“La música improvisada te invita a cuestionar tus preconcepciones de la creación musical”: Gerardo Alejos, fundador del festival Cha’ak’ab Paaxil*

Por Oscar Adad

Gerardo Alejos

Gerardo Alejos

Para muchos, podría ser extraño imaginarse que en nuestro país, fuera de la ciudad de México, existan opciones dentro de la música experimental. Tendencias como el free jazz, la improvisación libre y el noise siempre se han visto como sonoridades minoritarias, y las cuales, en su mayoría, están concentradas en el Distrito Federal. Sin embargo, en la ciudad de Mérida, desde hace 6 años, se genera el festival independiente Cha’ak’ab Paaxil (música libre en maya), dedicado precisamente a toda esta paleta de sonidos, además de talleres para músicos, niños y no músicos. Para esta sexta edición que se llevará a cabo del 16 al 19 de mayo, el festival incluye importantes nombres tanto nacionales como internacionales entre los que se encuentran el pianista John Blum, el batería Milo Tamez, el artista sonoro Kevin Drumm (en colaboración con el festival Aural) y el saxofonista pionero en el free jazz en México Alejandro Folgarolas, entre muchos otros.

Tuvimos una charla con Gerardo Alejos, fundador y organizador de Cha’ak’ab Paaxil

¿Cómo te sientes ahora que ya cuentas con un apoyo después de estar prácticamente autofinanciando el festival?

Naturalmente, contar al fin con un presupuesto, por más modesto que sea, es algo que facilita mucho las cosas y nos permite invitar a más músicos y ampliar las actividades del festival. De nuestras seis ediciones anuales, sólo hemos contado con apoyo económico (beca) en dos, la primera edición en el 2008 y este año. El primer año, hubo más de 30 músicos invitados, entre artistas internacionales y nacionales (no contando a los yucatecos). Y este año, también hay casi 30 músicos invitados, aunque en esta ocasión casi la mitad de los participantes son de Yucatán. Desde hace dos años que tuve a mi primera hija, consideré dejar de hacer el festival porque ya no puedo cubrir los gastos de mi propio bolsillo, así que tener un apoyo económico es algo que garantiza la supervivencia del festival al menos un año más.

¿Para ti qué representa la música experimental y de improvisación?

Para mí, la improvisación, en primer lugar, es un método de creación musical y no un género. Como dice Derek Bailey en su seminal tomo “Improvisación: su naturaleza y su práctica musical”, la improvisación es la música más antigua que existe (los primeros homínidos que usaron su cuerpo o algún objeto como instrumento musical, con toda certeza, eran improvisadores), y décadas atrás el musicólogo húngaro Ernst Ferand, en su obra “La improvisación en la música”, ya había afirmado que la improvisación es la madre pocas veces reconocida de todas las formas musicales. Para nosotros no hay ningún conflicto entre los métodos de la improvisación y la composición; de hecho, nos parece acertadísimo el término que usa Misha Mengelberg para referirse a la improvisación: “composición instantánea”. Particularmente, lo que más me interesa de la improvisación es su doble naturaleza al ser, por un lado, el método de creación musical más antiguo del mundo, y por el otro, un método que te permite crear piezas que nunca serán interpretadas de la misma manera y que por lo tanto siempre tendrán algo “nuevo”. Y en cuanto a la música experimental, me parece más que suficiente la definición de John Cage de los años 50: “un acto experimental es aquél cuyo resultado es imprevisible”.

Festival

¿De qué forma has notado que un festival de este tipo ya forma parte de la vida cultural de Mérida? ¿De qué forma la comunidad participa?

Ésta es nuestra sexta edición anual, y de entrada mucha gente nos reconoce el hecho de haber logrado sobrevivir tantos años sin hacer concesiones estéticas. Mucha gente de Mérida también nos agradece que cada año ofrezcamos talleres gratuitos, algo que hacemos para promover no sólo la aparición de oyentes activos sino de músicos que tengan más apertura a la experimentación musical. Debido a nuestras limitaciones presupuestales, mucha gente de Mérida ha participado con nosotros como voluntarios o incluso nos ha prestado instrumentos o apoyado de otras formas. Naturalmente, si no hubiera un público para lo que hacemos, sería mucho más difícil reunir la voluntad para hacerlo, así que nos consideramos afortunados de contar con el apoyo del público yucateco y con el interés de mucha gente de todo el país y del extranjero.

Desde tu perspectiva ¿cómo ha modificado el entorno social y cultural el festival?

De entrada hay que reconocer que somos únicamente un festival de música, y como tal nuestro propósito fundamental es de carácter estético (presentar en Mérida a improvisadores de gran calidad en ensambles ad-hoc que faciliten que los músicos salgan de su zona de confort musical y trabajen libremente en una estética fértil y arriesgada). Pero en donde sí se puede notar un verdadero cambio es en el hecho de que un número inusitado de grupos musicales yucatecos de toda clase de géneros (rock, ska, música electrónica bailable, punk, etc.) hayan empezado a incorporar en su trabajo la improvisación, e incluso el ruidismo, desde hace varios años. Es decir, ahora es muy frecuente ver en Mérida a grupos que no son de free jazz o de música experimental que de repente tienen un interludio en donde modulan el feedback de sus amplificadores, o usan drones o técnicas instrumentales extendidas, etc., y no sería raro que la primera vez que muchos de esos músicos estuvieron estado expuestos a la música experimental haya sido en alguna edición de nuestro festival.

