective, banda multicultural que ya ha visitado la Ciudad de México en par de ocasiones pero que se encontraba por primera vez en Puebla. El funk, el groove, los ritmos afrolatinos y callejeros que conforman su pegajoso estilo arroparon rápidamente a la audiencia que se notaba satisfecha en el zócalo de la ciudad. Ahí, Jay Rodríguez y sus cómplices, se salieron con la suya y ofrecieron un concierto dirigido hacia el soul y algunos covers de Prince y Eddie Harris. Al finalizar el show, cruzo la valla de seguridad y Jay Rodríguez, saxofonista y líder de Groove Collective, suelta algunas palabras sobre diversos temas.

Improvisación

La improvisación tiene que ver con la expresión de la vida. Cuando tienes vida puedes improvisar, sea en música clásica o en formato de jazz.

Nuevos lenguajes

En lo personal estudio mucha música clásica y jazz, pero lo más importante es tocar juntos y tratar de crear nuevos lenguajes.

Su visión del jazz

Aquí en México los mariachis, la música ranchera, son expresiones del espíritu, y de él vienen también el jazz y la improvisación, pero si la música solamente tiene la parte académica no tiene nada que ver con el jazz.

Sobre tocar música de los años setenta

No tiene nada que ver con un retroceso: la música es música ayer y hoy. El punto es la mentalidad y la perspectiva de tocar sin pensar en estilos determinados

Música y nuevas tecnologías

Me encanta porque hay gente que no es músico que hace buena música; es la prueba de que la música se lleva en el espíritu. Hay gente que estudia, obtiene muchos grados y es doctor, pero no hace música.

Boredoms / KK Null / Fat Mariachi – Clausura Radar 9

Oscar Adad

No hay duda, éste era el concierto más esperado de Radar 9 y cumplió al ciento por ciento las expectativas: los nipones Boredoms y KK Null hicieron añicos cualquier convencionalismo en la escucha y mostraron que el ser radical es la única salida.

Foto: B. Desrus / Festival de México

Son casi las nueve de la noche cuando llego a la cita. Fat Mariachi está en el escenario y sólo alcanzo a ver un par de temas. Sin embargo, el performance de disfraz de mariachi y su sentido del humor parecen no caer bien al público. Se nota hostilidad en el ambiente, algunos los abuchean y otros tantos aplauden. Caballeros, creo que será en otra ocasión.

Foto: Ariette Armella / Festival de México

KK Null

De apariencia más que ruda Kazuyuki Kishino sube al entarimado a hacer lo que mejor sabe: NOISE. Kishino no tiene piedad, desde el principio suelta metralla de ruido análogo digital que deja bien claro que no vino a México a hacerse el chistosito. El fundador de importantes bandas de metal como Zeni Geva y Yona Kit hace del ruido un verdadero placer. Entre toda la masa sonora se escucha una gran diversidad de fuentes, dinámicas y, sobre todo, espacios. Kishino sabe muy bien lo que hace y cataliza perfectamente la cultura del metal y el rock extremo con su interés en la electrónica experimental.

El set de KK Null es corto, aunque con la suficiente contundencia para recordarlo de por vida. Kishino es una de las figuras más imponentes dentro de la escena del ruido y nos lo espetó en la cara. Satisfecho, hace una respetuosa reverencia a un público agradecido por esa sacudida a sus vidas. Ahora si, las cosas están en su lugar.

Foto: Ariette Armella / Festival de México

Foto: Ariette Armella / Festival de México

Boredoms

Desde que se dio a conocer la noticia de que los Boredoms estarían en nuestro país la expectación crecía con el paso del tiempo. La producción tuitea desde el soundcheck con lo que tensa todavía más las cosas y, por si fuera poco, el escenario está dispuesto para el Boadrum, set nada convencional: un círculo conformado por cuatro baterías, hardware de dj y los dos Sevena (instrumentos creados por 7 guitarras steel y telecaster que son tocados como instrumento de percusión). La audiencia está encendida.

La luz se apaga, el momento ha llegado. Uno a uno salen al escenario los integrantes de una de las bandas más imaginativas del universo: Eye (voz, tornamesas y Sevena); Yoshimi (batería); Butchy Fuego (batería); Hisham Bharoocha (batería); y el creador del Sevena, Seinji Masuko (guitarra), toman su posición estratégica y es aquí donde el concierto da inicio.

Foto: B. Desrus / Festival de México

Poco a poco la única pieza presentada por la banda va tomando forma, los asistentes empiezan a responder al cortejo, se están enganchando y entonces: ¡B U M! Del público se escucha el estruendo de otra batería y se erige el sexto boredom que no había tomado su lugar en el escenario: YO2RO es llevado en un mikoshi en todo lo alto tocando su instrumento hasta llegar con sus compañeros. Vaya manera de empezar.

