Sun Ra Arkestra, llamando al planeta tierra.*

Sun Ra

Sun Ra

Por Oscar Adad @oadad

“I always say it’s not my Arkestra, it belongs to some other force which wants certain things, to reach people”. Sun Ra

La verdad es que ya había perdido la esperanza, si es que alguna vez la tuve, de ver en vivo a la Sun Ra Arkestra. La leyenda de Herman “Sonny” Blount (1914 -1993), ese hombre que en la época de la postguerra decidió, o más bien recordó, que venía unas veces de Saturno, y otras tantas de la estrella Sirio, parecía ser sólo un buen recuerdo en las charlas de quienes pudieron vivir semejantes experiencias en México en décadas anteriores. La Sun Ra Arkestra ha tenido una fuerte relación con nuestro país, pero existen datos borrosos de lugares y fechas de presentaciones: algunos dicen que se presentaron en el Palacio de Bellas Artes, otros que en el Teatro Hidalgo, otros más que en Ciudad Universitaria, y es común la historia de sus apariciones en el programa Siempre en Domingo, cosa que en palabras de Elson Nascimento, percusionista de la Arkestra, ocurrió no en una, sino en tres ocasiones.

La Sun Ra Arkestra es definitivamente uno de esos casos sui generis en la historia de la música. Una gran orquesta surgida a fines de los años cincuenta con la convicción de venir del espacio, ataviada con luminosos trajes y una estética que oscila entre la cultura egipcia y la africana. Todo ello retratado dentro de una cinta de ciencia ficción espacial contada con bailarines. La Arkestra toca desde temas de blues y danzas africanas, hasta las improvisaciones más abstractas y transforma -junto con el público- la experiencia de un concierto en un “Ritual Espacial”, como ellos mismos lo llaman.

Sun Ra, músico persistente y disciplinado, es fundamental en la historia. A él se le adjudica el comprender, primero que nadie, el balance entre la composición y las improvisaciones de vanguardia en el contexto de una pequeña orquesta, además de ser un pionero en la utilización de los sintetizadores mucho antes del nacimiento del jazz rock, como lo apunta el crítico Neil Tesser. Asimismo, el poeta y activista Amiri Baraka considera que la música de Sun Ra es “la expresión más precisa de la antiquísima existencia negra en nuestros días”.

Por otra parte, en el documental realizado por la BBC de Londres: Brother from another planet,  se resalta la importancia del concepto que tenía el pianista para poder conformar su ensamble. “Era muy complicado mantener una gran orquesta: Duke Ellington lo logró mediante el pago de regalías de sus grandes éxitos, Dizzy Gillespie gracias a los apoyos estatales, Benny Goodman era un hombre rico y podía pagar de su bolsillo a los músicos. Sun Ra no tenía nada de eso…pero tenía una idea”, apunta el historiador John Schaap. Y es a partir de esa idea cósmica  que conjunta a una gran cantidad de músicos ya legendarios como los saxofonistas Marshall Allen (actual director), y a los ya fallecidos John Gilmore y Pat Patrick, entre muchísimos otros.

Pero la idea de la Arkestra iba más allá del escenario, la Sun Ra Arkestra era una forma de vida. Vaya, un planeta aparte. No en vano, en la década de los sesenta, vivían todos juntos bajo el mismo techo en Nueva York, punto esencial para que se formase el peculiar estilo del combo y terreno fértil para poder trabajar día y noche en los conceptos espaciales del pianista. Amiri Baraka y Elson Nascimento concuerdan en ello. “Para él lo más importante era la música, no el dinero que iban a pagar en los conciertos”. Para rematar, el propio Ra declararía: “De las cosas que más me interesan de un músico son su disciplina y precisión”. No se puede ser más contundente.

