Festival Distritofónico 2014 Pt. 2

Por Oscar Adad | Fotos: Jesús Cornejo

El cartel del Distritofónico tenía fuego. Los primeros días de conciertos dejaron claro que el festival tenía mucho qué ofrecer en los días por venir. Además de los reconocidos artistas internacionales invitados, los ensambles locales tenían una presencia significativa, lo que aumentaba la curiosidad por descubrir su mundo sonoro. El pianista John Medeski; la artista vocal Lucía Pulido y el chelista Eric Friedlander; la también artista vocal Sofía Rei; el ensamble Bituin; y la banda de free jazz Asdrubal, eran las propuestas que nos esperaban en la segunda jornada del festival.

John Medeski | Foto: Jesús Cornejo

John Medeski | Foto: Jesús Cornejo

El Teatro Jorge Eliécer Gaitán es una belleza. No hay más. Fue construido entre 1939 y 1940, literalmente una máquina del tiempo. Me recuerda a los viejos y grandes cines mexicanos -como en su momento lo fue el Teatro Metropólitan del DF-, a los que solía llevarme mi padre cuando yo era un niño. La marquesina, majestuosa y brillante, alumbraba la Séptima, no con el título de algún estreno cinematográfico, sino con los nombres de los músicos que se presentarían esa noche en el Distritofónico: John Medeski, Lucía Pulido y Eric Friedlander.

Ver a John Medeski en piano solo puede resumirse en una palabra: hermoso. Es un músico que puede pasearse con elegancia entre varios estilos como la música clásica, el jazz y llegar hasta el metal, como en el proyecto Moonchild del compositor John Zorn. Pero al escucharlo dialogar únicamente con el piano, un armonio y la melódica, realmente se revela su gran capacidad expresiva y de imaginación. En el concierto presentó temas de su disco en solitario titulado A different time, complementado con un par de piezas de Thelonious Monk y su desbordante manera de improvisar.

Posteriormente, la artista vocal colombiana, Lucía Pulido, se plantó en el escenario con el chelista Eric Friedlander. Era la tercera ocasión que veía el trabajo de la vocalista con diferentes ensambles. Lucía interpreta canciones tradicionales colombianas, pero suele recurrir a músicos de la improvisación, la música experimental y la electrónica para obtener una nueva lectura del material y un sonido único. En esta ocasión presentó Arrullo de la noche honda, poemas y cantos tradicionales del Pacífico y el Caribe colombianos, trabajo que se convertirá próximamente en libro y LP gracias al impulso de Nova et Vetera, Tragaluz Editores y Festina Lente Discos, del promotor y periodista bogotano Luis Daniel Vega.

Lucía Pulido y Eric Friedlander |Foto: Jesús Cornejo

Lucía Pulido y Eric Friedlander |Foto: Jesús Cornejo

La noche finalizó en el teatro, pero no así el festival. Aún faltaba un concierto en Matik-Matik, un concierto por demás emblemático. Era la noche de Asdrubal, la banda que dio inicio, hace diez años, al colectivo La Distritofónica.

El lugar estaba lleno y se respiraba un ambiente agradable. Parecía que todos sabían del significado de Asdrubal. Además, el grupo presentó su alineación original con Ricardo Gallo al piano, quien abandonó la banda después de su primera grabación por su partida a Estados Unidos, y a quien se decidió no sustituir con otro pianista. Un pacto de amistad, como bien lo dice el libro Jazz en Bogotá, editado en 2010 por la Alcaldía Mayor de la ciudad.

La música de Asdrubal es un encuentro entre el free jazz, el punk rock y las músicas tradicionales colombianas. “Papayera del infierno”, la llaman ellos. Y sí, el concierto fue un festín demoniaco. Aquella fría noche en Bogotá fuimos poseídos por amplificadores a todo volumen, desquiciadas improvisaciones colectivas y candentes ritmos tradicionales.

Asdrúbal | Foto: Jesús Cornejo

Asdrubal | Foto: Jesús Cornejo

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La cantante y songwriter Sofía Rei vive en Nueva York, es de Buenos Aires, y poco a poco se ha ganado un lugar dentro de la nueva música hecha por latinoamericanos en el mundo. Sofía, además de concierto, ofreció un taller donde compartió, entre otras cosas, su visión sobre lo que le ha significado a ella y a su música vivir en la ciudad estadounidense. “He conocido más música latinoamericana en Nueva York que cuando vivía en Buenos Aires. En Nueva York existe una especie de pequeña Latinoamérica donde hay músicos de diferentes países”, afirmaba.

El taller se llevó a cabo en Locus, espacio creativo, nuevo lugar para las expresiones artísticas contemporáneas de la ciudad. Allí, mientras Sofía exponía diferentes ejemplos y ejercicios de su técnica vocal y de las diferentes influencias sonoras en su trabajo, dos jóvenes gemelas la escuchaban con atención. Ellas eran las hermanas Valentina y Juanita Añez, integrantes de Bituin, ensamble que compartiría escenario precisamente con Sofía Rei en el festival.

Bituin | Foto: Jesús Cornejo

Bituin | Foto: Jesús Cornejo

La noche del concierto fue Bituin el grupo que inició con la música en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán. De entrada, el ensamble me pareció muy singular porque estaba formado por dos parejas de hermanos: las gemelas Juanita y Valentina Añez, en las voces; y Santiago y Daniel de Mendoza, en batería y contrabajo, respectivamente.

