We Don´t Care About Music Anyway (Documental)

Por Oscar Adad

Sierras eléctricas, tornamesas aporreadas, computadoras portátiles, aparatos pepenados en basureros, instrumentos modificados, hasta la utilización del cuerpo como caja de resonancia, son la constante en el documental We Don´t Care About Music Anyway,  dirigido por Cédric Dupire y Gaspard Kuentz, y que se introduce en los recovecos de la escena experimental nipona.

La cinta (exhibida en México dentro del Festival Distrital) es filmada en su totalidad en la ciudad de Tokyo y muestra una pequeña parte de la escena noise contemporánea japonesa: Otomo Yoshihide, Sakamoto Hiromichi, Tomoko Shimazaki, entre otros, son los protagonistas del filme que dan muestra no sólo de sus procesos creativos, sino de sus distintas visiones del sonido, la música y la sociedad.

La dupla de directores tiene la virtud de llevar la cámara a través del sonido y así lograr imágenes que fortalecen el trabajo final. Es decir, si en el cine normalmente la música acompaña las imágenes, en este caso las imágenes sirven a la música, y es precisamente donde la película adquiere su solidez y relevancia.

Cédric Dupire, uno de los directores de la cinta, estuvo presente en una de las funciones y respondió varias preguntas del público, las cuales se reproducen a continuación:

Narrativa

En cuanto a narrativa queríamos que la película fuera guiada por la música más que por una narración hablada. Además, la idea de mezclar los sonidos de la ciudad, era como crear un mix entre la música de los artistas y los ruidos de la urbe.

Búsqueda sonora

Lo que buscábamos era una forma de destrucción del sonido, de la música, por eso nos enfocamos a artistas que jugaban con ello.

Selección de artistas

La selección se hizo con base en lo visual del performance de cada músico. Quisimos que las herramientas y todo lo que se utilizaba para generar este sonido fuera muy visual, que la gente pudiera entender y tener una doble lectura de esta música viendo con qué podían producir este tipo de ruido.

También buscamos que los músicos provinieran de diferentes horizontes, por eso hay unos que vienen de la escena del free jazz y otros de la escena noise, quisimos mezclar un poco de eso para dar un panorama más amplio. Finalmente queríamos músicos que no fueran tan conocidos fuera de Japón y así dar a conocer más su trabajo.

Interés en los músicos

Me interesó mucho acercarme a estos músicos porque son músicos performers, tocan casi a diario pero no graban música, sólo en vivo los puedes escuchar, existe un público para este tipo de arte. Además, existe una voluntad muy grande de estos artistas de encontrarse en el escenario y tocar juntos. Hay muchos espacios donde lo pueden hacer con músicos de otros lados que van a Japón a  tocar, mientras que en Francia no es así.

Diferencias entre generaciones de noise en Japón

Pienso que es una prolongación de esta corriente vanguardista. Además, ahora se ha abierto un poco más el género ya que pueden tocar en muchos espacios y, de hecho,  subirse al escenario después de bandas de rock o de cualquier estilo.

Japón y el orden

Lo que me impresionó fue el universo sonoro que hay allá, que todo el tiempo estás guiado, hasta para sacar dinero hay una voz que te habla, siempre hay ruido, siempre te guían y en ese camino te puede dar hasta miedo dar un paso de lado.

Diferencias entre oriente y occidente.

No tengo la impresión de vivir en un mundo totalmente diferente porque a fin de cuentas la sociedad japonesa y la occidental son sociedades de consumo, sociedades capitalistas. No son tan distintas, pero Japón es una sociedad de consumo empujada al extremo, siempre estás llamado a consumir y, en ese sentido, creo que las expresiones personales son más fuertes, además se percibe mucho menos un sentimiento de rebeldía. Es una sociedad que, a mi parecer, es mucho menos politizada y por tal razón los medios de expresión se vuelven más radicales.

*Agradezco a @LaPopLife por traficar la información

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Neumonía

Neumonía
Por el Sr. González.

Me meterían una sonda para obtener algunas muestras internas del pulmón y así generar cultivos que explicaran esta repentina neumonía. Podrían ser hongos o algún virus oportunista dado a que mis defensas están por los suelos después del transplante de médula espinal. También presento un cuadro severo de anemia. Apenas tengo tiempo de poner un par de mensajes por internet pidiendo sangre y plaquetas. Vaya panorama.