Sin embargo, detrás de ese férreo carácter, Sun Ra estaba muy interesado en viajar y llevar su música a la gente, así como buscar hacer nuevas amistades en cada lugar que visitaba. “Le encantaba hacer amigos en cualquier lugar – señala Nascimento-. En los cinco años que estuve con él viajamos a todos lados, por tren, por tierra, por aire. Fuimos todos a California en tren, nos tomó tres días; o de Nueva York a Birmingham en una Van. También estuvimos en Moscú, él nunca había estado ahí”.

Elson Nascimento, está sentado en su cuarto de hotel y continúa evocando recuerdos e historias de los años que convivió con Sun Ra. Me cuenta sobre la muerte de John Gilmore en la casa donde todos vivían, me cuenta también que el propio Gilmore fue baby sitter de Tyler Mitchell, contrabajista de la Arkestra y quien también vivió en México en años recientes; también me dice sobre la fuerte conexión que existía con Sun Ra y que no había necesidad de hablar mucho para poder entenderse.

– ¿Cuál ha sido tu mayor enseñanza con la Sun Ra Arkestra? – Le pregunto.

Me mira y no lo duda.

– Hacerlo todo juntos, siempre.

*Artículo publicado originalmente en Afterpop.tv

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“La música improvisada te invita a cuestionar tus preconcepciones de la creación musical”: Gerardo Alejos, fundador del festival Cha’ak’ab Paaxil*

Por Oscar Adad

Gerardo Alejos

Gerardo Alejos

Para muchos, podría ser extraño imaginarse que en nuestro país, fuera de la ciudad de México, existan opciones dentro de la música experimental. Tendencias como el free jazz, la improvisación libre y el noise siempre se han visto como sonoridades minoritarias, y las cuales, en su mayoría, están concentradas en el Distrito Federal. Sin embargo, en la ciudad de Mérida, desde hace 6 años, se genera el festival independiente Cha’ak’ab Paaxil (música libre en maya), dedicado precisamente a toda esta paleta de sonidos, además de talleres para músicos, niños y no músicos. Para esta sexta edición que se llevará a cabo del 16 al 19 de mayo, el festival incluye importantes nombres tanto nacionales como internacionales entre los que se encuentran el pianista John Blum, el batería Milo Tamez, el artista sonoro Kevin Drumm (en colaboración con el festival Aural) y el saxofonista pionero en el free jazz en México Alejandro Folgarolas, entre muchos otros.

Tuvimos una charla con Gerardo Alejos, fundador y organizador de Cha’ak’ab Paaxil

¿Cómo te sientes ahora que ya cuentas con un apoyo después de estar prácticamente autofinanciando el festival?

Naturalmente, contar al fin con un presupuesto, por más modesto que sea, es algo que facilita mucho las cosas y nos permite invitar a más músicos y ampliar las actividades del festival. De nuestras seis ediciones anuales, sólo hemos contado con apoyo económico (beca) en dos, la primera edición en el 2008 y este año. El primer año, hubo más de 30 músicos invitados, entre artistas internacionales y nacionales (no contando a los yucatecos). Y este año, también hay casi 30 músicos invitados, aunque en esta ocasión casi la mitad de los participantes son de Yucatán. Desde hace dos años que tuve a mi primera hija, consideré dejar de hacer el festival porque ya no puedo cubrir los gastos de mi propio bolsillo, así que tener un apoyo económico es algo que garantiza la supervivencia del festival al menos un año más.

¿Para ti qué representa la música experimental y de improvisación?

Para mí, la improvisación, en primer lugar, es un método de creación musical y no un género. Como dice Derek Bailey en su seminal tomo “Improvisación: su naturaleza y su práctica musical”, la improvisación es la música más antigua que existe (los primeros homínidos que usaron su cuerpo o algún objeto como instrumento musical, con toda certeza, eran improvisadores), y décadas atrás el musicólogo húngaro Ernst Ferand, en su obra “La improvisación en la música”, ya había afirmado que la improvisación es la madre pocas veces reconocida de todas las formas musicales. Para nosotros no hay ningún conflicto entre los métodos de la improvisación y la composición; de hecho, nos parece acertadísimo el término que usa Misha Mengelberg para referirse a la improvisación: “composición instantánea”. Particularmente, lo que más me interesa de la improvisación es su doble naturaleza al ser, por un lado, el método de creación musical más antiguo del mundo, y por el otro, un método que te permite crear piezas que nunca serán interpretadas de la misma manera y que por lo tanto siempre tendrán algo “nuevo”. Y en cuanto a la música experimental, me parece más que suficiente la definición de John Cage de los años 50: “un acto experimental es aquél cuyo resultado es imprevisible”.