La música que ofreció el cuarteto fue sorprendente. Una reinterpretación de canciones populares latinoamericanas, pero con el pequeño detalle de la experimentación sonora. Las canciones, que en algún momento pudieron remitirnos al pasado, en manos de Bituin se transformaron en temas actuales e inquietantes. Son cuatro músicos atrevidos, a algunos podrían parecerles irrespetuosos -tal vez-, pero con mucho sentido del humor. Gran noche la que nos regaló Bituin.

Después, fue el turno de Sofía Rei y su propuesta que mezcla diferentes sonoridades de Sudamérica con música contemporánea. Sofía, en poco tiempo, ha tenido muchísimas y muy importantes colaboraciones a lado de artistas como John Zorn, Bobby McFerrin y Maria Schneider, por mencionar sólo algunas. Y es lo que ha hecho que su música se vea enriquecida continuamente. Desde piezas de John Zorn para Masada, hasta temas tradicionales como La Llorona y la invitación a subir al escenario a Lucía Pulido, hicieron una brillante amalgama en su presentación dentro del festival.

Sofía Rei | Foto: Jesús Cornejo

Sofía Rei | Foto: Jesús Cornejo

Festival Distritofónico 2014, diez años del colectivo La Distritofónica – Primera parte

Por Oscar Adad / Fotos: Jesús Cornejo

Con mucho cariño para Mange, Luis Daniel y Julián.

Cuando vi el calendario de conciertos me resultó sorprendente y atractivo. Un festival en Bogotá en el que podían convivir desde músicas tradicionales colombianas hasta estilos como el jazz, el rock, la música contemporánea, e incluso la electrónica, en tan sólo cinco días. Vaya, no era tan común ver una noche a John Medeski en un elegante teatro con su música de improvisación y jazz contemporáneo a piano solo, y la siguiente sudar la gota gorda en un atestado foro callejero con el fulminante vallenato de Don Carmelo Torres y Los Toscos. Una idea nada usual entre los festivales de música independiente, al menos aquí en México. Había que estar ahí. Había que atestiguar los diez años del colectivo La Distritofónica.

Bogotá es una ciudad contrastante. Es la capital de un país que divide a sus pobladores en seis niveles de acuerdo a sus ingresos y que deja ver una Colombia con un alto grado de desigualdad social. Hordas de automóviles salvajes, altos decibeles y advertencias continuas de la delincuencia que se regocija impunemente por las calles, mezcladas con la musicalidad del acento bogotano, es parte de la pintura multicolor de la ciudad. Pero Bogotá es también el lugar de las montañas, el cielo azul y las nubes. El lugar perfecto para echar a volar los cometas e imaginar nuevos horizontes. Y es precisamente entre el caos urbano y los cometas en el cielo donde, desde hace diez años, un grupo de jóvenes artistas decidió empezar a componer nueva música para la banda sonora de la ciudad.

Plaza Bolívar / Foto: Jesús Cornejo

Plaza Bolívar / Foto: Jesús Cornejo

La Distritofónica es un pequeño colectivo de músicos bogotanos que desde sus inicios en 2004 apostó por sacudirse los convencionalismos, tanto en la manera de producir su música como en la música misma. En la Distritofónica toda sonoridad es bienvenida y por esa razón pueden mezclarse estilos tradicionales de su país como la champeta y la cumbia con géneros contemporáneos como el rock, el jazz, e incluso la música electrónica. El resultado en estos diez años es la edición de treinta y siete discos por el colectivo que dan cuenta de la efervescencia y creatividad de la música independiente en Colombia. Motivo más que suficiente para estar de fiesta. Así las cosas, y por cuarta ocasión, echaron a andar el Festival Distritofónico. Para este año, el cartel se dividió en cinco días e incluyó a reconocidos artistas internacionales, ensambles del colectivo y de música tradicional, además de talleres y actividades académicas.

Día uno – Eric Friedlander y Nicolás Ospina Trío

El primer concierto fue en el Planetario de la ciudad. Era mi primer día en Bogotá y fui guiado por Luis Daniel Vega, periodista y fundador del sello disquero Festina Lente, excelente trabajo que merece un texto aparte; y por Julián Cotes, fotógrafo. Subimos al Transmilenio mientras me hablaban de algunos barrios emblemáticos para la música bogotana. Una calle especial es la 33, en el barrio de Teusaquillo. Justo de esa calle tomó su nombre la famosa banda de salsa La 33. La razón es muy simple: ahí estaba su lugar de ensayo. Luego paramos en el Centro a Inter Discos, tienda de viniles en su mayoría dedicados a lo tropical con más de 45 mil títulos. Una locura para cualquier coleccionista. Nada mal el camino previo al primer concierto del Distritofónico.