Ya en el quirófano me pusieron la mascarilla y supongo que me suministraron alguna sustancia vía intravenosa. Al segundo suspiro me desconecté.

No percibo nada…

El camino está bordeado por unas imágenes semejantes a unos engranajes que giran ínteractuando entre si, con un aspecto muy a lo “Pop Art” aunque sin el colorido propio del estilo artístico, son más bien tonos grises y cafés. De hecho es muy tranquilizante. Yo avanzó lentamente entre estas animaciones dando por hecho que así debe ser. Hay un momento en el que llego al límite del camino y con la misma naturalidad con la que llegué, tomo el camino de vuelta. En lo profundo de mi entendimiento la experiencia es placentera.

No percibo nada…

Estoy confundido. Creo haber despertado, aunque estoy viviendo todo como una serie de fragmentos de realidad. Los doctores me dicen que mi situación es delicada y que debo cambiar mis expectativas, que definitivamente no saldré pronto, a lo que yo respondo casi con un berrinche. Tengo un disco a medias, mis hijas me requieren, no puedo ser un padre ausente, hay presentaciones pactadas, tengo que cancelarlas, y el dinero, no podré recuperar lo invertido, me angustio. “Rafael. Estás grave. Tu pulmón izquierdo está totalmente inflamado. Te tenemos que entubar porque estás a un paso de un paro respiratorio” ¿Qué es esto? ¿Sigo anestesiado? Me falta el aire ¿Y mi familia donde está? Calma. Confío en mis doctores, haré lo que sea necesario.

Mientras me llevaban por el trillado pasillo del hospital con destino a una sala de operaciones donde me insertarán un catéter en el pecho, recordé la plática con Alex Otaola apenas unos días antes sobre lo trillado – más que nada en el cine- de ir por los pasillos de hospital, mismos que él recorrió unas semanas antes en circunstancias igual de alarmantes. Pierdo la conciencia de nuevo.

No percibo nada…

No he abierto los ojos aun, pero escucho las máquinas trabajando. Seguramente están haciendo alguna remodelación en otro piso del hospital… qué molesto. Oigo un tronido al que interpreto como una señal interna que me avisa cuando vuelvo a la conciencia, o al menos lo que estoy interpretando como conciencia. Nadie más lo puede oír.

Se abren mis párpados y estoy en otro cuarto. Apenas me puedo mover. Estoy amarrado, literalmente amarrado. No solo son los tubos que salen de mi boca, ni la mascarilla de oxigeno, ni las sondas que me alimentan o me despojan de todo tipo de sustancias. Tengo mis brazos amarrados a las esquinas de la cama. Estoy aturdido. En mi interior, una orden profunda me indica que no debo dejar de respirar y sobre todo, no me puedo dormir.

Entran y salen personas. Me sacan sangre, me bañan en la cama, me toman placas de rayos x y electrocardiogramas. Hay monitores con mis signos vitales sobre mi cabecera. Desfilan enfermeros y doctores que por momentos se vuelven en una especie de híbridos entre pájaro y humano. De pronto entra mi familia acompañada de la madre de mis hijas, pegados a la pared del fondo como si estuvieran en el borde de un desfiladero y tienen miedo a caer. Me sonríen y contesto la sonrisa. Se retiran con el mismo cuidado. Y continúan entrando y saliendo personas y me sacan más sangre y me vuelven a bañar y me hacen más estudios. ¿Esto tendrá un fin? ¿Cuándo me liberarán de esto? Debo respirar, no me debo dormir.

Pasan las horas y esto se vuelve interminable, extraño. ¿Y si lo que pasa es que ya estoy muerto? Pero todo es tan real. Como agnóstico siempre he pensado que al morir me integraría a la energía del universo pero ¿Si en realidad existe un cielo y un infierno? Debo estar en el purgatorio ¿Pero por qué yo? ¿Soy tan arrogante de pensar que siempre fui una buena persona? ¿Quien juzga eso?

Estoy agotado. Los ojos se me cierran. No me debo dormir, no puedo dejar de respirar. Los párpados me pesan. Por suerte el tronido, esa señal interna siempre me regresa a la realidad… o irrealidad, no lo sé.

El hombre pájaro entra y me revisa. Me dice: “¡tose! ¡tose! No dejes de toser, te hace bien. Deja que salgan las flemas”. Noto como estas se acumulan en mi segunda boca, la de abajo. Pronto me doy cuenta de la sabiduría del hombre pájaro. Ahí está el arma con la que me defenderé de los demonios. Una sustancia tan destructiva que ya me está desgastando los dientes.