Festival

¿De qué forma has notado que un festival de este tipo ya forma parte de la vida cultural de Mérida? ¿De qué forma la comunidad participa?

Ésta es nuestra sexta edición anual, y de entrada mucha gente nos reconoce el hecho de haber logrado sobrevivir tantos años sin hacer concesiones estéticas. Mucha gente de Mérida también nos agradece que cada año ofrezcamos talleres gratuitos, algo que hacemos para promover no sólo la aparición de oyentes activos sino de músicos que tengan más apertura a la experimentación musical. Debido a nuestras limitaciones presupuestales, mucha gente de Mérida ha participado con nosotros como voluntarios o incluso nos ha prestado instrumentos o apoyado de otras formas. Naturalmente, si no hubiera un público para lo que hacemos, sería mucho más difícil reunir la voluntad para hacerlo, así que nos consideramos afortunados de contar con el apoyo del público yucateco y con el interés de mucha gente de todo el país y del extranjero.

Desde tu perspectiva ¿cómo ha modificado el entorno social y cultural el festival?

De entrada hay que reconocer que somos únicamente un festival de música, y como tal nuestro propósito fundamental es de carácter estético (presentar en Mérida a improvisadores de gran calidad en ensambles ad-hoc que faciliten que los músicos salgan de su zona de confort musical y trabajen libremente en una estética fértil y arriesgada). Pero en donde sí se puede notar un verdadero cambio es en el hecho de que un número inusitado de grupos musicales yucatecos de toda clase de géneros (rock, ska, música electrónica bailable, punk, etc.) hayan empezado a incorporar en su trabajo la improvisación, e incluso el ruidismo, desde hace varios años. Es decir, ahora es muy frecuente ver en Mérida a grupos que no son de free jazz o de música experimental que de repente tienen un interludio en donde modulan el feedback de sus amplificadores, o usan drones o técnicas instrumentales extendidas, etc., y no sería raro que la primera vez que muchos de esos músicos estuvieron estado expuestos a la música experimental haya sido en alguna edición de nuestro festival.

¿Cómo fue el proceso de integración de un festival de esta naturaleza a la comunidad de Mérida?

De entrada, mucha gente dentro de la escena musical yucateca me conocía como promotor de jazz desde antes de la creación del festival. Y antes aun (desde mediados de los 90, es decir, hace casi 20 años), mucha gente de la escena underground en Mérida nos conocía a mí y a Enrique Rejón (músico y también uno de los coorganizadores del festival junto con mi esposa, Leonor Chávez) como músicos y organizadores de conciertos de doom y death metal. Pero ahora creo que la mayoría de la gente sabe que, además de gustarme el jazz y el metal y muchas otras formas de música, lo que más me gusta es la improvisación libre, el free jazz, el noise y demás formas de música experimental.

Naturalmente, nunca hemos esperado que el festival tenga audiencias masivas al estilo de festivales de rock o pop, pero nos complacen los números que hemos obtenido tras seis ediciones de nuestro festival:

6 ediciones anuales del 2008 hasta la fecha
Audiencia promedio anual: entre 400 y 600 personas
Audiencia total durante las 6 ediciones: entre 2,000 y 3,000 personas
Número total de conciertos durante las 6 ediciones: 94
Número de artistas internacionales durante las 6 ediciones: 29
Número de artistas nacionales durante las 6 ediciones: 50
Número de artistas yucatecos durante las 6 ediciones: 22
Talleres gratuitos impartidos durante las 6 ediciones: 12

¿Los talleres para niños y no músicos son una apuesta a formar públicos, formar personas…?