Finalmente llegamos a la apertura del festival en el Planetario de Bogotá. La sala era pequeña y con buena acústica. Lugar muy adecuado para escuchar el trabajo del chelista Eric Friedlander en solitario. Está de más hacer una biografía de Friedlander, quizá sólo baste decir que al escuchar su nombre uno piensa de inmediato en música hecha a la perfección y desafiante al oído. Friedlander es de los músicos más representativos de la escena “Downtown” de Nueva York y su nombre se asocia mucho con el del compositor John Zorn. De hecho, el concierto que presentó el chelista fue la interpretación de Volac, octavo volumen de Book of Angels, precisamente de Zorn. Friedlander es un tipo de personalidad sobria, pero tremendamente expresivo cuando aborda su instrumento. No permitió interrupciones de ningún tipo y pidió a los fotógrafos dejar de disparar sus cámaras a mitad de la sesión por el casi imperceptible ruido de los obturadores. El set de Friedlander se reduce de una manera muy simple: dio un juego perfecto.

Eric Friedlander / Foto: Jesús Cornejo

Eric Friedlander / Foto: Jesús Cornejo

Luego vino el primer descubrimiento local: Nicolás Ospina Trío. Tanto la personalidad como la música que ofreció fue contrastante con lo sucedido previamente con Friedlander. Si el turno del chelista se acercó más a un concierto de música contemporánea, el compositor bogotano llevó a nuestros oídos los colores de la música popular, el jazz y la canción de autor. Ospina hizo una música muy cercana al pop, pero apoyado en instrumentos acústicos, tradicionales y de músicos invitados, lo que dio gran riqueza tímbrica a sus composiciones. Además, su personalidad como carismático contador de historias llenó de mucha calidez la sala del Planetario.

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Nicolás Ospina Trío / Foto: Jesús Cornejo

Día 2 – Trip Trip Trip e Invader Ace

Lo primero que hizo Luis Daniel esta mañana fue hablarme de un tal Pink Tomate. Me cuenta que es  el gato de la novela Opio en las nubes del escritor bogotano Rafael Chaparro Madiedo, quien murió de lupus a los 31 años de edad, y que con esta única novela publicada se convirtió en un escritor de culto en Colombia. Luis Daniel y Mange (coordinadora del festival) viven en el barrio donde se desarrolla la historia, salimos a la calle y Luis me muestra la avenida donde Chaparro Madiedo describe y dibuja el mar en Bogotá. Miro la avenida, imagino el mar entre los autos y el asfalto, y la voz de Pink Tomate, acompasada y traviesa, me susurra al oído:

“Soy Pink Tomate el gato de Amarilla. A veces no sé si soy tomate o gato. En todo caso a veces me parece que soy un gato al que le gustan los tomates o más bien un tomate con cara de gato. O algo así. Me gusta el olor del vodka con las flores. Me gusta ese olor en las mañanas cuando Amarilla llega de una fiesta llena de sudores y humos y me dice hola Pink y yo me digo mierda,  esta Amarilla es cosa seria, nunca duerme, nunca come, nunca descansa, qué vaina, qué cosa tan seria. Claro a veces me desespera cuando llega con las noches entre sus manos, con la desesperación en su boca y entonces se sienta en el sofá, me riega un poco de ceniza en el pelo, qué cosa tan seria, y empieza a cantar alguna canción triste, algo así como I want a trip trip trip como para poder resistir la mañana o para terminar de joderla trip trip trip”.

Ya para la noche estamos en Matik-Matik, sitio emblemático para la nueva música que se hace en Bogotá. El lugar, además de foro, es también un espacio en el que se apoya la producción de discos y se ofrece difusión y promoción a nuevos proyectos. Aquí es el punto de encuentro de la comunidad de música independiente de la ciudad. El lugar es pequeño, como para 100 personas. Una serie de diseños con el rostro de  Mao Tse Tung adorna una de las paredes. La barra, además, tiene un toque especial porque ofrece sus propios rones “arreglados” con frutas y especias.

Matik estaba casi lleno para el segundo día de festival. Esa noche se presentaron Trip, trip, trip (sí, la onomatopeya de Pink Tomate) e Invader Ace.

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Trip trip trip / Foto: Jesús Cornejo

Trip Trip Trip es un ensamble acústico de guitarras que interpreta música contemporánea original y de otros compositores. Lo interesante aquí, además de la gran calidad de la música que ofreció el ensamble, es que el espacio no era propiamente una sala de concierto, sino un foro de corte más subterráneo. La mitad del público sentada en sillas plegables y la otra mitad de pie  junto a la barra escuchaba con atención todas las sutilezas que puede ofrecer un ensamble de estas características. La gente vino a escuchar la música y eso se agradece.

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Invader Ace / Foto: Jesús Cornejo

Después subió al escenario el dueto escandinavo de techno Invader Ace. Ya mi amigo Santiago Botero, bajista de MULA y Los Toscos, me había puesto al tanto de estos tipos. Las sillas ya no estaban y olía a una descarga de baile desenfrenado. Y en efecto. Estos caballeros con guitarra, tuba, botones, pedales análogos y radios viejos, se encargaron de reventar el voltaje de Matik-Matik. En plena era digital Invader Ace opta por hacer todo su trabajo con tecnología análoga, y el resultado es alucinante. Lo de Invader Ace fue el grado de temperatura que faltaba para hacer volar la olla express de los tres conciertos previos del Distritofónico. Ahora sí, el festival había iniciado.