¿Y si el tiempo es más lento para mí? Por eso se me hace eterno todo esto, no acaba. Los párpados me pesan y a veces no puedo evitar cerrarlos. Se ve todo morado ¡el tronido! No me debo dormir.

Entran unas enfermeras y por alguna razón que desconozco me desatan de las manos haciéndome prometerles que no me arrancaría nada. Quiero hablarles pero no puedo así que afirmo con un gesto de la cabeza. A lo único que atino es a pedir con mímica que me dejen escribir algo. Entre mayúsculas y minúsculas puse: “QuítEnMe los TuboS PorquE El Tiempo PasA más Lento PaRa mi” La respuesta es negativa, era de esperarse. Salieron y me dejaron solo con mis pensamientos. ¿Estaré muerto? Esto no acaba nunca. La próxima vez les preguntaré si estoy en el infierno. Aunque el riesgo de hacerlo es que al descararlos se mostrarán como los horribles demonios que son ¿O no?

Debo ser valiente y enfrentar cualquier revelación. No aguanto el sueño. Por un instante veo todo blanco. Es como la ceguera que describe José Saramago en Ensayo Sobre la Ceguera. Un blanco envolvente, una gran pantalla luminosa frente a mí. El tronido me regresa una vez más. No debo dejar de respirar, no me debo dormir.

Entra el hombre pájaro ahora acompañado de otro hombre pájaro un poco mas alto que él. Me revisan y discuten entre ellos. Me simpatizan. El bajito sabio me pide que respire profundo y no puedo evitar toser. “¡Eso! ¡Eso! ¡Tose! Eso es lo mejor” Me repetía una y otra vez. “Tose, tose” decía mientras se retiraban. Que loco está, pero me cae bien.

Más muestras de sangre, más baños y mis piernas se mueven solas. O más bien hay algo que las mueve pero no estoy seguro de qué. Siguen remodelado otro piso del hospital, las máquinas no dejan de sonar. Deben estar ampliando el edificio. Que molesto. Todo es verde otra vez. Tronido.

Mi padre está frente a mí. Le sonrío y parece gustarle esa mueca detrás de la mascarilla. No entiendo lo que me dice. Cierro los ojos. Ahora todo es verde. Suena el tronido y vuelvo. Es mi mamá la que está a un lado de mi cama. Pobres, que malos momentos les estoy dando. Me dice que no me preocupe por el dinero y que mi papá está viendo lo del seguro, que ya pago mi predial “¿El predial?” pienso. Suena el tronido y mi mamá voltea ¡Ella también lo oye! Debe ser una condición especial por ser madre e hijo. Algún tipo de percepción que compartimos de forma natural. Cierro los ojos. Hay un paisaje en el cual se ve una caravana en la lejanía, me gusta. Suena el tronido y vuelvo.

Me están acomodando en la cama un enfermero y una enfermera. Como antes, con mímica les pido que me dejen escribirles. Me armo de valor y anoto: “¿EstOy eN el infierno O eN el PurgAtorio? Si es así ¿PoRqué Yo?” Espero su reacción y me invade el miedo, casi pavor. Ellos se ven entre si, se ven confundidos. Tras unos segundos el enfermero me contesta: “No, tranquilo. Estas enfermo y debes ser paciente”. Me veían con compasión. No hubo transformación, ni infierno, ni demonios. Desconfío igual. Esto no es normal. No es un sueño y la realidad es tan extraña. Cierro los párpados y solo veo morado otra vez. Debo respirar, no me puedo dormir.

El tronido me regresa. “¿Rafael cómo estás?” me pregunta la doctora Elizabeth. Asiento con la cabeza. “Que susto nos has dado” continúa. Ahora le pido a ella que me deje escribirle algo. “TeNgO miedo de dormir eSta noChe”. Me sonrió y me dijo: “No te preocupes. No va a pasar nada. Te estamos cuidando y estas mejorando”. No puedo más. Estoy agotado. Que día tan largo. Cierro los ojos.

Me despierto porque me están quitando el tubo. Vuelve el miedo. ¿Y si no puedo respirar? Es un alivio ver que el aire entra directamente por mi boca sin ninguna consecuencia fatal. Me preguntan si estoy bien y afirmo. Ahora me ponen una mascarilla diferente, un poco asfixiante pero mejor que el tubo y la mascarilla anterior. Mi segunda boca ha desaparecido. Debo respirar, puedo respirar. No muero aun.