Ambas cosas, pero también responden a una necesidad personal mía. Hace poco leí que Christian Wolff dijo lo siguiente: “Tanto Frederic Rzewski como yo descubrimos que cuando empiezas a tener hijos y a convivir diariamente con niños pequeños, la vida se vuelve muy diferente, sobre todo tu vida laboral. Y ambos nos dimos cuenta que empezamos a trabajar con estructuras musicales basadas en unidades muy pequeñas”. En el caso del Cha’ak’ab Paaxil, con los talleres dirigidos a no músicos pretendemos acercar la práctica de la música experimental a la comunidad y además ofrecer un contexto práctico-teórico para la apreciación de la improvisación y de la música experimental. Y sobre los talleres para niños, siempre hemos tenido interés en realizar presentaciones de música experimental para niños, pero en los últimos años hubo la coincidencia favorable de que, por un lado, los músicos y educadores Juan García (contrabajista) y Aimée Theriot (violonchelista), miembros del equipo de trabajo del festival, fundaron en Mérida la organización No.Estación.Arte y empezaron a realizar talleres de experimentación musical en comunidades de población mayoritariamente indígena en el interior del estado, y por el otro lado, como mencioné antes, yo tuve a mi hija Natalia hace 2 años y medio y por lo tanto siento ahora una nueva responsabilidad sobre la educación musical de ella y de los demás niños de su generación o generaciones cercanas. Desde entonces, hemos llevado a Vic Rawlings a dar un taller de circuit-bending y hardware-hacking a niños comunidades indígenas en el interior de Yucatán, hemos organizado un taller de Alan Courtis para niños con parálisis cerebral y otras discapacidades, hemos organizado conciertos didácticos para acercar el free jazz y las técnicas extendidas a los niños… Y tenemos muchas otras ideas al respecto que iremos desarrollando en las próximas ediciones, de conseguir el apoyo presupuestal y logístico necesario.

Desde tu perspectiva ¿qué puede aportar la música improvisada al entorno social de una comunidad?

Creo que toda la música, no sólo la música improvisada, puede tener un efecto positivo a nivel individual, y esto se puede ver reflejado en la sociedad en su conjunto –al menos en teoría– gracias a la labor individual de la gente que se esfuerza por mejorar el nivel de vida de la sociedad desde el ámbito que sea. Y de forma específica, la música de improvisación tiene al menos dos grandes aportaciones sobre los individuos (y, por lo tanto, posiblemente sobre la sociedad en su conjunto): en primer lugar, la práctica de la improvisación musical te fuerza como intérprete a dejar atrás mucha clase de limitaciones psicológicas o creativas, a romper ciertos paradigmas y a expresarte con un mayor grado de libertad. Y en segundo lugar, la improvisación libre –y en general la música experimental– le exige un alto grado de atención y de concentración a los oyentes; es decir, te exige convertirte en un oyente activo e incluso te invita a cuestionar muchas de tus suposiciones o preconcepciones acerca de la naturaleza de la creación musical o de cómo debe sonar un determinado instrumento.

*Entrevista publicada en Afterpop.tv

“Lo digital es sólo una manera distinta de expresar y expandir las ideas tradicionales”: Ravish Momin