Richard Bona, sin miedo a las diferencias*

Por Oscar Adad

31 de julio. Lunario del Auditorio Nacional. 18:00 horas

La prueba de sonido no marcha bien. Problemas en el equipo técnico de Richard Bona hacen que el camerunés se moleste cada vez más. Indicaciones al ingeniero de audio y cambio de equipo en repetidas ocasiones sin éxito alguno, ponen en jaque el segundo concierto de la banda en tarima mexicana dentro del ciclo NY@MX.

Finalmente, y con la terquedad de la falla técnica, Bona da por terminada la prueba y con voz incómoda se dirige a sus músicos: “ya me las arreglaré en el concierto”.

Parece ser el peor momento para concretar la entrevista pactada para esa tarde, y el jefe de prensa corrobora la sospecha. Así las cosas, tengo que esperar al final del concierto para charlar con el bajista.

Foto: Akwa Betote

22:15 horas

El Lunario luce abarrotado. Mi asiento se encuentra en el último rincón de la parte trasera del recinto, casi junto a la salida de emergencia, lo cual, en vez de molestarme, me tranquiliza. No así a una conductora de televisión quien, al percatarse que su asiento se localiza en la misma zona, decide infructuosamente buscar acomodo en otro sitio olvidándose de que los demás lugares han sido pagados de antemano. Tiene que volver. Las luces se apagan y automáticamente la mecha que hará detonar la música se enciende.

El Richard Bona Group sube al escenario; sus integrantes toman los instrumentos y la música se abre brecha hacia los oídos de los presentes para cumplir una vez más su cometido. Desde las primeras notas se percibe un cambio de actitud radical por parte de los músicos con respecto a la prueba de sonido que tuvo lugar horas antes. Pareciera que los problemas técnicos dentro del escenario se diluyen ante la contundencia de la música de la banda y, con la entrega del público desde el inicio, el Richard Bona Group se sitúa rápidamente en la cresta de la ola.

El camerunés aprovecha al máximo sus dotes como instrumentista y compositor, no en vano es uno de los bajistas más solicitados del mundo. Por si fuera poco, está apoyado por una banda que, más allá de tener un altísimo nivel técnico, permite entrar en juego a un factor fundamental para el desarrollo de la música: la multiculturalidad. El Richard Bona Group es una especie de comunidad mundial donde los integrantes provienen de diferentes partes de la tierra, y en la que crean una paleta de colores sonoros con gran diversidad de matices.

Después de casi dos horas de concierto donde se desplegaron temas de la discografía de Richard Bona, juegos con el público, muestras de la capacidad técnica y creativa de sus músicos, así como un pequeño tributo a Jaco Pastorius y Joe Zawinul al tocar Liberty City y Birdland, respectivamente, se da por finalizado el show. La banda abandona el escenario entre aplausos y gritos del público que empieza a hacer una larga fila para obtener un autógrafo del también bajista del Pat Meteheny Group. Es momento de preparar la grabadora.

01:10 horas

La fila parece no tener fin, y lo que me temía…el jefe de prensa me informa que la entrevista tendrá que llevarse a cabo al día siguiente. Me presenta con el bajista, pactamos la hora y Bona se despide de un servidor con un una petición: “¡llévame unos tacos!”

1 de agosto. 12:00 horas. Lobby del hotel

Bona es, ante todo, puntual. Marco a su habitación y, en tono tranquilo y pausado, me dice que bajará enseguida. Así lo hace. El camerunés es alto, aproximadamente 1.80; sus trenzas acarician levemente sus hombros. Me recibe con una franca sonrisa, un fuerte apretón de manos y me invita a tomar asiento. Lleva una camisa blanca tradicional la cual despierta mi curiosidad. Richard me descubre, y me dice que se hizo de ella en Perú durante la gira. La grabadora ya está encendida así que la charla continúa su flujo natural.

¿Cómo fue que te hiciste músico?

Nací rodeado de músicos: mis tíos, mi madre, mi abuelo, fue fácil estar en ello, así que no me hice músico, nací músico.

Además no necesitaste ir a la escuela de música…

No creo en enseñar música a la gente en las escuelas. Tienes que ser un músico primero. Es como enviar a los niños a las escuelas de fútbol o cosas por el estilo. Si no tienes los fundamentos, las bases, lo cual es un don natural, nunca vas a convertirte en un buen músico.

Eres un caso especial porque además de no ir a la escuela de música, construías tus propios instrumentos cuando eras niño…

Es otra de las cosas naturales cuando eres un ser humano. Por ejemplo: cuando tienes hambre, comes. Y cuando naces en un lugar donde no hay tiendas de música y quieres tocar debes construir tus propios instrumentos. Tienes que ser creativo y hacer las cosas por tí mismo. Fue así que me fabriqué mis propias percusiones, guitarras, flautas, cualquier instrumento, no todos sonaban bien pero…(risas).

Al parecer eras un niño bastante inquieto… Si, (ríe) era un niño muy curioso en general. Además me sentía atraído por música en la que no estaba involucrado, música fuera de mi mundo.

Curiosamente gran cantidad de músicos sólo se interesan en la música en la que están involucrados…

¿Sabes? Mi concepción es no tener miedo a las diferencias ya que aprendo más de ellas. Por ejemplo: con mi abuelo, comíamos la misma comida, hablábamos el mismo idioma, tocábamos la misma música, dormíamos a la misma hora y llegó el punto en que aprendí todo con él. Pero si alguien que vive en Japón me enseña, aprendo más de ello ya que son otras ideas y formas de ver la vida, y la música es una forma  de vida.