Descanso.

No percibo nada…

“Buenos días ¿Cómo te sientes?¿Sabes que llevas una semana sedado? Estás en terapia intensiva” Me dice mi papá. “No sé, no me acuerdo. ¿Una semana?” contesto sin entender qué pasa. Tengo una laguna mental de varios días. Qué manera de perder el control. Me siento más vulnerable de lo que ya me sentía de por sí. “¿Estuve inconsciente?” Pregunté. Mi papá me explica que no exactamente, que hubo momentos en que me disminuían el sedante y tenía momentos de semiconciencia. Ahora suena el tronido y como si fuera un balde de agua fría que cae sobre mí, inclemente, recuerdo todo. He vivido con mis sentidos alterados una semana, como si fuera un largo y tormentoso día. No fue una pesadilla, ni estuve muerto, fue algo bastante terrenal. Simplemente percibí todo bajo la influencia de sustancias que alteraron mis sentidos. El tronido es producido por una pequeña bomba que infla unas botas hidráulicas especiales que me pusieron en las piernas para evitar trombosis. Otro aparato a mi lado suena inocentemente como las máquinas que suponía eran sierras de una obra de ampliación del hospital. Los doctores dejaron su aspecto de pájaro. Una enfermera me saluda con mucha familiaridad pero no la recuerdo. Me explican que estuve a un paso de la muerte. Entenderlo de pronto no es muy fácil.

Estaré tres semanas más en el hospital ya que la anemia aun no está controlada. Me pasarán a terapia intermedia en donde compartiré el piso con Echeverría, hay nanita. Después a un cuarto normal.

Al salir de terapia intensiva veo sobre la pared unas flores que se mueven. Cuando quiero confirmar mi visión… ya no están. He bajado 10 kilos.

Boletín: Se cancela Instrumenta 2010

Coordinación de Comunicación

México D.F., 12 de julio de 2010

Comunicado informativo

Instrumenta Oaxaca informa que se ve en la necesidad de cancelar sus encuentros académicos y artísticos programados para este año: la séptima edición de Instrumenta Verano y la segunda edición de Instrumenta Contemporánea, a causa de la reciente notificación por parte del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de suspender las aportaciones económicas a las asociaciones civiles, Instrumenta Oaxaca entre ellas.

El no contar con las condiciones óptimas y la totalidad de los recursos para llevar a cabo nuestros proyectos con la calidad que ha caracterizado nuestros encuentros desde 2003 nos obligó a reconsiderar las actividades programadas para este año.

La cancelación de los apoyos económicos del Conaculta a Instrumenta Oaxaca fue un factor determinante que llevó a tomar la dolorosa decisión. Instrumenta Verano debía iniciar sus actividades el próximo 27 de julio, e Instrumenta Contemporánea estaba programado para el mes de noviembre.

El programa de desarrollo musical Instrumenta Oaxaca lamenta profundamente las consecuencias de la interrupción de estos encuentros, que afecta a la comunidad artística del país y a la comunidad oaxaqueña, pero principalmente a los jóvenes músicos y compositores, que a través de este intercambio académico y artístico musical de alto nivel complementaban su formación musical y desarrollo profesional, al enriquecer la oferta formativa con cursos de especialización musical.

Al dar a conocer lo anterior, la dirección general de Instrumenta Oaxaca informó que en lo que resta del año se hará una profunda revisión y análisis del proyecto, a la luz de las nuevas condiciones y dificultades que se presentan, en el entendido de que este modelo de gestión cultural surgido de la sociedad civil, requiere de la colaboración de otras instituciones públicas y privadas para garantizar su continuidad.

Tras referirse a la importancia de la participación ciudadana a través de la sociedad civil organizada en el ámbito cultural, Ignacio Toscano señaló que “en el corto plazo será necesario realizar un diálogo abierto y renovado, que permita una cooperación armoniosa entre las asociaciones civiles y la cabeza del sector cultural del Gobierno Federal, con la intención de analizar y encontrar alternativas para sortear esta nueva disposición que afecta a las asociaciones culturales, a fin de que continúen desarrollándose los diversos proyectos que han enriquecido el escenario artístico y cultural en nuestro país, mediante políticas públicas que favorezcan y apoyen las iniciativas y proyectos surgidos de la sociedad civil”.