Por Oscar Adad

Ravish Momin

Ravish Momin

Radicado en la ciudad de Nueva York, el percusionista Ravish Momin es sin duda uno de los músicos jóvenes con un futuro más que prometedor dentro de la escena de la música de improvisación y experimental. Con una historia de vida que inicia en medio oriente y se traslada por diversas geografías hasta llegar a la llamada Gran Manzana, Momin ha creado una sólida amalgama sonora armada con las músicas tradicionales que lo vieron crecer, la improvisación y la música electrónica. Ravish ha tocado y forma ya parte de esa selecta lista de improvisadores neoyorkinos que incluyen al contrabajista William Parker, al trompetista Roy Campbell y a la percusionista Susie Ibarra, por mencionar sólo algunos, además de tener actuaciones con el ensamble de hop hop Dälek (Ipecac). Ravish Momin está en nuestro país para presentar su proyecto Tarana, junto al trombonista Rick Parker, brillante joven improvisador y compositor. El dueto se presenta esta noche a las 20:30 en la Fundación Sebastián, ubicada en Patriotismo 304, Col. San Pedro de los Pinos.  Aquí una breve charla con Ravish Momin momentos antes del concierto:

¿De dónde surge tu interés en mezclar sonoridades de diferentes culturas?

Nací en la India y también viví en medio oriente mientras crecía. Mi familia viajaba mucho y tuve la fortuna de experimentar diferentes culturas a muy corta edad. Por ello, fue muy sencillo para mí el mezclar diferentes estilos para crear una nueva clase de música que reflejara mi personalidad. Fue un proceso muy orgánico.

¿Cuáles son los desafíos más grandes al mezclar este tipo de sonoridades?

Creo que retar la noción de la gente acerca de la “autenticidad”. Todo está influido por diferentes cosas y a veces la gente lo olvida y tiene ideas muy rígidas, especialmente en los estilos de música. Por mi parte, quise crear “música folk de un país que no existió”. Quise que la gente olvidara la idea de estilos específicos y que también mirara los elementos en común presentes en otras formas de música. Esto continúa siendo una lucha, pero estoy feliz de persistir en ella, creo que es importante en esta era global.

¿Cuál es el nivel de profundidad que buscas al conjuntar sonidos provenientes de distintas culturas? Es claro que tu música no entra en la llamada “world music”.

Como lo comenté anteriormente, es un proceso orgánico, no se trata de poner estilos encima de otros para hacer música exótica, sino empezar con un ritmo o una fuerte melodía de alguna cultura, ya sea de India o Turquía, y entonces añadir libremente mis ideas sin preocuparme por la “autenticidad”. Quizá por ello mi música suene más integrada que la llamada “world music”, la cual, a veces, me parece superficial.

En términos de expresividad en tu música ¿cómo la tecnología enriquece los sonidos tradicionales y viceversa? ¿Qué has descubierto en este campo?

Para mí la tecnología es una extensión de los tiempos en que vivimos, y no lo veo como algo separado de ello. El verdadero espíritu de hacer jazz en sus primeros años era poner los ritmos africanos en percusiones europeas añadiendo nuevos elementos. De la misma forma, creo que estoy agregando mi experiencia a un cuerpo musical que ya existe. Lo digital es sólo una manera distinta de expresar y expandir las ideas tradicionales.

¿Consideras que la improvisación es una forma de generar diálogo entre la música de distintas culturas y épocas, así como una forma para romper fronteras entre ellas?

La improvisación es una extensión natural de la expresividad musical, el impulso de querer crear algo nuevo para decir algo personal o contar una historia a través del instrumento. La improvisación existe en casi todas las culturas. Y sí, específicamente la conexión entre el jazz y la música clásica india, por ejemplo, es muy fuerte en términos de improvisación y material temático. Creo que esto es lo que lleva a mucha gente a explorar sus propias conexiones entre los dos estilos de música y romper las barreras a su manera.

¿Cómo mantienes la energía enfocada para generar siempre música propositiva?

Parafraseando a Albert Ayler: “La música es una fuerza de sanación”. Mi búsqueda es de formas para conectar mis ideas musicales con las audiencias, inspirar a la gente, hacerlos bailar o hacerlos experimentar algo nuevo. Esto me emociona y me mantiene motivado para desarrollar e intentar nuevas ideas en mi música. No quiero estancarme ni repetirme. ¡Si estoy tocando las mismas cosas estoy acabado y debería dejar la música!