Eres un músico que toca con gente de varios estilos ¿hay alguna razón especial para ello?

Porque me da inspiración. No me gusta tocar la misma música por mucho tiempo, ni siquiera mi propia música. Me gusta tocar otras cosas y es lo que me da más inspiración. Odio estar siempre en el mismo lugar. El día que sienta que estoy en el mismo lugar ese día será cuando deje de tocar música.

Sin embargo, no deja de sorprender tu flexibilidad en situaciones musicales específicas…

Aplico la música al contexto; ponme a improvisar con alguien y lo hago, a tocar groove y lo hago también. O en el caso de los cantantes como Bobby McFerrin con quien toqué hace un par de meses. Hicimos un dueto donde no toqué el bajo sino que hice trabajo vocal. Fue algo más cercano a la poesía; no fueron solo canciones ya que no se trata tan sólo de notas, sino de tomarlas y hacerlas sonar en la poesía.

En términos de improvisación y técnica ¿cómo trabajas?

Baso mi improvisación en mayor medida en el tiempo, en el momento, y a partir de ahí ser espontáneo, pero no es sólo algo que toco. He trabajado por muchos años mi técnica y la he desarrollado para poder hacer sonar mi bajo como lo que sea, escuchar un sonido y hacerlo con el instrumento. Toco el bajo no sólo para tocar el bajo, toco el bajo para crear sonido.

En ese sentido, ¿qué tipo de músicos buscas para tus proyectos?

Busco músicos que tengan conocimientos de jazz pero que no sólo toquen jazz, sino también músicas diferentes. Que no toquen jazz de forma sistemática, que sean capaces de saltar de un género a otro, es el tipo de músicos que busco para mis bandas.

Para finalizar ¿cuál es la importancia del contenido espiritual en tu música?

La música es espiritual, no puedes hacer música sin tener en cuenta el lado espiritual. ¿Qué es el espíritu? Es algo que no podemos ver, no lo podemos tocar pero si lo podemos sentir, y eso es lo más hermoso. Y en la música es lo mismo, ¿acaso alguien puede decir de qué color es la música? O ¿qué forma tiene? La música es algo que escuchas y sientes. La misma música que escuchas puede hacer ver a alguien el cielo, a otra persona el mar. Es como el espíritu: conecta a la gente con algo.

*Entrevista publicada en la revista Music:Life en diciembre de 2008

Rafael Toral, el retorno de los circuitos vivientes*

Por Oscar Adad

Basta ver al portugués Rafael Toral en acción para darse cuenta de que la música existe en cualquier resquicio posible: desde en un instrumento convencional hasta en lo más polvoso de un, en apariencia inerte,  circuito electrónico.

Rafael Toral / Foto: www.vimeo.com/rtoral

Rafael Toral / Foto: http://www.vimeo.com/rtoral

Oriundo de la ciudad de Lisboa, Rafael Toral es, en primera instancia, un guitarrista que por varios años trabajó con el instrumento apoyado en software. Sin embargo, al llegar a la cima de esta etapa creativa  con el bellísimo Violence of Discover and Calm of Acceptance (Touch, 2001), el portugués temía entrar en una zona de confort si continuaba dentro de ese sendero. Es en este punto cuando decide torcer la tuerca y generar Space Program, trabajo que el propio autor describe como “melódico pero sin notas; rítmico pero sin beat; familiar pero extraño y; meticuloso pero radicalmente libre”.

Space Program ha llevado a Toral a terrenos por demás inestables y de descubrimiento contínuo, tanto para él como para quien se acerca a este trabajo. Space Program es un cuestionamiento al origen académico que dio a luz a la música electrónica experimental. Por ello, Toral se interesa en ser un artista venido de dicha estética pero tratando de situarse en la cultura del jazz, cultura eminentemente popular…BUM.

Rafael Toral / Foto: Nuno Martins

Rafael Toral / Foto: Nuno Martins

Si, es un golpe, porque a partir de esta idea Toral aprovecha y contrapone las posibilidades de ambas tradiciones para generar un nuevo lenguaje. El portugués está convencido de que si la música electrónica hubiera surgido de la cultura popular del jazz y no de las academias y la tradición de la música clásica, los resultados serían totalmente distintos. Es precisamente por esta razón que Space Program es un proyecto por demás atractivo. De hecho, Toral plantea que la música generada por Space Program podría llamársele jazz contemporáneo si se sigue la línea evolutiva y natural del género sin contar la regresión que sufrió en la década de los 80.

Sin embargo, y más allá de situarse en un plano imaginario en la historia de la música, Rafael Toral visualiza Space Program como una contribución a la musicalidad. La música electrónica, en su mayoría,  ha puesto especial importancia a la obra terminada y a las fuentes sonoras que la generan dejando de lado al  individuo/músico como tal. Por ello, el portugués pone el acento precisamente en este tema. Para él es fundamental la intuición, la gestualidad y la fisicalidad de la música en el proceso interpretativo.