¿Cómo fue el proceso de integración de un festival de esta naturaleza a la comunidad de Mérida?

De entrada, mucha gente dentro de la escena musical yucateca me conocía como promotor de jazz desde antes de la creación del festival. Y antes aun (desde mediados de los 90, es decir, hace casi 20 años), mucha gente de la escena underground en Mérida nos conocía a mí y a Enrique Rejón (músico y también uno de los coorganizadores del festival junto con mi esposa, Leonor Chávez) como músicos y organizadores de conciertos de doom y death metal. Pero ahora creo que la mayoría de la gente sabe que, además de gustarme el jazz y el metal y muchas otras formas de música, lo que más me gusta es la improvisación libre, el free jazz, el noise y demás formas de música experimental.

Naturalmente, nunca hemos esperado que el festival tenga audiencias masivas al estilo de festivales de rock o pop, pero nos complacen los números que hemos obtenido tras seis ediciones de nuestro festival:

6 ediciones anuales del 2008 hasta la fecha
Audiencia promedio anual: entre 400 y 600 personas
Audiencia total durante las 6 ediciones: entre 2,000 y 3,000 personas
Número total de conciertos durante las 6 ediciones: 94
Número de artistas internacionales durante las 6 ediciones: 29
Número de artistas nacionales durante las 6 ediciones: 50
Número de artistas yucatecos durante las 6 ediciones: 22
Talleres gratuitos impartidos durante las 6 ediciones: 12

¿Los talleres para niños y no músicos son una apuesta a formar públicos, formar personas…?

Ambas cosas, pero también responden a una necesidad personal mía. Hace poco leí que Christian Wolff dijo lo siguiente: “Tanto Frederic Rzewski como yo descubrimos que cuando empiezas a tener hijos y a convivir diariamente con niños pequeños, la vida se vuelve muy diferente, sobre todo tu vida laboral. Y ambos nos dimos cuenta que empezamos a trabajar con estructuras musicales basadas en unidades muy pequeñas”. En el caso del Cha’ak’ab Paaxil, con los talleres dirigidos a no músicos pretendemos acercar la práctica de la música experimental a la comunidad y además ofrecer un contexto práctico-teórico para la apreciación de la improvisación y de la música experimental. Y sobre los talleres para niños, siempre hemos tenido interés en realizar presentaciones de música experimental para niños, pero en los últimos años hubo la coincidencia favorable de que, por un lado, los músicos y educadores Juan García (contrabajista) y Aimée Theriot (violonchelista), miembros del equipo de trabajo del festival, fundaron en Mérida la organización No.Estación.Arte y empezaron a realizar talleres de experimentación musical en comunidades de población mayoritariamente indígena en el interior del estado, y por el otro lado, como mencioné antes, yo tuve a mi hija Natalia hace 2 años y medio y por lo tanto siento ahora una nueva responsabilidad sobre la educación musical de ella y de los demás niños de su generación o generaciones cercanas. Desde entonces, hemos llevado a Vic Rawlings a dar un taller de circuit-bending y hardware-hacking a niños comunidades indígenas en el interior de Yucatán, hemos organizado un taller de Alan Courtis para niños con parálisis cerebral y otras discapacidades, hemos organizado conciertos didácticos para acercar el free jazz y las técnicas extendidas a los niños… Y tenemos muchas otras ideas al respecto que iremos desarrollando en las próximas ediciones, de conseguir el apoyo presupuestal y logístico necesario.

Desde tu perspectiva ¿qué puede aportar la música improvisada al entorno social de una comunidad?

Creo que toda la música, no sólo la música improvisada, puede tener un efecto positivo a nivel individual, y esto se puede ver reflejado en la sociedad en su conjunto –al menos en teoría– gracias a la labor individual de la gente que se esfuerza por mejorar el nivel de vida de la sociedad desde el ámbito que sea. Y de forma específica, la música de improvisación tiene al menos dos grandes aportaciones sobre los individuos (y, por lo tanto, posiblemente sobre la sociedad en su conjunto): en primer lugar, la práctica de la improvisación musical te fuerza como intérprete a dejar atrás mucha clase de limitaciones psicológicas o creativas, a romper ciertos paradigmas y a expresarte con un mayor grado de libertad. Y en segundo lugar, la improvisación libre –y en general la música experimental– le exige un alto grado de atención y de concentración a los oyentes; es decir, te exige convertirte en un oyente activo e incluso te invita a cuestionar muchas de tus suposiciones o preconcepciones acerca de la naturaleza de la creación musical o de cómo debe sonar un determinado instrumento.

*Entrevista publicada en Afterpop.tv

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