Toscano se comprometió a continuar trabajando para mejorar y consolidar el modelo de gestión cultural de Instrumenta Oaxaca, de tal modo que se puedan asegurar las bases que permitan garantizar el desarrollo e impulso de diversos programas de excelencia artística de educación, creación, investigación, preservación y difusión de la música, como una contribución al fortalecimiento de la formación musical y el medio artístico.

“El reto actual es garantizar plenamente, a partir del próximo año, la continuidad de este proyecto de desarrollo musical, que tiene como propósito fundamental la educación musical de excelencia, y que desde 2003 ha coadyuvado a enriquecer la formación de las nuevas generaciones de músicos”, afirmó el promotor cultural.

“La identificación y promoción de los jóvenes talentos en nuestro país y la búsqueda de la excelencia en la educación musical, entendida como una contribución imprescindible al desarrollo social, han sido el motor detrás de los proyectos académicos y artísticos de Instrumenta Oaxaca”, acotó.

Creemos que la educación artística musical -comentó más adelante el director de Instrumenta Oaxaca-, es un factor de desarrollo cultural y educativo, y de cohesión social del país, que sin duda contribuye a mejorar la calidad de vida de las personas.

Tras señalar lo anterior, informó que el programa de desarrollo musical Instrumenta Oaxaca sí realizará en 2010 el Cuarto Premio Iberoamericano Rodolfo Halffter de Composición, de acuerdo a lo programado.

Para este certamen internacional cuenta con el apoyo de la Fundación Alfredo Harp Helú, las secretarías de cultura del estado de Oaxaca y del Gobierno del DF, Banamex e importantes organismos internacionales, como la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) y la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI).

Este año el premio iberoamericano de composición engalanará las actividades de la ciudad de México, en el marco de las actividades de “Capital Iberoamericana de la Cultura 2010”, a propósito de la designación hecha al Distrito Federal por la Unión de Ciudades Capitales de Iberoamérica (UCCI).

A t e n t a m e n t e

Mónica Navarro

Coordinadora de Comunicación

Instrumenta Oaxaca

El Son Jarocho de Los Utrera en el Teatro de la Ciudad

Por Oscar Adad

Desde muy pequeña Wendy Cao se involucró en el son jarocho, tenía un año de edad y su padre,  originario de Oaxaca pero radicado en Veracruz, les inculcó la música de todo tipo. Llevaba a un maestro a casa para que les enseñara el zapateado a sus hermanas y a un grupo de amigas, además de clases de arpa. De este modo, Wendy empezó a relacionarse con la música que, a la postre, sería su forma de vida. “El mayor recuerdo que tengo de esta música es ver a mi padre bailando La Bamba siempre con nosotras. Él es de Oaxaca pero quiso mucho a Veracruz y lo tomó como su tierra. Además, escuchar a mi hermana Adriana tocar el arpa fue lo que abrió mis oídos al son”, recuerda al otro lado de la línea telefónica.

Después de aprender más a fondo los diferentes estilos de son y de participar en agrupaciones como Mono Blanco y Zakamandú, Wendy se da a la tarea de promover el trabajo de la familia Utrera invitándolos a la fiesta de los jaraneros de Tlacotalpan en 1992, año en que el grupo inicia de manera formal. “Llego a la comunidad de El Hato después de haber participado en Mono Blanco, donde conocí a Tacho Utrera; les ofrezco ir a Tlacotalpan y, a partir de ahí, me aboco a difundir el estilo de la familia, porque dentro del son jarocho no nada más hay estilos por regiones, sino también por familias, por comunidades”, subraya.

Los Utrera tiene ya 18 años de vida a través de los cuales ha difundido el son en México y en diferentes escenarios del extranjero; además, cuenta ya con cinco grabaciones que dan testimonio de su ardua labor de difusión. Para Curar Un Dolor es el nombre de su última entrega, material en el que se acercan también al son huasteco y que presentan este sábado en el Teatro de la Ciudad a las 19:00 horas. “Hicimos un juego respetuoso entre la región jarocha y la región huasteca, son géneros distintos pero muy similares en versada, en música y en algunas cuerdas. Se incluye el violín, que en Veracruz prácticamente está perdiéndose, pero en la huasteca es el instrumento principal”, afirma.

¿Dentro de las familias qué tanto varía el estilo? ¿Se han mantenido estas diferencias?