Rafael Toral / Foto: Vera Marmelo

Por lo anterior, ha intervenido y creado sus propios instrumentos electrónicos, los cuales, carecen de un vocabulario y técnica previas para tocarlos. Los instrumentos de Toral tienen un comportamiento poco predecible y aceptan parcialmente el control del intérprete. El resultado es una tensión permanente entre las decisiones musicales específicas del músico y las probabilidades de respuesta del instrumento.

De este modo, Space Program se convierte en una innovadora teoría que cuestiona y enriquece distintas culturas que, si bien tienen puntos de contacto, jamás se había generado una hibridación como la que plantea Rafael Toral. El portugués, a partir de las diferencias, encuentra puntos en común para mantener el cambio constante en la música y, sobre todo, para acercarnos como seres humanos.

*Texto basado en Space Program, editado en el disco Space (Staubgold, 2006)

Rafael Toral se presenta el sábado 19 de marzo en La Terraza del Centro Cultural España. 19:00 horas.

Evan Parker e invitados en México / 16.03.2011 @Festival Aural*

Por Oscar Adad

La década de los sesenta fue un parteaguas para el desarrollo de la música de improvisación en Europa. Si bien los músicos del viejo continente que se dedicaban al jazz básicamente “copiaban” las formas del género norteamericano, a la llegada del free jazz fue que encontraron una voz propia. Por paradójico que parezca, los músicos europeos de jazz al intentar “imitar” las salvajes y rupturistas expresiones del free jazz descubrieron, de golpe,  terreno fértil para tomar un camino con personalidad e identidad.

Por lo anterior, surgió en aquella década –sobre todo en la Gran Bretaña- una camada de músicos y proyectos que definieron gran parte de la música de improvisación de la segunda mitad del siglo XX: Spontaeous Music Ensemble, AMM, el guitarrista Derek Bailey, el batería Tony Oxley, el contrabajista Barry Guy, el saxofonista Lol Coxhill, el percusionista Paul Lytton y nuestro hombre a seguir: el saxofonista Evan Parker.

Evan Parker / Foto: Linda Nylind

Actualmente considerado como piedra angular y figura obligada dentro de la escena de la música de improvisación en el mundo, Evan Parker es de esos poquísimos artistas que han labrado su sonido de forma muy detallada, incorporando no sólo recursos tradicionales, sino también técnicas extendidas y, lo más importante, trabajando fuertemente en la relación de la idea con la técnica, es decir, la interacción de la mente con el cuerpo.

La técnica del saxofonista nacido en Bristol un 5 de abril de 1944 presenta distintos referentes. Por un lado, es muy palpable la influencia del período tardío del saxofonista John Coltrane (sobre todo en el saxofón soprano), asimismo la escucha y estudio minucioso de la música de Charlie Parker, Pharaoah Sanders, Roland Kirk y Steve Lacy, así como la polirritmia de músicas de diversas regiones de África,  han llevado a Evan Parker a construir las características que lo distinguen claramente de sus contemporáneos: la respiración circular y la falsa digitación.

Pero la música del también fudador del importante sello disquero Incus no se limita a su depurada técnica. El trabajo constante en este rubro es porque, para él, hay ocasiones en que ésta predomina sobre la idea, y viceversa. De hecho, ha declarado que su instrumento es una especie de “modelador de la imaginación”, e incluso, “limitador” de la misma. La técnica es parte fundamental de su expresión como artista, si, pero también sus capacidades de improvisador y, sobre todo, de detonador de la imaginación, es lo que hacen de este hombre un creador único. Por ello, se le ve en diversas situaciones que van del free jazz, la electrónica, la libre improvisación, hasta llegar al noise.

Evan Parker / Foto: http://www.jazzfm.com

Por otro lado, el escucha es también un pilar en la música de nuestro artista en cuestión. Sin embargo, no cualquier tipo de escucha. Parker, en primera instancia, toca consigo y para sí mismo. Si la música funciona en esos términos, funcionará para los demás. El saxofonista ha dicho que jamás caerá en la indulgencia porque lleva a la más absurda generalización sobre los seres humanos. Por ello, la apuesta es hacia la inteligencia y la imaginación de quien lo escucha, es decir, busca escuchas activos que participen directamente en el proceso y que tomen decisiones de manera independiente.

Así las cosas, lo que presenciarán esta noche es a un hombre al frente de una banda donde lo esencial es provocar la imaginación del espectador a través del sonido. Para Parker es de suma importancia mantenerla afilada y atenta a lo que sucede en el mundo. Porque es ahi, en la imaginación, donde no sólo se encuentra realmente la música del porvenir sino -como plantea el filósofo Charles Muses- la memoria del futuro.

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Evan Parker: En definitiva la música de improvisación tiene un antes y un después ante la llegada de este hombre. Parker ha desarrollado como nadie el estilo. De él se pueder hablar en términos compositivos, como improvisador, y como pensador de la música.  Sus cientos de grabaciones están documentadas en los más importantes sellos discográficos de música experimental: Leo, Emanem, ECM, Incus, Paratactile, FMP, Okka, Victo, Smalltown Superjazz, Tzadik, Cleen Feed, entre otros.