El concierto se desarrolla con la potencia que dan los cuatro bateristas, los cantos de Eye, sus golpes al Sevena, certeros disparos en las tornamesas y las sutiles atmósferas creadas por la guitarra de Masuko. El público está totalmente en la experiencia. Desde los primeros minutos los Boredoms conectan y no es producto de la casualidad. Se llama trabajo duro. No por nada tuvieron tres días de ensayo previos más un soundcheck de 5 horas.

En plena era de búsquedas a través de la obsesión por la última tecnología es un acercamiento absolutamente tribal lo que ofrecen los Boredoms con esta formación y que apunta principalmente hacia la reconciliación entre la audiencia y los creadores. En otras palabras, romper con el absurdo occidental del artista como ser omnipotente y dar cabida a una experiencia integral, incluyente y, sobre todo, humana.

Foto: Ariette Armella / Festival de México

El concierto finaliza con un encore más sutil pero con una carga de intensidad similar. Había que cerrar la incisión abierta por los de Osaka. El público está exhausto. Mi amigo, el periodista David Cortés, me dice que toda la gente debería tener una experiencia así por lo menos una vez en su vida. Sólo puedo asentir con la cabeza.

Ya en la salida la gente está tranquila, hay paz. Aparentemente todo sigue igual y cada quien toma rumbos distintos. Pero no, los que estuvieron ahí saben que a partir de esa noche ya no será lo mismo.

El misterioso sonido de Charles Gayle

Oscar Adad

Expectación es lo que se percibe en el Teatro de la Ciudad minutos antes del concierto del trío del saxofonista y pianista Charles Gayle. Una noche nublada se convierte en la acompañante perfecta para escuchar la sesión de free jazz a cargo del Misterioso neoyorkino en el marco del Festival Radar.

Foto: B. Desrus / Festival de México

Poca gente en el teatro, se siente cierta  frialdad en el ambiente. Entre los pocos asistentes hasta ese momento reconozco a algunos músicos, uno que otro reportero y devoradores de discos, los mismos de siempre. Echo un vistazo al programa de mano escrito por Alonso Arreola y se queja de que la mayoría de los promotores y escritores ponen en primer plano la vida de indigencia de Gayle antes que su música. En parte coincido, pero definitivamente es un dato fundamental para comprender el sonido del saxofonista.

La ubicación en la que me encuentro no es del todo buena. Si, estoy en la parte preferente pero en la extrema derecha (nada de connotaciones políticas, por favor); sólo espero que el ingeniero de audio haga bien su trabajo y no me reviente los tímpanos, el sistema de amplificación está a tan sólo unos cuantos metros de mí.

Termina la terna de llamadas de atención, el interruptor de las luces está apagado y caminan sobre el entarimado el contrabajista y también poeta Larry Roland; el batería y miembro del M-Base Collective, Michael Wimberly y el septuagenario saxofonista Charles Gayle.

Foto: B. Desrus / Festival de México

Sin más preámbulo Michael Wimberly golpea su batería y la sesión empieza a calentar el teatro. Cabe decir que Charles Gayle es de esos que no hablan con sus músicos acerca de lo que van a tocar, dice que confía en ellos con los riesgos que ello conlleva. Sin duda pertenece a una raza de artistas en peligro de extinción.

El concierto se estructura básicamente por improvisaciones de media duración (sin contar la retorcidísima versión de Giant Steps, original de John Coltrane) en las que el trio experimenta distintas sonoridades y matices dentro de ellas: las distorsiones tímbricas de Gayle en el saxofón y sus disonancias al piano, el delicado trabajo con el arco de Larry Roland y el africanismo en los tambores de Wimberly, dan muestra de las múltiples posibilidades que existen dentro del free jazz.

Gayle ha cambiado el saxofón tenor por el alto desde hace algunos años y se ha acercado a un sonido más melódico que divide a sus seguidores. Sin embargo la energía permanece, tan sólo la direcciona y dosifica de distinta manera. Aburridísimo sería si continuase buscando ese agresivo sonido que lo dio a conocer a fines de los ochenta.

Foto: B. Desrus / Festival de México

La sesión finaliza, sin embargo el público hace salir a los músicos un par de veces, lo cual sorprende al saxofonista. Gayle se dirige a la audiencia y amablemente agradece el gesto; incluso invita a quien quiera hacerlo a tocar el piano, pero nadie tiene las agallas. Finalmente el trio toca una larga improvisación que recuerda a sus viejos tiempos cuando el nombre de Charles Gayle era sinónimo de resistencia.

Gayle, Roland y Wimberly salen por donde llegaron, las luces se encienden y el teatro luce bastante lleno. Me pregunto de dónde habrá salido tanta gente, quizá sólo estuvieron allí para  aplaudir. Ya saben, todos quieren ser partícipes de las glorias de otros y más aún, cuando saben que hay sufrimiento de por medio.