Si varía porque las esencias son distintas. Por ejemplo, en Santiago Tuxtla hay una población mayormente indígena y en El Hato -de donde es la familia Utrera-, a pesar de ser parte de Santiago Tuxtla, hay una influencia mayor de raza negra, entonces, la música es más rápida, más brava a la hora del fandango. En cambio, en San Andrés Tuxtla, hay más indígenas y la música es más cadenciosa. Y así nos podemos ir al sur hasta Playa Vicente donde cada región ofrece también su gama de instrumentos: en los tuxtlas las jaranas son de muchos tamaños; en el sur, la leona –que es un bajo o guitarra de gran tamaño-, es la que prevalece y uno de los riesgos que se corren ahora con la globalización es que en los fandangos se toquen los mismos instrumentos en todos los grupos y no debería ser así.

¿Cuál ha sido el interés de las generaciones más jóvenes en aprender el son?

Hubo un bache donde el son se dejaba de tocar en algunas comunidades, prácticamente los señores colgaron sus instrumentos por la cuestión de la religión que les prohíbe tocar si se quieren recuperar de un alcoholismo, en otras situaciones porque los viejos se mueren y ya no dejaron herederos y otras porque los jóvenes se van de las comunidades al norte a trabajar, entonces ha habido una recuperación en ese sentido, en las mismas comunidades acercándonos a los viejos que quedan para recuperar las formas tradicionales de tocar y eso es muy importante. Sin embargo, también hay un riesgo de que se desvirtúe porque la inquietud de los jóvenes es mayor queriendo proponer un son jarocho con reggae, con otras músicas, con otras influencias y olvidándose un poco de las bases tradicionales.

¿Cuál es tu postura en torno a enriquecer el son jarocho con otras músicas?

Me parece que si debe funcionar, que si debe ser, pero para que uno pueda tocar otras cosas hay que conocerlas, yo me declaro incompetente para tocar reggae si no lo conozco, entonces, para que yo pueda hacer algo necesito investigar, estudiar y es cuando se acepta que haya esos cambios, cuando es inaceptable es cuando hay desconocimiento.

¿Cómo fue el trabajo de recuperación de la música?

Los fandangos son muy importantes, es nuestra fiesta popular y se hace en las comunidades o en cualquier lugar donde se reúne la gente alrededor de una tarima. Los fandangos tienen que estar siempre presentes, no hay que olvidarlos, los músicos de las comunidades no son músicos de escenario, son músicos de fandango. En muchas comunidades, afortunadamente, todavía existe y en otras se les ha ido a dar un impulso con instrumentos, con pláticas, llevando a otro viejo para que el de la comunidad se anime a tocar o a sacar su instrumento. En algunos lugares ha funcionado perfectamente y en otros les hemos dado la alegría nada más de que vuelvan a vivir el fandango.

¿Han encontrado casos donde los viejos ya no quieran enseñar?

Normalmente los viejos son muy generosos, pero a lo largo de los años ha habido una serie de desafortunadas coincidencias: algunos los van a grabar, y no nada más en la parte jarocha, sino en general en la música popular de México, los van a grabar y se sienten un poco saqueados porque no les retribuyen por lo que grabaron o porque no los vuelven a visitar. Pero generalmente ellos son muy generosos, y salvo que cambien de religión o de plano que estén muy deprimidos es cuando no tocan, nos hemos topado con músicos que han dejado de tocar veinte o treinta años y vuelven a hacerlo.

¿Cuál es el estado actual del son jarocho?

Es un género vivo, va a tener mucho futuro porque los niños lo están tocando con mucha fuerza. Nuestra misión solamente es decirles que hay que tener cuidado, que hay distintas maneras de tocarlo, regiones, hay instrumentos que se tocan en ciertos lugares y no hay que hacerlo general, de una sola línea, hay que fijarse cómo son sus personajes y cómo es la manera de tocarlo.

Finalmente, el son jarocho es una música que conecta fácilmente con la audiencia ¿a qué lo atribuyes?

Siento que el son jarocho, además de ser un ritmo muy contagioso, es muy abierto para recibir a todo aquél que llega al fandango. Es verdad que se ha difundido mucho y traspasado las barreras, pero yo te voy a decir mi experiencia: cuando fui a una comunidad y vi un fandango supe que no quería dejarlo, quería seguir conociendo a esa gente y esa fiesta, supe que me daba algo que no tenía: identidad.

*Los Utrera presentan Para Curar Un Dolor este sábado a las 19:00 en el Teatro de la Ciudad. Tenemos un boleto sencillo a los 3 primeros replies que lleguen al blog