Chris Corsano: Sin duda uno de los baterías jóvenes más sobresalientes en la actualidad. Corsano es poseedor de un sólido estilo que lo ha llevado no sólo a destacar dentro de la escena de la improvisación, el free jazz y el rock extremo, sino también en el terreno del pop experimental siendo batería de planta de la cantante Björk. Y es que Corsano es un baterista poco común, su estilo tiene más que ver con la melodía que con el ritmo, además de contar con un sinfín de recursos sonoros que hacen de su set de percusión un colorido generador de sonidos.

John Russell: Originario de Inglaterra, Russell es de la camada de improvisadores surgidos en la década de los sesenta en la Gran Bretaña. Aunque es el que ha tenido menos impacto mediático, Russell es un guitarrista que conoce a la perfección los senderos de la improvisación, estilo donde se siente más cómodo porque  puede desarrollar de igual manera su capacidad intelectual e intuitiva. A Russell se le puede escuchar tanto en grabaciones como líder, así como en asociaciones con músicos del talante de John Butcher, Roger Turner y Phil Minton, entre los más destacados.

John Edwards: Es uno de los contrabajistas más activos dentro de la escena de improvisación londinense. Edwards es un artista que ofrece entre 150 y 200 conciertos al año con diferentes agrupaciones. Actualmente forma parte de varios proyectos con el saxofonista Evan Parker y la lista de sellos discográficos donde aparece su nombre es amplia y de gran reputación: FMP, Emanem, GROB, Bo´Weavil, Cleen Feed y Tzadik, entre muchos otros.

*Programa de mano realizado para el concierto del 16 de marzo de 2011 en el Teatro de la Ciudad dentro del Festival Aural

Remi Álvarez / Mark Dresser @Festival Aural 16/03/2011*

Por Oscar Adad

“Structured or free?” fue la pregunta lanzada por el contrabajista Mark Dresser (Los Ángeles, CA. 1952) al saxofonista Remi Álvarez segundos antes de iniciar la grabación que documentaría el primer encuentro de estos dos músicos, y que se vería reflejado en el disco Soul to Soul (Discos Intolerancia) grabado en noviembre de 2008.

La respuesta no se dejó esperar: “free”, respondió tranquilamente el saxofonista originario de la Ciudad de México. A partir de ese momento las cosas estaban claras y la sesión estaría marcada por el estilo que ambos músicos disfrutan, desarrollan y retroalimentan constantemente: la libre improvisación.

La historia de este encuentro tiene sus antecedentes en 2004 cuando Remi Álvarez viaja a la ciudad de Vancouver, Canadá, y conoce de forma personal al contrabajista. Años después, Álvarez invita a Dresser y al pianista Denman Maroney a formar parte de la programación del lamentablemente extinto Festival de Jazz de Tlalpan, en 2008. Y es precisamente ahí cuando se da la oportunidad de compartir ideas, ahora sí, en una sala de grabación.

El choque de ambos artistas es muy llamativo. Por un lado, la carrera de Mark Dresser es impecable e implacable. Es un contrabajista que lleva al instrumento a descubrir nuevas posibilidades cada vez que pasa por sus manos. Dresser es un músico que trabaja en todos los resquicios de la composición e improvisación. Además, su interés en la interdisciplina y las nuevas tecnologías lo convierte en un artista fuera de serie.

Mark Dresser

Por su parte, Remi Álvarez es de los contados músicos de la escena local que realmente dedican el 100% de su tiempo al estudio y desarrollo de la música creativa. Remi, sin duda, es de los pilares de la música de improvisación y el free jazz en nuestro país. No en vano, además de sus propios proyectos, ya ha tenido los tamaños para tocar con creadores del calibre de William Parker, Cooper Moore, Joe Morris y Hamid Drake, entre otros.

Es la segunda vez que estos artistas se ven las caras. Sin embargo, es la primera que se presentan en público, y es cuando las cosas cambian. En la grabación, el tiempo generalmente juega a favor y las decisiones posteriores son parte esencial. En vivo, el tiempo es un factor determinante en el rumbo que tomará el sonido desde su inicio y las decisiones posteriores se trasladan al tiempo real, decisiones en el momento que definen las cambiantes situaciones que la música experimenta.

Remi Álvarez / Foto: http://www.remialvarez.com

Por otra parte, el escucha se convierte en una variable más de la ecuación y estimula, todavía más, el proceso musical. Es decir, al existir la figura del escucha se tienden puentes de diálogo entre la música creada por la improvisación y la biografía musical del espectador obligándolo a construir nuevas formas y estructuras de percepción, en otras palabras, a generar nuevo conocimiento.

De este modo, la asociación Dresser – Álvarez tiene mucho que decir en el entarimado. El hecho de que sea la primera ocasión que se vean en un escenario aumenta las posibilidades de descubrimiento tanto de los creadores como del espectador. La improvisación se alimenta precisamente de la búsqueda incesante y de los encuentros casuales. Dresser y Álvarez lo saben, y han llegado hasta aquí tras una vida de arduo trabajo y con el espíritu de aventura más que fortalecido.

En cuanto al espectador, sólo queda invitarlo a escuchar. Si, a realizar esa actividad de la que mucho se habla, pero que en realidad, se sabe muy poco.

*Programa de mano para el concierto del 16 de marzo de 2011 en el Teatro de la Ciudad dentro del Festival Aural

El Taller de Música del Manicomio Nacional de Colombia, presenta: Meridian Brothers

Por Oscar Adad

A veces se pierde la esperanza de escuchar agrupaciones que sorprendan, que tomen riesgos, que se metan a nuestros oídos y arranquen esa sonrisa que significa que serán entrañables y recordadas de por vida. Sin embargo, la música generalmente ocurre en el sitio menos pensado. El Festival Poesía en Voz Alta, en su edición de 2010, presentó –entre otras cosas- a los colombianos Meridian Brothers, banda que se acerca más a un taller de música de algún manicomio que a un grupo convencional.

Si, Meridian Brothers es un colectivo que funciona bajo la premisa de la intersección de los estilos y la desfachatez sonora. No tiene reparo en conjuntar -y es aquí la médula de su trabajo- la escuela de la música contemporánea y electroacústica con músicas populares y de tradición oral, como el vallenato y la cumbia de su país, además de incorporar a la fiesta otros estilos como el rock y el pop.

Con una sólida formación en diferentes áreas del sonido, estos colombianos llevan al escucha por la cuerda floja. Lo saben bien y gozan con ello. Esta música se va descubriendo como una realidad paralela donde todo es terreno inestable y, al mismo tiempo, con referentes muy claros de donde asirse. Pero no canten victoria, esa sensación de perder el equilibrio y caer al vacío es la constante.

Conformado por Eblis Álvarez (dirección, voz, guitarra y electrónica), Alejandro Forero (electrónica), Damián Ponce de León (batería y electrónica), María Angélica Valencia (clarinete, glokenspiel, y sintetizador), César Quevedo (bajo) y Mauricio Alexander Báez (ingeniero de audio), Merdian Brothers está en la Ciudad de México para ofrecer su último concierto este viernes a las 22:00 en Casa Hilvana.

Foto: Carolina Pardo

Eblis, Meridian Brothers me llama mucho la atención, sobre todo, por el juego entre el mundo de la música contemporánea con el de la música popular. ¿Cómo surge la idea de crear un grupo con estas características tomando en cuenta tu formación dentro de la música clásica, contemporánea y electroacústica?

La banda nace por un cuestionamiento a lo que pasa dentro de la música en la que fui educado. Hace 100 o 150 años, esta música era para la gente, los compositores trabajaban para el pueblo y la sociedad. Pero he percibido que se ha ido encajonando en las academias, se ha vuelto música universitaria y de gente especializada. Mi teoría de ser músico es comunicarme y pasar un conocimiento a la gente que no lo tiene, y estas técnicas (en Meridian Brothers) están aplicadas a la música para comunicarse con la gente.

¿Has percibido el mismo caso del lado de los músicos de estilos populares?

Puede ser. Que se encajonen en una especie de academia de ellos mismos y su público, y no traten de transgedir estas barreras.

¿Qué tan complejo ha sido el proceso de trabajar con estos tipos de música?

En apariencia es bastante difícil pero realmente no lo es, ya que muchas de las músicas que utilizamos, folclóricas y populares, poseen unos ritmos que son muy interesantes y pueden atraer a un músico académico desde su punto de vista. Nosotros no lo hacemos, nosotros utilizamos los clichés y los incorporamos a toda esta cantidad de timbres que probablemente vienen de la música electroacústica, pero que al final resulta una mezcla muy interesante. No es tan difícil, pero requiere de cierto tacto.

En Colombia tienen una gran diversidad de músicas: cumbia, vallenato, champeta, bullerengue, etc ¿Qué importancia ha tenido en tu desarrollo como músico el estar cerca de las músicas tradicionales de tu país?

Para mí es lo más importante, de hecho. Cuando estás en otros lugares, que no son tu país, te das cuenta de la identidad que tienes. Pero si a esta identidad se le ve como una cuestión de museo no funciona porque ahora la música es muy universal, y lo que tratamos de hacer es universalizar esas músicas (tradicionales) con lenguajes globales.

Foto: Carolina Pardo

¿En Colombia qué tanta difusión tiene la música tradicional?

Si la hay. Lo que no hay es difusión para trabajos como el de nosotros donde mezclamos esto (música tradicional) con otras cosas. La gente es muy conservadora y tienen dificultad en aceptarnos. Para la música folclórica tradicional hay medios de difusión, a la gente le gusta, baila, hace fiestas, pero lo que hacemos nosotros es un poco más difícil de difundir.

Incluso podría parecer difícil de difundir para todos los públicos: al de la música contemporánea y electroacústica podría parecerle muy “popular”; a los del rock, muy “experimental”, y la lista podría seguir…

Exactamente. Es un poco nuestro reto. Queremos utilizar estas técnicas complejas de la música electroacústica y aplicarlas en la música popular y muchas veces nos sale el tiro por la culata, no nos acepta ni uno ni otro. El reto es crear un canal de comunicación propio para nuestra música, de gente que tiene un trasfondo teórico y académico pero sin querer utilizarlo del todo, sino querer comunicarse desde el punto de vista popular.

Finalmente, Eblis, en México muchas bandas se olvidan de las músicas locales y siguen las tendencias de Europa o EU…

Pues funciona bien dentro de un mercado local, pero dentro de un mercado global ya no porque ya está la gente que hace la música original.

Más información en http://www.meridianbrothers.com http://www.myspace.com/meridianbrothers